Bases biológicas de la violencia - ALTERACIONES FUNCIONALES CEREBRALES
Artículo creado por Ángel Ponce de León. Extraido de: http://www.editorial-na.com/articulos/articulo.asp?art=12
17 de Mayo de 2005
Psicología, Agresividad
3 - ALTERACIONES FUNCIONALES CEREBRALES
La mayoría de los autores parecen estar de acuerdo en que el lóbulo frontal tiene que ver con la toma de decisiones.
El cuerpo calloso, gran puente de unión interhemisférica, debe estar intacto o de lo contrario hay lo que se llama predominancia hemisférica, que consiste en una respuesta por lo general exagerada, falta de modulación. Los resultados de muchas experiencias avalan esta afirmación. Una actividad reducida en las fibras del cuerpo calloso permite que el hemisferio de-recho, implicado en la génesis de las emociones negativas, actúe sin el control del hemisferio izquierdo, que tiende a inhibir el exceso de negatividad.
En los años 90 los estudios de neuroimagen habían puesto de manifiesto que los comportamientos violentos estaban relacionados con el mal funcionamiento de porciones de los lóbulos frontal y temporal (Damasio 1994 y Grisolía 1997). En las zonas subcorticales se había de-mostrado que la amígdala y el hipocampo y zonas hipotalámicas podrían estar implicadas en los mecanismos neurobiológicos de la agresión.
Parece que los agresores sexuales presentan más alteraciones en los lóbulos temporales, mientras que las deficiencias metabólicas de glucosa en el lóbulo central parecen estar relacionadas con actos impulsivos de corte agresivo.
El flujo frontal se ve reducido en alcohólicos con trastornos de personalidad de carácter agresivo.
Parece suficientemente demostrado que el funcionamiento de áreas cerebrales identificadas está relacionado con las conductas violentas en exceso; sin embargo no queda definitivamente aclarado el por qué de las diferencias entre el criminal frío y el pasional.
Los estudios realizados hasta el momento indican un bajo nivel de actividad prefrontal en los asesinos afectivos, mientras que los planificadores presentan nula o poca variación de actividad con las personas no asesinas. Sin embargo, ambos grupos de asesinos, depredadores y afectivos, presentan muy altas tasas de actividad en las zonas subcorticales, de la amígdala, el hipocampo y el subtálamo, que, en definitiva, son estructuras más primitivas que la corteza, productoras de impulsos libres de modulación, e implicadas en el aprendizaje, la memoria y la atención.
Se ha visto que las lesiones en áreas prefrontales se traducen en comportamientos arriesgados, irresponsables, transgresores de las normas, con predisposición clara a los actos violentos.
La personalidad de los afectados en el frontal se ve afectada en el plano de la madurez, hay falta de tacto en la evaluación de las conveniencias sociales y predisposición a la respuesta desproporcionada. Hay una pérdida de la flexibilidad intelectual y de la capacidad de razonar a partir de la elaboración de la información verbal.
Hay una especie singular de individuos violentos, el psicópata, que ejerce de manera instrumental, depredadora y a sangre fría.
Estos sujetos parecen no codificar adecuadamente los mensajes emocionales emitidos a través de lenguaje.
El enfado, la rabia, la ira, son estados del ánimo desencadenados por la percepción sensoperceptiva. Algo que nos viene de fuera es analizado como potencialmente lesivo y tendemos a neutralizarlo, rechazarlo o destruirlo.
El psicópata no se para a elaborar los contenidos neutros o significativamente emocionales del lenguaje; responde disparando siempre.
El terrorismo juvenil es mucho más producto del aprendizaje social, mientras que la violencia cargada de odio del racista, forofo deportivo, fundamentalista, en suma, se configura como un híbrido de:
a) Sobrecompensaciones de conflictos íntimos reconocidos o no que ponen en marcha mecanismos de defensa aberrantes.
b) Aprendizaje motivado por la necesidad de destruir aquello.
c) Circunstancias buscadas y encontradas en un círculo de pulsión-compulsión.
El cuerpo calloso, gran puente de unión interhemisférica, debe estar intacto o de lo contrario hay lo que se llama predominancia hemisférica, que consiste en una respuesta por lo general exagerada, falta de modulación. Los resultados de muchas experiencias avalan esta afirmación. Una actividad reducida en las fibras del cuerpo calloso permite que el hemisferio de-recho, implicado en la génesis de las emociones negativas, actúe sin el control del hemisferio izquierdo, que tiende a inhibir el exceso de negatividad.
En los años 90 los estudios de neuroimagen habían puesto de manifiesto que los comportamientos violentos estaban relacionados con el mal funcionamiento de porciones de los lóbulos frontal y temporal (Damasio 1994 y Grisolía 1997). En las zonas subcorticales se había de-mostrado que la amígdala y el hipocampo y zonas hipotalámicas podrían estar implicadas en los mecanismos neurobiológicos de la agresión.
Parece que los agresores sexuales presentan más alteraciones en los lóbulos temporales, mientras que las deficiencias metabólicas de glucosa en el lóbulo central parecen estar relacionadas con actos impulsivos de corte agresivo.
El flujo frontal se ve reducido en alcohólicos con trastornos de personalidad de carácter agresivo.
Parece suficientemente demostrado que el funcionamiento de áreas cerebrales identificadas está relacionado con las conductas violentas en exceso; sin embargo no queda definitivamente aclarado el por qué de las diferencias entre el criminal frío y el pasional.
Los estudios realizados hasta el momento indican un bajo nivel de actividad prefrontal en los asesinos afectivos, mientras que los planificadores presentan nula o poca variación de actividad con las personas no asesinas. Sin embargo, ambos grupos de asesinos, depredadores y afectivos, presentan muy altas tasas de actividad en las zonas subcorticales, de la amígdala, el hipocampo y el subtálamo, que, en definitiva, son estructuras más primitivas que la corteza, productoras de impulsos libres de modulación, e implicadas en el aprendizaje, la memoria y la atención.
Se ha visto que las lesiones en áreas prefrontales se traducen en comportamientos arriesgados, irresponsables, transgresores de las normas, con predisposición clara a los actos violentos.
La personalidad de los afectados en el frontal se ve afectada en el plano de la madurez, hay falta de tacto en la evaluación de las conveniencias sociales y predisposición a la respuesta desproporcionada. Hay una pérdida de la flexibilidad intelectual y de la capacidad de razonar a partir de la elaboración de la información verbal.
Hay una especie singular de individuos violentos, el psicópata, que ejerce de manera instrumental, depredadora y a sangre fría.
Estos sujetos parecen no codificar adecuadamente los mensajes emocionales emitidos a través de lenguaje.
El enfado, la rabia, la ira, son estados del ánimo desencadenados por la percepción sensoperceptiva. Algo que nos viene de fuera es analizado como potencialmente lesivo y tendemos a neutralizarlo, rechazarlo o destruirlo.
El psicópata no se para a elaborar los contenidos neutros o significativamente emocionales del lenguaje; responde disparando siempre.
El terrorismo juvenil es mucho más producto del aprendizaje social, mientras que la violencia cargada de odio del racista, forofo deportivo, fundamentalista, en suma, se configura como un híbrido de:
a) Sobrecompensaciones de conflictos íntimos reconocidos o no que ponen en marcha mecanismos de defensa aberrantes.
b) Aprendizaje motivado por la necesidad de destruir aquello.
c) Circunstancias buscadas y encontradas en un círculo de pulsión-compulsión.
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