Artes de la memoria y realidad virtual - La traducción de los objetos encontrados a los contenidos que se que
6 - La traducción de los objetos encontrados a los contenidos que se que
Volvamos al ejemplo anterior tomado de Pedro Mexía:
Después, llegando al primero, se representaría con la ymaginación la nave y se acordaría que avía de hablar de navegación; y, en el segundo, los hombres peleando le traerían a la memoria la materia de guerra o batalla; y el religioso, en el tercero lugar, le acordaría que avía de hablar de estado de religión. Y por esta manera para otros muchos propósitos, guardando la orden por muchos lugares, se pueden poner muchas ymágines (Silva.., III, 8).
Podemos calificar esta fase como de lectura. Supone el "recorrido" ordenado por los "espacios" mentales para reencontrar los objetos-símbolos. De no ser por los testimonios existentes, nos sería muy difícil creer en la posibilidad de recorrer la propia mente para encontrar en ella los objetos que allí dejamos. ¡Qué dominio de las fuerzas mentales supone! ¡Qué formidable capacidad de concentración! La escritura supone una ayuda para el registro, pero es un elemento exterior, una grafía sobre un material no humano. Aquí la "escritura" se realiza sobre la propia mente y esos "objetos" permanecen estables, grabados en su orden, como los renglones de la página.
El reencuentro supone la descodificación de los objetos. Los enunciados que representan se devuelven al sujeto. Pero, ¿pueden perder su significado? ¿Puede existir un olvido del sentido sin una pérdida del objeto? Imaginemos a un viajero sorprendido ante la presencia de un objeto que se resiste a ser reducido. ¿Por qué está allí? El efecto es similar a la duda que suscita una palabra desconocida en una página impresa. El poder representativo de las imágenes es elevado. Si la imagen ha sido cuidadosamente elegida debe poseer un elevado grado de evidencia. Si el recorrido ha sido cuidadosamente trazado, el "contexto" visual ayudaría a determinar el sentido de esos objetos.
Es indudable que el almacenamiento exterior de la información nos hace perder gran parte de las capacidades mentales de retención. Escribir no es "recordar"; de hecho, escribimos para no tener que recordar. La escritura descarga de ese esfuerzo constante para evitar perder la información. Anteriormente leíamos la recomendación de "visitar" con cierta frecuencia los "espacios mentales" para "comprobar" que todo seguía en orden. Ese "visitar", que parece tener una carácter pasivo, es el ejercicio de recuerdo que mantiene las imágenes evitando que pierdan precisión, es decir, que se diluyan en el olvido. Es una forma de gimnasia mental.
La memoria ha sido descalificada de forma imprudente e injusta en favor de otros sistemas de registro de los conocimientos, cuando jugaba un papel fundamental en el orden cultural y psíquico mundo antiguo. Cuando Giordano Bruno va ofreciendo sus complejos sistemas mnemotécnicos se le considera poco menos que un loco. No se ve el sentido de tamaño esfuerzo mental si se tienen a mano otros sistemas. La ley del mínimo esfuerzo funciona liberando energías para otros menesteres.
Hemos establecido paralelismos entre las artes de la memoria y la realidad virtual. Es de justicia que establezcamos algunas de sus diferencias básica. La realidad virtual no es un espacio del recuerdo, sino, por el contrario, el espacio de lo desconocido. Independientemente de su campo de aplicación, es un terreno de "aprendizaje", no de recuerdo. En él no se desarrolla lo pasado, sino que se aprende mediante "modelos". La reconstrucción virtual de una antigua ciudad romana o un viaje por el interior del cuerpo humano tienen como función ofrecer una nueva experiencia, permitir a los sujetos enfrentarse a situaciones nuevas.
Sin embargo existe un elemento que la realidad virtual no puede reemplazar: el placer de la construcción del mundo en que nos movemos mentalmente. El "arte" (técnica) de la memoria tiene un componente creador cuyo valor máximo es el esfuerzo. "Si no hay resistencia, no hay arte". Qué mayor resistencia que el mantener en pie ese mundo interior evitando su desmoronamiento-olvido. No puedo dejar de manifestar una sospecha que me ronda: los otros usos que las artes de la memoria podían posibilitar. Si alguien es capaz de dar tal solidez a los productos de su imaginación, por qué pensar que sólo se destinaban al recuerdo... Simónides, el fundador, fue un poeta; seguro que su mente, además de recordar, encontró otros usos gratificantes para esos viajes interiores, para esos vagabundeos.
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