Aspectos formales e ideológicos en la exploración de la conciencia femenina de Cinco horas con Mario (1966), de Miguel Delibes - La mujer en la novela Cinco horas con Mario (II)
2 - La mujer en la novela Cinco horas con Mario (II)
En la cita anterior es interesante leer que Carmen considera primeramente la heterosexualidad como instinto (lo natural) y luego le considera a la mujer el goce erótico, además de que es la mujer la que pilla al hombre y no viceversa, visión que se antepone con la de por ejemplo Adrienne Rich, que considera que la mujer ha sido educada para considerarse como presa sexual del hombre (235). El deseo erótico de Carmen existe, aunque disfrazado, las expresiones al respecto se repiten en el texto, tanto que Sobejano dice: "Habla mucho de su virginidad antes de casada y de su honra conyugal, pero su cháchara deja aparecer deseos reprimidos, decepciones sexuales, sensualidad conquistable por cualquier hombre atrevido" (158), vemos aquí como Sobejano apoya lo dicho por Rich, y condena a Carmen (ahora sí no a la creación de Delibes, sino a la mujer) negándole de paso su expresión erótica, no sucede lo mismo con los que le lanzaban piropos, porque son hombres. Pero al mismo tiempo, la frase de Sobejano a modo de acusación, y Carmen sin poder defenderse, regresa como acusación contra lo que Sobejano defiende, ironía es: la fuerza de lo erótico. Citando a Audre Lorde:
There are many kinds of power, used and unused, acknowledge or otherwise. The erotic is a resource within each of us that lies in a deeply female and spiritual plane, firmly rooted in the power of our unexpressed or unrecognized feeling. In order to perpetuate itself, every oppression must corrupt those various sources of power within the culture of the oppressed that can provide energy for change. For women this has meant a suppression of the erotic as a considered source of power and information within our lives. (subrayado mío 339)
Entonces, la crítica deja grandes claros que por otro lado resultan polémicos, ya que tendrían que ser escritos desde trincheras que aún no son bien vistas por el canon.
López Martínez al igual que otros críticos, propone una lectura alegórica, ideológica: la España cerrada (Carmen) contra la España abierta (Mario). Delibes se vale de Carmen para presentar "el conjunto de falsedades y vanidades que forman el mundo de esa sociedad" (172); Carmen como la España cerrada y Mario, la España abierta (aunque el símbolo esté muerto); las dos iglesias (preconcilio, postconcilio). Es aquí que viene a colación el primer epigrama al inicio del trabajo (Tyler 41): el hombre se ve como en un espejo, sobre ese espejo identifica a la mujer para imputarle sus propias faltas, creyéndose él a su vez completo sin darse cuenta que las fallas que nota son suyas. El monólogo interior de Carmen aminora su propia figura, levantando cada vez más la de su consorte ya muerto, creando casi un mito (si uno acepta todo lo que dice la crítica). Mario, resulta, al final, ser lo máximo. Veamos lo que Silvia Burunat escribe:
El lenguaje de Cinco horas con Mario, es revelador de las diversas características que componen la personalidad de Carmen Sotillo en su largo monólogo interior. Al mismo tiempo nos va descubriendo las facetas y rasgos del carácter de su marido, Mario Díez. Y va más allá mostrándonos escenas del matrimonio de ambos, de sus padres, de sus hijos. Carmen va apareciendo ante el lector como una mujer tradicionalista, amargada, centro de su propia existencia, ambiciosa en lo material. Mario se descubre como un hombre de ideas sociales avanzadas, postconciliar en cuanto a religión, gran amante de ejercer la caridad directa, honrado, comprometido política y culturalmente. (85)
Casi un dios; el discurso de Carmen, con su "fluir de la conciencia" inicia un proceso continuo de autodestrucción para crear al hombre por excelencia. Por su parte López Martínez escribe:
En cuanto a los personajes, Mario es un catedrático de Instituto que representa al hombre intelectual de ideas avanzadas. Carmen, educada en los inamovibles principios de la moral católica y con unas ideas tradicionales, representa una porción considerable de la mujer de su casa en la burguesía española de los últimos treinta años. (167)
Sobejano de nuevo:
Carmen es Carmen, es la mujer española común y es cierta España satisfecha de su pasado y su presente. Mario es Mario, es el intelectual español esforzado y es una España que trabaja mirando hacia el futuro.
