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Blackland o la nueva Babilonia - PSICOLOGÍA DE LA CIUDAD

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CopyLeft Artículo de Teresa Baquedano - 01 de Octubre de 2006
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4. PSICOLOGÍA DE LA CIUDAD

La ciudad en L’Étonnante aventure parece casi humanizada por esta perspectiva dicotómica del ser humano alma/cuerpo y la necesidad de abrir esta vertiente se impone por la misma estrategia binaria textual.

El aspecto general de Blackland es de una mezcla imposible confrontando la simetría perfecta de su estructura al desorden psicológico, puesto que la heterogeneidad de sus habitantes, de su procedencia, hace de esta ciudad una segunda Babel.

Sin embargo, la sangre que corre por las venas de la ciudad, su elemento vital, está corrompido. Blackland está enferma porque sus habitantes están anegados en la impureza y el crimen, y así como el plano urbanístico se dividía en tres secciones éstos constituyen tres grupos particulares para cada una de las secciones: los Merry Fellows, el Civil Body y los esclavos, por orden de importancia.

Los primeros, aquéllos que habitan la zona privilegiada al lado de su jefe son los elegidos. Sus funciones como ciudadanos de primer orden consistían en una especie de policía militar y ser guardianes del cabecilla, su diversión en la de saquear poblados y guerrear constantemente con o sin motivo aparente. En un escalón más bajo, en el segundo grado, el Civil Body que no había podido entrar en la primera zona, esperaba a tener allí una plaza; su función era comercial. En último lugar y sin grado estaban los esclavos, un numeroso grupo del que se servían como se hace con la comida. Sus funciones eran las más penosas, ya fueran agrícolas o urbanas, y siempre amenazados por los dos otros grupos; sus vidas, como la arena del desierto, no valían nada sino que al contrario siempre eran puestas por las de los demás.

Éstos eran los habitantes de la Tierra Negra, por un lado el grupo de los que afligen, por otro el de los afligidos. La riqueza tecnológica contrasta con la penuria moral bañada por el Río Rojo, la gran tumba que transporta la sangre de los asesinados en la siniestra Tierra Negra.

En frente, en la segunda ciudad, ese lado que no se sobrepasaba nunca y que vivía como autónoma aislada en la propia Blackland, una isla dentro de otra isla, la Fábrica, reservaba otra clase de habitantes:

Cette population d’honnêtes travailleurs, qui contrastaient si étrangement avec les autres habitants de la ville, logeaient tous dans l’Usine, d’où il leur était rigoureusement interdit de jamais sortir. (p. 212).

Todos en los dos casos, eran los mejores, la élite de sus oficios, tanto los criminales más temidos como los obreros más cualificados y gracias a esta hiperbolización del “oficio” experimentamos una vez más la antítesis a la que nos estamos habituando: el factor maniqueo encuentra en los habitantes sus mejores aliados.

Por encima de esta gradación “psicológica” de los habitantes s encuentran los jefes, representantes del interior y de toda la ciudad: el criminal Harry Killer y el científico Marcel Camaret.

Harry Killer es el perfecto símbolo de la venganza, padre de la idea de Blackland más que su verdadero creador. No es más que el odio lo que le empuja a la construcción de la ciudad para crear un hogar que albergue al crimen y a la tecnología a la vez. La descripción de Su Majestad como llaman los expedicionarios a un rey de la anarquía moral, está marcada especialmente por los rasgos físicos al igual que Blackland, ciertamente hiperbolizada por la falta de características psicológicas favorables. En ella se unen los cabos de la inmoralidad y la fuerza bruta donde no se encuentra oportunidad alguna para el refinamiento del Mal. Todo en él es exagerado: su cuerpo, su carácter, sus borracheras y su odio.

C’est la tête surtout qui retient l’attention. Le visage est glabre, d’un caractère complexe, puissant et vil à la fois.

Le personnage n’est certes point banal. Tous les appétits, tous les vices, toutes les audaces, il les a sûrement. Hideux, oui, mais redoutable. (p.236)6

La exageración alcanza incluso a su nombre: Harry Killer no es más que una simple construcción para indicar “Harry el asesino”; con este pseudónimo oculta la identidad de William Ferney, un personaje doble marcado por un antes y un después. Sin embargo, nadie guarda su verdadera identidad en Blackland, salvo los obreros de la Fábrica y su director. La ciudad es en gran manera una ciudad fantasma, no existe en los mapas ni atlas geográficos, pero incluso sus habitantes han dejado de existir.

El ciudadano de Blackland ha sufrido un cambio vital, una renovación producida por la pérdida de su identidad anterior7 y la adquisición de una nueva vida consagrada a su pasión, oficio y diversión: el crimen. Un rasgo extraño de esta nueva identidad es que está constituida por dos nombres propios, nunca aparece un apellido como tal: Josias Eberly, John Andrew, Gilman Ely, etc. Esta chocante asociación que huye del patronímico manifiesta la simplicidad contenida en una identidad presente aportada por el nombre frente a la herencia y el arraigo del apellido por más que aquél sea inventado.

