Bibliotecología y Ciencia de la Información - El proceso de amplificación de la ciencia y la tecnología
Artículo creado por Dr. C. Radamés Linares Columbié. Extraido de: http://www.bvs.sld.cu/revistas/aci/vol12_3_04/aci07304.htm
28 de Diciembre de 2005
Gestión documental
2 - El proceso de amplificación de la ciencia y la tecnología
En síntesis, el proceso de amplificación de la ciencia y la tecnología en su imbricación con el desarrollo industrial, es la plataforma de un cambiante escenario informacional que afecta las prácticas informativas y sus respectivos campos de conocimiento: Bibliografía, Bibliotecología y Documentación.
El acta de nacimiento de la Ciencia de la Información señala a 1962 como el año de constitución formal de esta disciplina en Estados Unidos aunque el primer uso oficial del vocablo ocurrió en 1958, al fundarse el Institute of Information Scientists (IIS) en Gran Bretaña.
El entramado político y económico del que surge la Ciencia de la Información como disciplina independiente es posible resumirlo en:
Con esta plataforma obra la fundación de la Ciencia de la Información en el marco de dos conferencias celebradas en el Instituto Tecnológico de Georgia, entre octubre de 1961 y abril de 1962.
Los encuentros se centraron en aspectos pedagógicos aunque no se excluyeron los problemas en torno a la denominación de la parcela en surgimiento. Se rechaza la voz Documentación y Robert Taylor propuso la primera definición de Ciencia de la Información.2
En los coloquios participaron 59 especialistas, pero sólo el 24 % eran bibliotecarios o profesionales de la Bibliotecología, bien es cierto, que dedicados a la información en ciencia y tecnología, pero la mayoría fueron científicos e ingenieros.5
La formación de la primera comunidad productora y legitimadora de la Ciencia de la Información identificó las proposiciones iniciales de este campo del conocimiento.6
La presencia mayoritaria de ingenieros y científicos puros impregnó una manera de entender esta disciplina, tangible en la propia denominación del área como ciencia, y aprovechó el irrefutable prestigio del término, cuya utilización, consecuentemente, le otorgó reconocimiento y legitimidad.
La aparición de la Ciencia de la Información condujo necesariamente a establecer una primera aproximación, al carácter de la relación que debía existir con la Bibliotecología. Harold Borko, uno de los fundadores de la nueva disciplina, en un artículo publicado en 1968 y considerado con justeza como un clásico, "Information Science, what is it?", propuso las primeras ideas sobre este aspecto.
La intención básica es establecer que la Ciencia de la información (...) investiga las propiedades y el comportamiento de la información, las fuerzas que rigen su flujo y los medios de procesarla para su mejor accesibilidad y aprovechamiento.7
También se deseaba asentar las características de sus profesionales y la relación con la Bibliotecología, por lo que se argumenta que es una ciencia interdisciplinaria derivada o que está relacionada con la Matemática, la Lógica, la Lingüística, la Psicología, la tecnología de la computación, la investigación operacional, las artes gráficas, la comunicación y la Bibliotecología.7
El acercamiento a su relación con la Bibliotecología es decisivo en la medida que es actualmente uno de los temas más polémicos en la familia informacional. El tipo de conexión que se concibe es peculiar, porque se asevera que la Bibliotecología es uno de los aspectos aplicados de la Ciencia de la Información.
En otras palabras, se afirma que las técnicas y procedimientos bibliotecarios deben basarse en los hallazgos teóricos de la ciencia emergente.
Con este criterio, Borko inauguró lo que antes se ha calificado como una relación de subordinación entre estos saberes, que ha tenido otros enfoques, como los que consideran a la Bibliotecología como un primer estadio de desarrollo de la Ciencia de la Información.
En las últimas décadas del siglo XX, surgieron otras reflexiones, que condujeron a una nueva posición relacional: la exclusión. Así, se cree que existen además diferencias significativas en varios aspectos críticos, entre ellos: (1) la selección de los problemas abordados y la manera de definirlos (2) las cuestiones teóricas planteadas y los marcos de referencia tomados por la bibliotecología -fundamentalmente basados en teorías filosóficas y de la comunicación-, que no tienen contrapartida en la Ciencia de la Información y viceversa; (3) la naturaleza y el grado de experimentación y de desarrollo empírico de ambas, así como los requerimientos profesionales, que también difieren a escala significativa; (4) las herramientas y aproximaciones empleadas -por ejemplo, las aproximaciones radicalmente diferentes, adoptadas en relación con la utilización de la tecnología en la recuperación de información y en la automatización de la biblioteca; y (5) la naturaleza y fortaleza de las relaciones interdisciplinares establecidas, así como la dependencia con las aproximaciones interdisciplinares para el desarrollo de la disciplina -la Bibliotecología es mucho más autónoma.8
Este punto de vista sintetiza adecuadamente una de las posiciones al respecto, aquella que postula que la Bibliotecología y la Ciencia de la Información son campos de conocimiento relacionados, pero diferentes; y donde se subraya la autonomía de la Ciencia de la Información.
Una tercera posición afirma la existencia de un campo donde se integran ambos espacios, Bibliotecología y Ciencia de la Información.4,9 Esta tendencia, inicialmente influida en el terreno de la formación profesional por razones administrativas, actualmente avanza hacia una comprensión de este espacio en todos los terrenos y descansa en criterios como la existencia de un objeto común: información o documento, así como en la vigencia de un proceso informativo o documental, donde cada una de sus fases están presentes en ambos espacios.
La inclusión y conformación de un espacio integrado básicamente por las disciplinas aludidas es una de las posturas más realistas sobre este particular. La práctica informacional evidencia la incuestionable imbricación de estos campos del conocimiento, más allá de los debates epistemológicos en el interior de estas materias.
