Aspectos formales e ideológicos en la exploración de la conciencia femenina de Cinco horas con Mario (1966), de Miguel Delibes - La mujer en la novela Cinco horas con Mario (I)
1 - La mujer en la novela Cinco horas con Mario (I)
In patriarchy, woman serves as the mirror in which man sees himself as whole, the inverse or negative alter ego (at once complement and supplement) he needs to feel complete. According to feminists, the symbolic is therefore really a masculine imaginary, characterized by a phallocentric scopic economy which quite literally en-genders differences that support man’s illusions of wholeness through a fantasy of woman’s lack.
Carole-Anne Tyler
...una figura de mujer en que se logra un tipo literario en el sentido de Lukács: un personaje que sin merma de sus condiciones temperamentales, psicológicas y aun físicas propias, representa una categoría social, eslabón en la cadena de la historia.
Fernando Morán (cit. en Medina-Bocos 153)
The relationship between "Woman" —a cultural and ideological composite Other constructed through diverse representational discourses (scientific, literary, judicial, linguistic, cinematic, etc.)— and "women" —real, material subjects of their collective histories— is one of the central questions the practice of feminism scholarship seeks to address…
Chandra Talpade Mohanty
Una de las preguntas centrales en el feminismo contemporáneo es la relación entre la "Mujer"¾ esa representación del "Otro", construida a través del discurso científico, político, literario, etcétera¾ y la "mujer real". En este ensayo se tratarán algunas cuestiones inherentes en la representación de la mujer en la novela Cinco horas con Mario.
Cinco horas con Mario, una de las novelas de Miguel Delibes en la que, por medio del discurso literario, se intenta elaborar una "conciencia femenina" con propósitos ideológicos definidos. Al paralelo, emerge un documento a veces confuso y devaluatorio, que apuntala al sistema hegemónico dominante.
La crítica ha aceptado varios tipos de lectura de Cinco horas con Mario. Por ejemplo, Javier F. Sánchez Pérez propone lo que llama la lectura ética (como propuesta humanística de Delibes), y cita a Gonzalo Sobejano quién propone lecturas del tipo histórico, testimonial y otra del tipo político (323). Agnes Gullón la considera como una novela experimental, mientras que Amparo Medina-Bocos ofrece una lectura alegórica que contiene "el documento de una sociedad, la española de los años sesenta" (VII).
Mi interés primordial en esta obra es el estudio de la representación de Carmen, el personaje femenino más importante, y cómo se le ha catalogado bajo las diferentes lecturas. En la crítica se han tocado varios aspectos referente a Carmen con suficiente profundidad. Sin embargo, quedan aún algunos puntos en el tintero, ya que esas lecturas no consideran el aspecto de la representación como un problema en sí, dejando a Carmen tal como la novela la ofrece, como una hechura fidedigna, terminada y clara. Mi análisis es a partir de la crítica (una especie de metacrítica) que en su conjunto llega a formar una especie de discurso paralelo al de la novela. Gran parte de lo que se dice en la crítica es verdad, en lo que en todo caso se difiere es en la orientación ideológica que ese conjunto de crítica conforma, entonces, este trabajo depende mucho de las citas textuales de esas críticas tratando, no de refutar, pero sí de por lo menos complementar y añadir ideas con respecto a la conciencia femenina (forzada, e impuesta) de Carmen.
Cinco horas con Mario es una novela "sin trama" (Pauk 97): el padre de la familia, Mario Díez, muere súbitamente. La noche del velorio Carmen, su esposa, se queda en vela junto al féretro para, en varias ocasiones, después de leer un trozo de la Biblia, iniciar una y otra vez una serie de reconvenciones, reclamaciones y regaños al muerto; así durante cinco horas en las cuales Carmen, a su manera, hace y deshace a la sociedad española para caer finalmente de rodillas ante el muerto para hacerle una confesión respecto a su fidelidad matrimonial. Antes de estos trances, el narrador inicial nos dice que "Carmen experimentaba una oronda vanidad de muerto, como si lo hubiese fabricado con las propias manos. Como Mario, ninguno, era su muerto; ella misma lo había manufacturado" (12), frases que sirven para la lectura alegórica: Mario "No es un muerto; es un ahogado" (24) por las injusticias del sistema social español de la época.
