La ciudad imaginaria según esta relación directa alma-cuerpo existente entre sus elementos exteriores e interiores, es analizada desde el punto de vista de su contacto con lo real. Este criterio divide las ciudades en dos grandes grupos: las que logran mantener la ilusión de lo real y aquéllas que la ocultan para producir una atmósfera de extrañeza.
Blackland se sitúa en el primer bando, en el caso de una ciudad inventada que a causa de su exactitud y referentes geográficos, además de encuadrada por el marco real de un viaje de descubrimiento por territorios medio salvajes medio colonizados, logra obtener esa ilusión de una posible confusión con lo real.
Su organización física está estructurada según un esquema descriptivo racional: de lo más básico al elemento superficial, de los fundamentos a los detalles. Este eje dentro-fuera comprende los puntos siguientes de la ciudad: sus medidas, las secciones que contiene, los espacios públicos, el espacio privado, la organización interna y sus alrededores. Perteneciente a la misma ciudad pero en una vía paralela se encuentra la Fábrica, merecedora ella sola de la misma atención que esta primera parte de Blackland.
“C’était une ville très singulière […] était divisée en trois sections inégales, que limitaient d’infranchissables murailles en pisé demi-circulaires et concentriques, hautes de dix mètres et d’une épaisseur presque égal à la base » (p. 207).
La construcción morfológica al igual que las secciones mediante las cuales se divide forma parte del plan de la ciudad y no sería arriesgado decir que por el trazado y el diseño de construcción urbanístico se conoce a sus habitantes o, al menos, al arquitecto.
En primer lugar, y a propósito del plano, lo que más nos interesa es su construcción de una manera tan exacta y simétrica como extraña, sin hablar de sus medidas. El hecho de poseer una semicircunferencia como base da como resultado igualmente un semicuadrado como parte de la figura geométrica anterior. Así pues, constatamos que tenemos la mitad de dos estructuras, combinación binaria pues, que no podemos olvidar en ninguna de sus formas.
Las referencias a ambas formas geométricas comparten los significados que se les atribuyen: por un lado, la figura cuadrada aparece como el espacio de la multiplicación del centro de poder, de la racionalización y de la regla y mesura; por otro lado, nos encontramos frente a lo circular, a la espiral laberíntica al estar rodeada de una muralla concéntrica en la que se distingue un centro claro con la pérdida del elemento racional en beneficio de una eterna ida y venida de la forma sobrecargando los sentidos.3
La función de una estructura tan poco común y extraña puede responder a diferentes necesidades sin olvidar que Blackland está seccionada por dos áreas: la ciudad y la Fábrica, cada una con un orden y un funcionamiento propios según las reglas de ambos representantes. La estructura circular reúne todos los puntos de fuga en un único control desde todas las direcciones haciendo imposible la evasión por las esquinas, mientras que el muro, como parte de la estructura cuadrada que encierra la semicircunferencia, tiene una posición de vanguardia o retaguardia, elemento éste que acota, delimita el fin y separa los dos mundos. Así pues, la muralla, símbolo urbanístico de la protección, multiplicada en esta Tierra Negra, nos lleva más bien al significado sobre el control: nadie que haya entrado podrá salir tan fácilmente… a menos que sea por aire. La muralla es una advertencia de la regla impuesta, la representación del cambio de un pasado cuyos recuerdos quedarán atrás en beneficio del presente y de una nueva vida, pero también es la imagen de la protección, del saberse resguardado cálidamente como en el vientre materno. Consecuentemente, todo aquél que aceptara el control sería también el protegido, pero, de qué o quién ya que nadie conoce la existencia de esta ciudad; es por esta razón que la función protectora no tiene cabida alguna en los planteamientos de Blackland.
Junto a la pura descripción hay que resaltar la importancia de los adjetivos calificativos: “murailles infranchissables”, “demi-cercle rigoureux”, “sections inégales”, que además de redondear una visión sin relieve, acentúa sus radicales detalles y, por supuesto, los de su fundador.
En cuanto al segundo componente del plano urbanístico, las secciones, se nos anticipa ya que son desiguales, lo que indica un fallo deliberado de esa perfecta simetría por parte de su autor.
A este propósito hay que subrayar la diferencia existente en relación con el orden básico y exterior. La primera y tercera secciones son zonas pertenecientes a la raza blanca. Aquélla es la más importante dado el espacio que ocupa, ya por su posición preferente, ya por sus dimensiones. La tercera se haya desplazada del centro mostrando su reserva, como en una categoría inferior a la espera de avanzar su posición estratégica. En cuanto a la segunda, se trata de la más extendida por razones contrarias a las de la primera: si ésta ocupa más espacio que su homóloga a causa de la importancia social, el área de los esclavos necesita mayores dimensiones porque éstos son necesarios. La ciudad, bien abastecida entonces de personas que trabajen para el resto de habitantes, les ofrece un espacio material pero nunca una posición social, de manera que la relación espacio-privilegio es directamente proporcional para los blancos e indirectamente para los esclavos negros.