El acta de nacimiento de la Ciencia de la Información señala a 1962 como el año de constitución formal de esta disciplina en Estados Unidos aunque el primer uso oficial del vocablo ocurrió en 1958, al fundarse el Institute of Information Scientists (IIS) en Gran Bretaña.
El entramado político y económico del que surge la Ciencia de la Información como disciplina independiente es posible resumirlo en:
- El crecimiento científico y tecnológico, particularmente el derivado de la Segunda Guerra Mundial, con el consiguiente incremento exponencial de la información.
- El surgimiento de tecnologías, primero, la microfilmación y después la computación.
- El carácter estratégico que adquirió la información para las instancias políticas norteamericanas.
- La explícita confrontación política entre el Este y el Oeste luego del claro desarrollo científico soviético en la carrera espacial y en la tecnología nuclear.
- La supremacía económica norteamericana y las consiguientes concepciones geopolíticas.
Con esta plataforma obra la fundación de la Ciencia de la Información en el marco de dos conferencias celebradas en el Instituto Tecnológico de Georgia, entre octubre de 1961 y abril de 1962.
Los encuentros se centraron en aspectos pedagógicos aunque no se excluyeron los problemas en torno a la denominación de la parcela en surgimiento. Se rechaza la voz Documentación y Robert Taylor propuso la primera definición de Ciencia de la Información.2
En los coloquios participaron 59 especialistas, pero sólo el 24 % eran bibliotecarios o profesionales de la Bibliotecología, bien es cierto, que dedicados a la información en ciencia y tecnología, pero la mayoría fueron científicos e ingenieros.5
La formación de la primera comunidad productora y legitimadora de la Ciencia de la Información identificó las proposiciones iniciales de este campo del conocimiento.6
La presencia mayoritaria de ingenieros y científicos puros impregnó una manera de entender esta disciplina, tangible en la propia denominación del área como ciencia, y aprovechó el irrefutable prestigio del término, cuya utilización, consecuentemente, le otorgó reconocimiento y legitimidad.
La aparición de la Ciencia de la Información condujo necesariamente a establecer una primera aproximación, al carácter de la relación que debía existir con la Bibliotecología. Harold Borko, uno de los fundadores de la nueva disciplina, en un artículo publicado en 1968 y considerado con justeza como un clásico, "Information Science, what is it?", propuso las primeras ideas sobre este aspecto.
La intención básica es establecer que la Ciencia de la información (...) investiga las propiedades y el comportamiento de la información, las fuerzas que rigen su flujo y los medios de procesarla para su mejor accesibilidad y aprovechamiento.7
También se deseaba asentar las características de sus profesionales y la relación con la Bibliotecología, por lo que se argumenta que es una ciencia interdisciplinaria derivada o que está relacionada con la Matemática, la Lógica, la Lingüística, la Psicología, la tecnología de la computación, la investigación operacional, las artes gráficas, la comunicación y la Bibliotecología.7
El acercamiento a su relación con la Bibliotecología es decisivo en la medida que es actualmente uno de los temas más polémicos en la familia informacional. El tipo de conexión que se concibe es peculiar, porque se asevera que la Bibliotecología es uno de los aspectos aplicados de la Ciencia de la Información.
En otras palabras, se afirma que las técnicas y procedimientos bibliotecarios deben basarse en los hallazgos teóricos de la ciencia emergente.
Con este criterio, Borko inauguró lo que antes se ha calificado como una relación de subordinación entre estos saberes, que ha tenido otros enfoques, como los que consideran a la Bibliotecología como un primer estadio de desarrollo de la Ciencia de la Información.
En las últimas décadas del siglo XX, surgieron otras reflexiones, que condujeron a una nueva posición relacional: la exclusión. Así, se cree que existen además diferencias significativas en varios aspectos críticos, entre ellos: (1) la selección de los problemas abordados y la manera de definirlos (2) las cuestiones teóricas planteadas y los marcos de referencia tomados por la bibliotecología -fundamentalmente basados en teorías filosóficas y de la comunicación-, que no tienen contrapartida en la Ciencia de la Información y viceversa; (3) la naturaleza y el grado de experimentación y de desarrollo empírico de ambas, así como los requerimientos profesionales, que también difieren a escala significativa; (4) las herramientas y aproximaciones empleadas -por ejemplo, las aproximaciones radicalmente diferentes, adoptadas en relación con la utilización de la tecnología en la recuperación de información y en la automatización de la biblioteca; y (5) la naturaleza y fortaleza de las relaciones interdisciplinares establecidas, así como la dependencia con las aproximaciones interdisciplinares para el desarrollo de la disciplina -la Bibliotecología es mucho más autónoma.8
Este punto de vista sintetiza adecuadamente una de las posiciones al respecto, aquella que postula que la Bibliotecología y la Ciencia de la Información son campos de conocimiento relacionados, pero diferentes; y donde se subraya la autonomía de la Ciencia de la Información.
Una tercera posición afirma la existencia de un campo donde se integran ambos espacios, Bibliotecología y Ciencia de la Información.4,9 Esta tendencia, inicialmente influida en el terreno de la formación profesional por razones administrativas, actualmente avanza hacia una comprensión de este espacio en todos los terrenos y descansa en criterios como la existencia de un objeto común: información o documento, así como en la vigencia de un proceso informativo o documental, donde cada una de sus fases están presentes en ambos espacios.
La inclusión y conformación de un espacio integrado básicamente por las disciplinas aludidas es una de las posturas más realistas sobre este particular. La práctica informacional evidencia la incuestionable imbricación de estos campos del conocimiento, más allá de los debates epistemológicos en el interior de estas materias.
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