



[1] En el primer grupo se encontraría, por ejemplo, René Prieto, para quien sería conveniente “[s]treching the definition of autobiography a bit” de manera que se pudieran incorporar obras que explícitamente toman prestados elementos de la vida real del autor dentro de un contexto real (75); en el segundo grupo se encontraría Paul John Eakin, quien en Fictions in Autobiography (1985) señala que el texto crea un yo que no existiría sin dicho texto, por lo que el autor no se refleja, sino que se inventa, y al ser inventado y, por lo tanto, ajeno a cualquier prueba de validez exterior al texto, acabaría con la distinción entre ficción y realidad, base de lo autobiográfico. Paul de Man engloba ambas visiones al indicar que “just as we seem to assert that all texts are autobiographical, we should say that, by the same token, none of them is or can be” (922), con lo que la autobiografía queda en un limbo incómodo.
[2] Isabel Alvarez-Borland ofrece un capítulo de su obra Cuban-American Literature of Exile a varias obras “autobiográficas” que conforman el panorama del exilio cubano en los Estados Unidos. A ellas habría que unir las mencionadas al comienzo de este trabajo.
[3] La misma opinión es compartida por Anderson (70, 79).
[4] De hecho, como indica García-Posada, “Gutiérrez parece ser un discípulo aventajado del dirty realism norteamericano, que aplica -no sé si por influencia directa o indirecta- al universo de Cuba, la Cuba de los años noventa” (§ 3). Y a consecuencia de ello casi todo es más prosaico en su obra, donde predominan lo excrementicio y lo marginal, al igual que las prácticas sexuales más extremas.
|