[...]La mujer española corriente, Antonia Quijana o Carmen Sotillo, se define por ser una mujer con principios, entendiendo aquí por principios ciertas creencias inarrancables que ella misma no ha creado, sino aceptado a ciegas y por costumbre. Esos principios son: hay ricos y pobres y siempre los habrá, pues de otro modo sería imposible que los ricos ejercitasen la caridad; es bien que cada uno permanezca dentro de su clase social y no se salga de ella; la salvaguardia del orden es la autoridad rigurosa; la sabiduría, la ciencia, el arte no sirven para nada si no proporcionan seguridad y felicidad; la única religión digna de fe y de obediencia es la católica; España es el mejor pueblo del mundo; hay que guardar las formas y las apariencias; los hombres han nacido para medrar y las mujeres para casarse; los hijos deben obedecer y callar, etcétera. (157)
Crítico tras crítico pone a Carmen en lo más abyecto (que de acuerdo al texto, Carmen se lo merece) levantando la figura de Mario al empíreo. Dice Sanz Villanueva:
Lo que Carmen defiende son las diferencias sociales, el orden político establecido, las apariencias y convencionalismos y una adhesión firme a la iglesia preconciliar.
De este modo se nos presentan dos concepciones de la vida en todo discrepantes. La de Mario, profesor de Instituto, liberal, católico postconciliar; la de Carmen, ama de casa, integrista, víctima de una grave frustración. El representa a los sectores intelectuales inconformistas y ella a las clases medias tradicionales y conservadoras. (889)
Que el discurso de Carmen privilegie al hombre no sucede sólo con Mario. En el último capítulo numerado, Carmen "confiesa" haberse besado apasionadamente con su amigo Paco. El texto así lo dice. Delibes se equivoca y luego se corrige cuando dice: "—Probablemente Menchu llega a irse con otro, pero en el momento culminante se detiene. El único principio moral que rige su existencia es el sexto mandamiento. Y lo quebranta. Ella acepta solamente un freno: la fornicación" (Ríos 75).
¿Cómo quebranta Carmen el sexto mandamiento si no fornica? En todo caso quebranta el espíritu del mismo y es el noveno mandamiento el quebrantado. En su desesperada "confesión" Carmen acepta que "posiblemente" gracias a Paco no se efectúo el acto sexual entre ambos, ya que ella se encontraba sin voluntad, "hipnotizada". Así entonces, es el hombre el que impone el orden en el caos erótico de Carmen; ella misma encumbra a Paco. Entonces, Delibes lo dice en la misma página citada, esa infidelidad es lo que realmente Carmen quería justificar ante Mario (a quien, dicho sea de paso, de acuerdo a Carmen, poco le importaba su mujer).Visto desde un punto de vista neutral, lo que aquí tenemos es una enorme carga virtual sobre los hombros del personaje creado por Delibes: Carmen no se perdona, primeramente, a sí misma por haber dado rienda media-suelta a su expresión erótica. En su arrebato, Carmen desea "confesarse" ante un muerto. Sea lo que sea, Mario, de acuerdo a la religión católica, no tiene ningún poder del perdón sobre los posibles "pecados" de Carmen . Con esto no se intenta justificar, ni tampoco juzgar el hecho (algo que Delibe sí hace), lo que se intenta es ponerlo en la propia perspectiva. Si Carmen y Paco ( o "cualquier hombre atrevido") fornicaron o no, es otro cuento, otra novela. Que la Carmen de Delibes, en su fanatismo ignorante, no lo entienda de otra manera más que ésa, pasa; pero no es posible aceptarlo sin tenerse grandes dudas, no esclarecidas por el texto. Esta exageración de culpa la aceptan los críticos como una realidad porque, en cualquier sociedad, el hombre (macho) no debe permitir que su mujer dé (a otro) o le den una mirada insinuante/tierna/lasciva. Esto último, Carmen lo menciona repetidamente al referirse a las reacciones de Alfredo que defiende a su esposa: "Una mujer es un ser indefenso, Mario, necesita que la dirijan, calamidad, por eso me hubiera horrorizado casarme con un hombre bajito, que la autoridad debe manifestarse inclusive en la estatura, fíjate, que te parecerá una bobada" (175), obviamente, Mario, también creación delibesca, no era como Alfredo.