La novela está enmarcada por dos capítulos extremos que sirven de entrada y salida a los capítulos medios que es de donde se dan las mayores críticas. En los capítulos primero y último se nos muestra a Carmen con su aflicción (el luto fingido o sincero) y también se muestra cómo se comporta con otras personas a su alrededor durante ese intenso trance. En el primer capítulo, sin número, Carmen se muestra autoritaria (12) y preocupada por las apariencias y lo que los demás puedan pensar de ella. Aquí el personaje de Carmen nos muestra ciertos rasgos propios de su personalidad que aparecerán de nuevo en los capítulos medios: autoritarismo, su carácter clasista, egoísta, y su conformismo al sistema social. Con respect al discurso, existe un gran contraste entre los capítulos extremos con los capítulos medios en donde Carmen es la única que expresa su sentir. Este discurso presenta cierta confusión a los críticos de cómo identificarlo: Silvia Burunat lo registra como "monólogo interior", herramienta útil para la utilización de la técnica del "fluir de la conciencia" del personaje. Lo expuesto por Burunat se ajusta a los capítulos medios de Cinco horas con Mario, los capítulos donde Carmen permite que su interior "fluya". Por su parte Medina-Bocos lo considera soliloquio. Relacionado con el monólogo interior, Moffett y McElheny dicen que éste se da cuando el personaje se habla a sí mismo, pensando y nosotros podemos escucharlo ( por medio de la escritura en la novela); esto es equivalente a los soliloquios en el teatro, excepto que el personaje en el estrado, pensando, debe hablar de tal manera que la audiencia pueda saber lo que pasa por su mente. Si el personaje reacciona a lo que le rodea, su monólogo interior contará la historia de lo que le sucede al rededor. Si sus pensamientos son recuerdos, memorias, el soliloquio repasará algunos eventos pasados asociados con eventos en el presente. Si solamente reflexiona, su proceso de pensamiento nos cuenta una historia pasada o presente, es la historia misma (15). Es interesante lo que dice Delibes a este respecto: "Si se lee con atención el libro se verá que en el monólogo el soliloquio mental que terminará por ser verbal, cuando el muchacho encuentra a su madre de rodillas, culmina en el último capítulo" (subrayado mío, Ríos 75). Inicialmente, de acuerdo a Delibes, es soliloquio mental y termina por ser verbal; esto no podemos saberlo del texto, lo cual abre otras posibilidades de lectura con respecto a Carmen: ¿a partir de cuándo piensa y a partir de cuando habla?
Considero importante lo anterior porque permite ciertas preguntas pertinentes: aunque el soliloquio fuera mental, ¿Carmen se "habla" a sí misma, o presupone la presencia "viva" de su interlocutor? Para Manuel Alvar, monólogo interior o diálogo interior es lo mismo, ya que el protagonista no tiene de hecho un interlocutor (96), y según él, el monólogo le sirve a Carmen para tener conciencia de sí misma, obligándole a la introversión, y "a desprenderse de sus mil tonterías y a confesarse sin habérselo propuesto" (subrayado mío 110). Considero que Carmen presupone la presencia de un ser que, sin vida, está incapacitado—por su estado de muerto—para huir de sus palabras, aquí está la clave para que Carmen pueda extenderse por cinco horas vertiendo su conciencia, "hablando" sus quejas y comentarios de su vida con Mario. Pero, ante todo, no se debe olvidar que Carmen es una creación literaria, es decir, Carmen es la mujer que representa una visión, con atributos y características adjudicadas, como se verá luego, con un propósito muy particular.
