Carácter hermenéutico del texto literario - Hermenéutica y literatura (o teoría y practica de la c

4 - Hermenéutica y literatura (o teoría y practica de la c

Artículo creado por Reynner Franco. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/hermen.html
08 de Octubre de 2006

“La disciplina que se ocupa clásicamente del arte de comprender los textos es la hermenéutica”13. Esta ocupación de la hermenéutica requiere el arte de “saber comprender”, el cual puede ser explicado en su complejidad –con lo que habría que entrar en todos lo detalles que implican el acto compresivo, quedando siempre la insatisfacción de no saber exactamente si es posible o no una comprensión unívoca–, o podría, más bien, practicarse la experiencia comprensiva tal y tan sencillo como sucede en la lectura simple de un texto literario. El primer modo sería la exposición de una teoría centrada en una realización con la que no se cuenta en el momento de su explicación; el segundo modo sería la descripción de una práctica que se revela como modo de ser fundamental de todo un sistema comprensivo. Esto último es lo que hace Gadamer con los textos literarios para dejar ver su carácter hermenéutico (o comprensivo), el cual, en un primer momento, es la conexión de diálogo y sentido.

Diálogo y sentido.

Como se ha dicho, toda práctica hermenéutica –para Gadamer– tiene la forma de un diálogo que, de no ser por un sentido implícito, no podría pronunciarse una sola palabra que pudiera dar continuidad a dicho diálogo. Este diálogo es una conversación que alguien mantiene bien sea consigo mismo o con otra persona. Estas formas de conversación no difieren entre sí si se mira la esencia del diálogo en lo interno de la conversación, o sea, en el decir y dejar decir. Todas las formas de diálogo, incluso el monólogo, cuentan con oír y hablar.

“El diálogo debe entenderse aquí en un sentido más ambicioso”14. Ese sentido es el de la conversación que amplía siempre la individualidad y se mantiene activa porque las intervenciones oportunas de los interlocutores (yo-tú, yo-yo, etc.) sostienen la producción de sentido por la pretensión precomprensiva de un “entendimiento mutuo”, el cual, junto con la producción de sentido, constituye el modo dia-lógico de la conversación, “...el intercambio palabra/réplica es lo que constituye precisamente un diálogo [...] Un diálogo muere en el instante en que el otro deja de seguirnos”15.

Sobre esta base, mantener un diálogo –según el autor– es “lo humano” del hombre, pero mantenerlo a pesar de todo. De hecho Gadamer atribuye la mayor dificultad literaria a la confección de diálogos, pues se está obligado a tener siempre presente el sentido del mismo sin derecho a extenderse y perderse en explicaciones o narraciones: “nada es tan difícil, al parecer, como escribir diálogos [...] Por ello Platón pudo designar justamente el pensamiento como diálogo del alma consigo misma”16. Donde hay diálogo hay un sentido siendo comprendido, es decir, hermenéutica en su significado más primario.

Diálogo y sentido están por tanto intrínsecamente unidos, pues un sentido no existe sin una actitud dialógica que la realice, y un verdadero diálogo solo existe si mantiene un sentido que se certifique en el acto que sostiene todo pensamiento que corresponda al “buen entendimiento”, a saber, al acto y voluntad de comprender. En este sentido, no se piensa algo a voluntad si no se comprende o pretende comprender algo. Podemos representarnos esto imaginando a alguien que cuenta algo, si lo que dice “tiene sentido”, los espectadores estarán comprendiéndolo hasta el punto en que si llegase a detener el discurso por no tener la palabra adecuada, cualquiera que lo haya seguido podría decirla o pensarla, con el único criterio de que tal término mantiene vivo el discurso porque lo hace comprensible, es decir, sigue un sentido. La relación entre diálogo y sentido se funda pues en el acto comprensivo del ser humano. De lo que se concluye que donde hay diálogo, hay un sentido (algo) siendo comprendido, es decir, hermenéutica elemental en proceso.

Texto literario como diálogo, o sea, como hecho hermenéutico.

“Aunque el lenguaje sea codificable y pueda encontrar una relativa fijación en el diccionario, la gramática y la literatura, su propia vitalidad, su envejecimiento y su renovación, su deterioro y su depuración hasta alcanzar las formas estilísticas del texto literario, todo esto vive del intercambio dinámico de los interlocutores. El lenguaje solo existe en la conversación”17.

Esta cita nos introduce en lo que podríamos llamar la vida de la obra literaria, pues, según lo visto hasta ahora, esa “vida” podría ser identificada con el modo puro y común del diálogo, es decir, la conversación. Desde el pasaje antes citado tendríamos que ampliar el concepto de lenguaje hasta que la generalidad de su significado se identifique con la respuesta a una necesidad previa, a saber, comprendernos. Es probable que a esto se refiera Gadamer cuando afirma que la vida del lenguaje se desarrolla hasta alcanzar las formas estilísticas del arte literario, de donde, el texto literario sería una especie de máxima expresión en la que el acto simple de conversar se convierte en arte, con lo que podemos poner en la base de la literatura un diálogo en el que se involucra todo el que accede al texto, contribuyendo así al desarrollo de su sentido.

