Blackland o la nueva Babilonia - LA LLEGADA A LA CIUDAD IMAGINARIA: BLACKLAND
2 - LA LLEGADA A LA CIUDAD IMAGINARIA: BLACKLAND
La expedición Barsac ha alcanzado su punto culminante; se han presentado extraños incidentes y los viajeros están cada vez más preocupados: sin comida, acompañados y abandonados por una nueva escolta de dudosa reputación y multitud de kilómetros delante sin suficientes caballos, muertos por envenenamiento. Las observaciones del viaje muestran ahora poblados incendiados y saqueados y sus habitantes, llenos de miedo y rabia, rehúsan la entrada y el alojamiento a los expedicionarios. Todo parece indicar que se dirigen hacia la catástrofe, las pistas que encuentran les hacen sentir que el caso será pronto cerrado.
Un componente esencial de esta caída progresiva es la premonición o advertencia por medio de la magia. Sin embargo en una novela de aventuras que no comparte su protagonismo con el género fantástico, lo maravilloso no es más que una nota exótica de estas regiones salvajes que sirve para marcar la diferencia entre la racionalidad francesa y los métodos africanos. Aún así, si observamos que esta intervención mágica para adivinar el futuro de algunos viajeros es totalmente falsa, vemos cómo el elemento maravilloso es ridiculizado y no será sino la ciencia tecnológica la que establecerá las pautas para designar lo posible y lo irreal.
La cohorte de poblados en el camino continua, llevando lenta y firmemente al desastre, a la agonía de la crisis. El tiempo, esa mano inexorable que impone la frontera entre la vida y la muerte, cuenta los días, minutos y segundos de la supervivencia con la necesidad impuesta de alcanzar el puesto militar francés más cercano.
Tras el paso por varios de estos pueblos indígenas los viajeros saben desde hace tiempo que alguien les sigue. Lo que no saben es que es la última vez que dormirán al aire libre ya que van a ser hechos prisioneros y trasladados a una ciudad fantasma: Blackland. Alrededor del 24 de marzo tiene lugar la llegada:
« Si, plus hardie que ces nègres pusillanimes, quelqu’un s’était aventuré dans le désert […] il aurait vu ce qui n’avait jamais été vu, ni par les géographes, ni par les explorateurs, ni par les caravanes : une ville»1 (p.205).
La exactitud geográfica del terreno se nos da desde el primer momento; una de las características de VERNE es esta generosidad de información y datos que no hacen solamente verosímil el texto sino también más científico. Blackland, la terrible Tierra Negra, aparece en esta inmensidad geográfica ignorada como una ciudad aislada de la que no se tiene conocimiento en ninguna parte; vive desde hace ya tiempo al margen de los mapas y guías sobre el país y sin embargo es una urbe plenamente poblada, con estructuras fijas e innovaciones increíbles más allá de sus dominios.
Blackland se trata sobre todo de una de las ciudades imaginarias de la literatura en medio de un territorio real que es recorrido por una expedición de ficción a la manera de los grandes exploradores del siglo XIX. Para analizar esta ciudad seguimos las indicaciones de ROUDAUT que establece ciertos criterios para organizar las ciudades imaginarias2, acotando la descripción en dos partes: una física y otra psicológica o interna.
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