El resto de elementos fundamentales pertenecientes a la estructura física hacen referencia a la vertiente de su disposición interior. En primer lugar, cimentando con una primera capa el esqueleto de la ciudad se sitúan las dos clases de espacios, el público y el privado, y su mecanismo de funcionamiento, su organización vital:
Sur la rive gauche de la Red River […] la muraille d’enceinte se continuait, en effet, délimitait un rectangle […]. Cette seconde ville […] se divisait elle-même en deux parties égales, que séparait une haute muraille transversale.
Esta “segunda ciudad” no es más que una continuación del mismo lugar sin diferencias sustanciales salvo que su espacio vuelve a ser ordenado de acuerdo a una simetría perfecta utilizando esta combinación binaria del doble/mitad, y donde la muralla vuelve a hacer su aparición como un guardián silencioso.
Es allí donde los espacios públicos y la organización interna de la urbe se unen lógicamente desde el punto de vista estructural, como lo hacen las entrañas a las arterias y las venas. Éste es el espacio en el que se combina la utilidad y la “belleza”: el puente para el necesario río que da vida a toda la ciudad y el jardín, lugar de recreo, curiosamente, para los hombres más malvados. Los accidentes geográficos, el río y una colina, dejan igualmente su huella sobre el plano y la disposición de la ciudad aprovechándose en un terreno tachado de extremadamente plano y seco.
Por otro lado, y en relación con éstos, encontramos la presencia del espacio privado que en Blackland no está representado por las viviendas de sus habitantes sino exclusivamente por la de un solo ciudadano, Harry Killer, el criminal dueño de tan poderosa ciudad. A pesar de este carácter de maldad y anarquía moral la construcción tiene las mismas designaciones de una gran ciudad en un país cualquiera: la inmoralidad no está reñida con el protocolo y las instituciones, al menos exteriormente.
El Palacio es indiscutiblemente el lugar estratégico de Blackland; situado en esta estructura semicircular al norte representa el poder señorial, visto desde todos lados en el lugar de la Estrella Polar: aquéllos que se sientan perdidos no tendrán más que elevar sus ojos hacia la cima para reencontrar el camino, su norte. Espacio privilegiado, el Palacio es el centro de todas las cosas, la morada de un dios encumbrado a las estrellas y la de un monstruo agazapado en el fondo de su caverna.
En última instancia, una vez cubierto el esqueleto urbanístico sólo quedan los alrededores para completar el cuerpo. Blackland al primer golpe de vista hacia el exterior se muestra como una perfección; los calificativos no faltan para sostener esta apreciación. Una ciudad limpia, cuidadosa de la belleza y el recreo a pesar de su terrible muralla. Ella es el oasis por excelencia en mitad del desierto, de la nada. La magia y lo increíble vuelven una vez más a despertar la conciencia de lo maravilloso racional, construido, dominado por el hombre: el prodigio científico y tecnológico contra el prodigio natural e indómito del desierto descontrolado. Cualquiera que viera el paisaje que rodea la ciudad no podía por menos que creerse en las puertas del Paraíso y, sin embargo, dentro se encontraba el infierno.4
Por otro lado, antes habíamos citado una verdadera segunda ciudad dentro de ésta con una estructura y organización propias. La Tierra Negra no está sola porque
Au milieu du vaste espace demeuré libre, il existait d’autres constructions ; une autre ville plutôt, incluse dans la première, dont les divers bâtiments, les cours et les jardins intérieurs courraient à eux-seuls neuf hectares. En face du Palais se dressait l’Usine (p.212)
Desde el momento en que la Fábrica aparece Blackland se encuentra dividida de pronto en su interior, una hermana gemela se alza a su lado, transformándose la ciudad entera en un monstruo de dos cabezas o, más bien, desde la perspectiva de un laberíntico complejo de Jonás comienza el recorrido hasta el vientre materno5. Solamente en este punto el lector empieza a sentir una débil esperanza.
Curiosamente su descripción física está ya hecha; si veíamos que para el resto de Blackland existía una cuidadosa atención concerniente a su aspecto exterior, la Fábrica representa el caso contrario, sólo una rápida pincelada por sus rasgos anatómicos principales que no se diferencian excesivamente de los de la otra parte de la ciudad. Sobre una base de nueve hectáreas varios espacios dan la primacía al interior a través de los patios y jardines que tienen su referencia física y moral en el edificio de la Fábrica cara a cara con el Palacio, como dos capitanes preparados, en caso necesario, para la batalla. Así, esta figura insiste mucho más en el vector interior, en el alma de una ciudad constituida por sus habitantes y su funcionamiento.