En los capítulos medios de Cinco horas con Mario, tenemos la voz femenina, una mujer con voz. Sin embargo, la primera duda que salta es precisamente las circunstancias en las que Carmen se encuentra haciendo uso de esa voz. Sea como sea, o más bien, sea lo que ella se imagine, la "realidad" en la novela es que Carmen está sola ante un muerto. Esto de entrada nos propone otra lectura alegórica: que la voz femenina, su discurso, cae en oídos exánimes, los oídos muertos del padre, esto con respecto a la "realidad" interna donde se encuentra el personaje de Carmen. Dada la intención voluntariosa de Carmen de estar con el difunto durante la última noche (10) ¿presupone Carmen, la mujer, que tiene otra audiencia diferente a la del cuerpo de Mario? La escritura del texto así lo convierte: lo privado, lo que Carmen desea decir a Mario ¾ expuesto en la cámara de velación¾ , por medio del texto ofrecido al lector, se convierte en público; así, la audiencia ha cambiado y Carmen, la mujer con voz, se convierte en un espectáculo para el lector que por medio de su lectura pasa al juicio de lo que ahí se dice. Esta es la única manera de extender el suceso de una velación, transformándolo a una alegoría: "En Cinco horas con Mario, Delibes va pasando revista por boca de Carmen a los problemas más candentes que se plantea la sociedad española" (López Martínez 172). Sobre la base de esto, entonces, la voz que se concede a Carmen no es sin cargo, tiene un precio y propósito definido; el precio: la ridiculización de la mujer (ante el lector); el propósito: una herramienta para una agenda ideológica. Carmen es finalmente a quien se recurre para plantear (indirectamente) problemas sociales, políticos y religiosos y al mismo tiempo evadir una censura—al igual que Don Quijote le sirvió a Cervantes. La "realidad" externa (la del lector en general) se encarga de darle sentido "correcto" a lo que fluye de la "conciencia" de Carmen Sotillo.
El uso de obras literarias y personajes en ellas para denunciar problemas sociales no es nuevo, se ha hecho desde tiempos tempranos de la literatura. En este caso, lo más lamentable es que se hace uso del estereotipo ancestral de la mujer ignorante (aunque con bastante articulación), molona, y de su casa, preñada, no sin protestar "que los días buenos los desaprovechabas y luego, de repente, zas, el antojo, en los peores días, fíjate"(45) ¿Existe aquí denuncia por el estupro condonado por el matrimonio?
Lo anterior nos permite decir que, en la novela no se efectúa una exploración de la conciencia femenina. Más bien, el personaje es una mujer percibida desde el punto de vista de una ideología hegemónica, masculinista. Las preocupaciones políticas, sociales y religiosas (fundadas o no) de Carmen son impuestas por medio de la ironía sobre su personaje. En este caso en particular, el genotexto del autor, en complicidad con el genotexto del lector (o crítico) influyen para elaborar una figura patética de la mujer "común" española, que en todo caso, y sin lugar a duda, no es ella la que causó la guerra fratricida, ni las matanzas en los campos de España, ni es ella de la que dependen las estructuras de poder en la sociedad que se critica.
En los siguientes párrafos, veamos, de acuerdo a la crítica, cómo se define a Carmen en la novela. Sobre esta crítica y lo que está en la novela, basaré mis argumentos tratando de demostrar que la "conciencia femenina" allí fabricada y externamente por la crítica misma, permite una lectura descoyuntada del personaje femenino, con una ideología patriarcal, la más de las veces confusa (como si de hecho ya no lo fuera). Algunos críticos para darle un giro "bondadoso" denominan a Carmen como la "sociedad española". La siguiente cita, aunque extensa (no será la única), es importante en dos aspectos: primero, el crítico es de renombre en el medio de la crítica literaria y Delibes está enteramente de acuerdo con lo que dice (cit. en Medina-Bocos 149), y segundo, porque este tipo de juicio marca la pauta de cómo ve la crítica al personaje femenino de Carmen. De acuerdo a Gonzalo Sobejano, hablando sobre el progreso, nos dice:
Precisamente en su última novela, Cinco horas con Mario, aduce Delibes un ejemplo de cosas que acabo de esbozar: el ejemplo del imposible entendimiento entre una mujer necia y simplista y un hombre inteligente y complejo, entre el dogma de fe y el amor de caridad, entre una España cerrada y una España abierta, entre la autoridad y la libertad, la costumbre inauténtica y el esfuerzo auténtico.