Por otro lado, Marcel Camaret, es el gran inventor de Blackland. Comprometido con esta tierra y encerrado en la Fábrica no vive en el mundo real, no tiene conciencia total del nombre de la ciudad, no se ocupa de otra cosa que de pensar y poner en funcionamiento nuevos inventos. Pertenece al modelo del sabio distraído, preocupado por la ciencia como si ésta fuera su único alimento, por sus invenciones como si fueran dignas hijas suyas:

Marcel Camaret était doué d’une énergie sans limite […] Il pensait. Il pensait fortement, il pensait uniquement et toujours […] machine à penser, machine prodigieuse, inoffensive- et terrible. (p. 215)

Si Killer era descrito en base especialmente a su impronta física y la manera de vestirse, Camaret es presentado a través de su alma y de rasgos psicológicos al igual que la Fábrica. Si los órganos de la fuerza y la potencia física estaban en las manos y músculos, esta vez los de la lucidez y la clarividencia se encuentran en los ojos y la cabeza8. El pensamiento es la vida de Camaret, perola genialidad, como el poder, tiene una doble cara: protección o crimen, razón o locura, según sus combinaciones el resultado podrá ser muy diferente; el azar en esta ocasión también juega con dos dados.

El genio ha sido siempre un desconocido, padre de la ciencia y de la tecnología él alumbra su obra pero no la cuida; ocupado en crear, otorga la libertad a su creación y parte en busca de nuevas invenciones, como Dios para los deístas, pone en funcionamiento la máquina y espera el resultado. Camaret, preocupado por su magnífica creación en Blackland no es más que un vidente ciego9, el demiurgo que aún no ha alcanzado la pureza total. No obstante, si Killer representa el orden impuesto, la norma y el terror, Camaret es el creador, la generosidad del don y el milagro racional. En el momento en que la derrota de Blackland es inminente sus últimas palabras serán dedicadas a su obra, es decir a su vida misma, a él mismo:

“La mort de mon œuvre!...la mort de mon œuvre !... […] Dieu a condamné Blackland !... ». Dans son esprit, Dieu c’était lui-même, évidemment à en juger par le geste dont il accompagnait la sentence de condamnation. (p. 371)

En último lugar, y como miembros honorables de la ciudad, no se pueden olvidar los inventos creados por Camaret y utilizados por Killer como testigos directos del desarrollo urbano, de la llamada a la tecnología. Hijos legítimos de Blackland, son los herederos de una sangre criminal a los que el tiempo, y quizá también el azar, intentará dar una nueva oportunidad a sus vástagos genéticos. Los planeadores, la telegrafía sin hilo, la utilización del campo magnético, la energía eléctrica y el teléfono, entre otros, asisten mudos al espectáculo urbano; dirigidos, son el único elemento neutro de la historia, aunque su uso no tiene más que dos posibilidades: como todo en la novela, el punto de equilibrio es prontamente llevado a uno de los dos extremos.

Killer y Camaret, son dos gigantes alma y cuerpo de una ciudad dividida cuyos habitantes no son más que piezas de sus ejércitos que haya que reponer llegado el caso. Una mala alianza la de la tecnología y el crimen que algunas veces puede originar buenos frutos. Sin embargo, tras plantar la semilla Blackland se convertirá en el escenario del más criminal de los juegos, del más importante de los robos: Killer, Prometeo desencadenado, Camaret, Zeus engañado, y en medio el fuego robado con astucia, triste historia en la que Prometeo acabará quemándose y Zeus resultará herido para siempre.

Así pues, Blackland, con su ciudadela y la Fábrica, cumple la imagen del más allá como un Avalon terrestre: la inexactitud de su emplazamiento, la dificultad para acceder, la imposibilidad de retorno -sólo vuelven los revenants, los muertos en vida, como los expedicionarios-y los grados cualitativos según los cuales cada uno sería colocado en uno u otro lugar, hacen de esta ciudad un conjunto que separa la muerte a una vida anterior y el renacimiento a otra nueva. Un conjunto que divide el área infernal, llena de burlescos demonios y cuyo jefe es un torpe diablo tan humanizado como poco inteligente, de la del purgatorio, más próxima naturalmente al infierno, en una ciudad que proclama su nombre de Tierra Negra donde el objetivo consiste en hacer méritos y añadirlos a la lista poco engrosada aún por los crímenes de su vida anterior. Finalmente, del otro lado del muro se extiende esa especie de Paraíso o reino de la inocencia en la que ángeles trabajan en la obra del creador, poderoso y débil a la vez, dando la vida y la libertad a sus máquinas, siempre reconocido y nunca alabado.

El desierto angustioso, la inmensidad del cielo y la amenaza de la piedra de esta Tierra Negra rígida como la terrible Esfinge que esconde tesoros desconocidos, guardiana de las puertas de la sabiduría y de la caída humana, advierten a todo aquél que, inexperto, quiera entrar: “El que entre en Blackland no volverá a salir…siendo el mismo”.

Autor y licencia de 'Blackland o la nueva Babilonia - PSICOLOGÍA DE LA CIUDAD'
Teresa Baquedano Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero26/blackla.html CopyLeft
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