En el capítulo final (sin número), el discurso de Carmen cambia completamente con respecto al de los capítulos medios. Pero su discurso no cambia con respecto al del intelectual, frío y calculador Mario, su hijo. Durante su monólogo Carmen ha dicho que lo metería en cintura (135). Sin embargo, el discurso de Carmen sigue igual que al inicio: un discurso de subordinación (ante Mario), mostrando que su situación en la casa será como ella misma lo predice "—Cría cuervos" (20). Claro, en realidad tampoco sabemos cómo era su comunicación con Mario el padre. Cuando Carmen menciona la guerra dice: "[...]aunque contigo ni entonces ni después se podía hablar, que cada vez que empezaba con esto tú, ‘calla, por favor’, punto en boca, que te pones a ver, Mario, querido, y conversaciones serias, lo que se dice conversaciones serias, bien pocas hemos tenido" (subrayado mío 73), así pues, ni siquiera podemos decir que la Carmen de los capítulos extremos sea la misma que la de los capítulos medios.
Finalmente, dentro de la novela existen por lo menos dos referencias directas a caricias entre mujeres. Por ejemplo:
Transi siempre fue un poco así, no te digo fresca, pero no sé, impulsiva, que yo recuerdo sus besos cada vez que estaba algo pachucha, en la boca, ya ves, y como apretados, como de hombre, raros desde luego, ‘Menchu, tienes fiebre’ decía, pero de cariño, ¿eh?, que los hombres sois muy mal pensados". (67)
[...]en cuanto te marchabas, me daba un beso en la boca, bastante apretados, desde luego, raros, como de tornillo, ‘Menchu, tienes fiebre, no deberías salir mañana’, que yo no sé si serían celos o qué, ¿me comprendes? Transi, francamente, no ha tenido suerte, que tendría sus cosillas, y quién no, pero también reúne muy buenas cualidades, ya ves tú, lo de la fiebre, a esa edad, atenciones así no se pagan con dinero". (119)
En la segunda cita nótese que dice "un beso", en singular, pero luego los calificativos vienen en plural: apretados, raros. La relación Transi-Carmen presenta dimensiones de relación lésbica. Así entonces, las incógnitas surgen, Carmen no siente culpa por los besos apretados de Transi; ¿cuál es la diferencia entre los besos de Paco y los de Transi? ¿Es la posibilidad de penetración o del goce lo que los hace diferentes? ¿Piensa Carmen que la atracción sexual de la mujer hacia el hombre es única y congénita? Lo extraño es que si Carmen pretende escandalizarse de casi todo, los besos de Transi, aunque "raros", no la conmueven moralmente. Como podrá verse, se producen más preguntas que respuestas por el simple hecho de que la novela muestra grandes contradicciones ideológicas y así prácticamente cualquier cosa es aceptable o no de acuerdo al cristal con que se vea.
En Cinco horas con Mario, pude haber escrito sobre "una conciencia femenina" pero para eso hubiera tenido que repetir lo mismo que dice la crítica, y que es bastante; en lugar de eso, decidí buscar una lectura ‘contracorriente’ a la novela intentando encontrar significados distintos. Primero que nada, encontré que la Carmen creada por Delibes, por lo que dice, merecía los mayores epítetos derogatorios (ya asignados por la crítica), pero también merecía otras consideraciones por tratarse de una construcción desde una perspectiva masculina con una agenda bien definida (esto está claro en las entrevistas con Delibes), y por eso Carmen es una herramienta literaria con fallas ideológicas de consideración. Encontré también que la crítica se encerraba primordialmente en: el lenguaje en la novela, la figura de Carmen y lo que se critica por medio de ella, además de la figura de Mario construida a través del discurso de Carmen. Puse mayor atención a los dos últimos aspectos, considerando que la crítica ya ha hablado bastante de los otros y se encerraba en círculos conformistas citándose los unos a los otros (algo que, acepto, yo también hago aquí) sin aportar algo nuevo en cuanto a la forma de leer el texto.
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