El tema de la novela quizá pudiera definirse así: la simplificación no comprende a la complejidad; la complejidad no puede escuchar la voz de la simplificación [...]Carmen Sotillo (la simplificación) soliloquia, justificándose así misma, haciendo reproches y pidiendo explicaciones a su esposo muerto; Mario Díez Collado (la complejidad) ya no puede oírla ni cuando la oía podía escucharla. La defensa que la mujer hace de si es una acusación al hombre, de la que éste no puede defenderse; pero la misma acusación le defiende a él, mientras la defensa de ella viene a ser su propia acusación. Ironía por lo tanto. (subrayado mío 155)
Por lo que está en el texto, es difícil lograr una identificación de cómo era Mario en vida, ya que lo único que el lector sabe es precisamente lo que Carmen dice. Sin embargo, con el antecedente de lo que dice Sobejano acerca de Carmen, ¿lo que ella dice es de fiar? Por lo mismo, resulta arriesgado proponer modelos alegóricos tan específicos.
La ironía (llegando al sarcasmo)—además del soliloquio—es la herramienta fundamental de Delibes en Cinco horas con Mario. Después de veintitrés años de casados Carmen, ya junto al féretro, principia su letanía de quejas, iniciando por reprochar al muerto no que se muriera, sino que lo hiciera sin que reconociera sus desvelos de madre y esposa, sin una palabra de agradecimiento (39), y a esto le sigue una escena de celos por el comportamiento extraño de su cuñada Encarnación, cuando ésta se da cuenta de que Mario ha fallecido (40). Antes de este capítulo ya hemos visto como Carmen compele a Menchu—la mayor de las hijas—(12) para que entre a ver al padre en la caja mortuoria, y la golpiza que ha propinado a Borja porque éste desea que todos los días se muriera el padre para no asistir a la escuela (17). También hemos leído la respuesta fría y sin sentimientos del hijo mayor, Mario, ante la insistencia de Carmen para que muestre duelo por la muerte del padre (16). En esta novela, Delibes nos presenta una familia algo extravagante: los padres sin comunicación; los hijos unos sin sentimientos, otros con exceso de ellos.
Medina-Bocos, dice lo siguiente:
El soliloquio de la viuda, la crítica lo ha subrayado, no es sólo un rosario de acusaciones, sino también la expresión acabada de una concepción del mundo, es una serie de principios que dan razón de la conducta de un sujeto[...];en resumen, una buena parte de la conciencia de la vida cotidiana puede interpretarse en términos de principios o creencias muchas veces implícitas, inconscientes en el sujeto que obra o reacciona.
[...]Carmen es un ser perfectamente socializado: ha interiorizado todos los valores y esquemas de comportamiento que le han sido impuestos en su entorno (clasismo, autoritarismo, individualismo, énfasis en las apariencias...). (40)
O sea Carmen es, al igual que Mario, también víctima del sistema de la sociedad española de la época. Alfonso Rey, indica que la novela puede interpretarse como una que muestra "la opresión de la mujer por una sociedad hecha a la medida del varón" (cit. en Medina-Bocos 151). Por su lado Delibes dice:
[...]Hoy día existe una minoría de mujeres con otro talante. Por otra parte, si la mujer española es así, los responsables de que la mujer española sea así somos los hombres españoles en buena medida y, desde luego, la sociedad española.
La discriminación, la tendencia de relegar a la mujer a la cocina, el convertirla en un relicario de virtudes domésticas, es un error que ha esterilizado a muchas y castrado, en todo caso, su iniciativa, inteligencia e imaginación. (77)
Entonces, Carmen sí representa a la mujer española en su condición. Estoy de acuerdo; en el texto, Carmen es un producto de su entorno y controlada por el mismo; más claramente, controlada por: una maternidad impuesta, una explotación física y espiritual, la familia nuclear y la heterosexualidad compulsiva.
Adrienne Rich escribe que el mensaje propuesto en nuestra sociedad en general es que la mujer es la propiedad emocional y sexual del hombre, y que su autonomía e igualdad podría poner en peligro los pilares del patriarcado: familia, religión y estado (228). Mientras que Carmen no es un peligro para el patriarcado, ya que ella lo reproduce, una critica que conscientemente cuestione las estructuras de la sociedad del hombre y para el hombre, sí lo podría ser.