Quien ha leído un texto literario –o sea, quien lo ha comprendido– ha seguido la conversación del autor y ha conversado con él acerca de algo: “...estar en conversación significa salir de sí mismo, pensar como el otro y volver sobre sí mismo como otro”18. Este sentido (de estar en conversación) es determinante para los textos literarios, pues estos han de ser comprensibles en sí mismos, es decir, deben poder ser dialogados por el que los lee. Y esa fuerza de conversación, por llamarla de algún modo, se funda en la transmisión de lo que Gadamer llama espíritu comprendedor: “no hay nada que sea una huella tan pura del espíritu como la escritura19, y nada tan absolutamente referido al espíritu comprendedor como ella”20. De donde la escritura y el espíritu comprendedor constituyen dos momentos de la hermenéutica. Es por ello que el texto literario podría ser comprendido como un hecho hermenéutico, pues, según vemos, representa un momento o elemento operativo de la reflexión hermenéutica. Nos basamos en el uso adjetivo de la palabra “hermenéutica” que puede deducirse de la concepción gadameriana de la esencia de la lectura: “cuando se trata de hermenéutica literaria, se trata de la esencia de la lectura”. De donde, el hecho hermenéutico puede ser comprendido como el objeto de estudio de la teoría de la comprensión, o como “operante” hermenéutico.

Fijemos nuestra atención en la descripción del concepto de “diálogo interno” que ensaya Gadamer al examinar el concepto platónico de pensamiento como diálogo del alma consigo misma: “En un diálogo así, con nosotros mismos, nos hacemos ofertas o las rechazamos, igual que el diálogo con el otro, hasta que obtenemos así un terreno común”21. Es justamente en este terreno común donde se funda la relación literatura-diálogo, lo que Gadamer llama en primer lugar: “hilo conductor”, el cual permite que pueda realizarse la “producción de sentido” tanto en un diálogo como en una obra literaria, pudiendo ésta ser comprendida como una forma de diálogo. Pero lo más determinado que puede llegar a ser ese sentido de la conversación, es el hecho de mantenerse en la comprensión de algo, de donde mantenerse comprendiendo, o buscar la comprensión de algo es, en suma, ese hilo conductor.

“Poema y diálogo se sitúan, uno frente al otro, como posiciones extremas. El poema adquiere existencia como «literatura», el diálogo vive del favor del instante. Pero en ambos se consuma el mismo fenómeno: la producción de sentido”22.

La “producción de sentido” es pues lo común entre diálogo y literatura. En ambas se cuenta con una dirección que mantiene y justifica todo lo que se va diciendo sobre algo, una dirección que se presupone: “si continúo hablando estoy obligado a presuponer que lo que digo tiene sentido”23.

Esta palabra clave (sentido), queda por tanto definida como dirección. Dirección de sí misma:

“El sentido es, como la lengua nos enseña, dirección. [...] Así, todos, cuando se nos dice algo, tomamos la dirección del sentido. El poema que comprendemos y cuyo testimonio nunca se agota, y el diálogo en el que nos encontramos y que, como diálogo infinito del alma consigo misma, no llega a su término, son formas de esa concepción de sentido”24.

Ante estas aclaraciones de Gadamer es inevitable intentar representarnos esa “dirección”, y preguntarnos ¿dirección hacia dónde?. Para Gadamer la dirección de sentido es inagotable, es sostener un diálogo “infinito” que se mantiene sólo por algo común: estar comprendiendo algo. Justamente por esto la literatura puede ser una recolección de sentido, es decir, de fragmentos que son conectados, por el lector, en su propio sentido: “Un poema es siempre un diálogo, porque mantiene constantemente la conversación con uno mismo”25, o también: “El poema nos guía más bien como un diálogo que se desarrolla en la dirección de un sentido inalcanzable”26.

A partir de estas consideraciones podría concluirse, desde Gadamer, que el diálogo constituye el carácter hermenéutico de la literatura, “lo que le da sentido”. El motor que mantiene vivo tanto al diálogo (o acto hermenéutico de suyo) como a la literatura (un modo de acto hermenéutico), es un fenómeno hermenéutico originario, a saber, la dirección de sentido fundada en la actitud esencialmente (pre-)comprensiva del ser humano.

ellos se encuentran
son entrelazados;
los mensajes,
cada uno habla para cada uno;
las palabras sin sonido
son filtradas
y en la palabra transformadas27

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