Por otro lado, en la primera parte de la novela, el narrador dice lo siguiente: "El suéter negro de Carmen clareaba en las puntas de los senos debido a la turgencia. En puridad, los pechos de Carmen, aún revestidos de negro, eran excesivamente pugnaces para ser luto" (16). ¿Qué tienen que ver los pechos de Carmen, una parte de su anatomía (olvidémonos del silicón, porque no se menciona), con el luto? ¿Qué tiene que hacer Carmen para que no sean pugnaces? ¿Por qué tiene que hacer algo para ocultarlos? Carmen es señalada por lo que es su cuerpo, no es algo que ella lo haya buscado. Su fisonomía es (como se verá adelante) objeto de la mirada del hombre, y los propios deseos eróticos del hombre se ven reflejados al imputarle a Carmen culpas que quizá no le atañen. A continuación algunos ejemplos de lo que la crítica escribe.
Sánchez nos dice:
Ya desde la introducción hay un rasgo que define la personalidad de Carmen: sus pechos. Parecen ser su atributo diferenciador, algo que le molesta en este momento de luto, pero de lo que inconscientemente se siente orgullosa[...]
De sus pechos, resumen de su ideal de femineidad, Carmen se siente orgullosa[...]. (subrayado mío 319)
Lo último, de acuerdo al texto, no es verdad, Carmen dice claramente:
¿Qué te parece? A Julia y a mí nos hacía andar todas las mañanas por el pasillo con un librote en la cabeza y decía con mucha guasa, ‘¿veis como los libros también pueden servir para algo?’ Pues, lo que oyes, saber pisar, saber mirar y saber sonreír, no cabe, me parece a mí, resumir el ideal de femineidad en menos palabras [...]. (subrayado mío 76).
Allí está el ideal de femineidad impuesto, por más vacío que lo parezca.
Sobejano de nuevo: "Carmen como tal Carmen, apenas se distingue por un rasgo—perdónese la fácil malicia—muy saliente: sus pechos [...]. (subrayado mío 157). Lo inquietante es que siendo Carmen una mujer que apenas se distingue por sus pechos, cause tanta crítica con lo que dice ante el féretro. De cierta manera, Carmen (creación de Delibes) parece estar de acuerdo con estos críticos en cuanto a su orgullo escondido: "La poitrine ha sido mi gran defecto. Siempre tuve un poco de más para mi gusto" (17); ella misma hace referencia directa a sus pechos a través de la novela (como por ejemplo 29, 33, 66, 217, 279 por nombrar algunas páginas), sin considerar las veces que menciona cuando vestía el suéter ajustado azul y le gritaban piropos groseros. En todo caso, ¿cuál es el significado de estas repeticiones? ¿Qué importancia tienen? Considero que el enigma es creado desde una trinchera masculinista. El creador de Carmen siguiendo la fascinación que el hombre, en general, tiene por los pechos grandes de las mujeres, lo introduce imputando culpas que no corresponden a Carmen: el recuerdo maternal, el de la lactancia, el tabú de la relación sexual madre-hijo, el deseo erótico por el anhelo de una relación con una mujer que tiene pechos grandes y no hace por "apocarlos". De otra forma, ¿por qué recibe los piropos groseros sólo cuando trae el suéter azul ajustado, y sus pechos, que siempre han sido los mismos, se muestran prominentes? ¿Por qué Paco, por veinticinco años, sueña sólo con sus pechos (279)? Carmen ("la España vieja") se siente mirada, acechada (¿halagada?) por su figura, mientras en casa, Mario ("la España nueva") ni la nota. Sin duda, por medio de ello, Carmen expresa atisbos de su deseo al placer erótico (lo que los críticos marcarían como coquetería), placer que en todo caso, no encuentra dentro del matrimonio (la santificación del acto sexual), de allí la existencia de los deseos reprimidos y las decepciones sexuales indicadas en una cita de Sobejano que vendrá posteriormente:
Lo que quiero hacerte ver, Mario, es que entre hombre y mujer hay un instinto, y las chicas con principio, las honradas, las que somos como se debe ser, gozamos excitándole en los hombres pero sin llegar a mayores, mientras que las fulanas se van a la cama con el primero que pillan. (subrayado mío 219)
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