Cine Español y Europeo en las páginas de Nuestro Cinema - Etapas
3 - Etapas
Los números estudiados pertenecen a dos etapas de la revista, correspondientes a 1933 y 1935 respectivamente.
La atención concedida en la primera etapa de Nuestro Cinema al cine europeo se concentra en las secciones Panoramas Internacionales y Problemas Actuales.
En la primera sección el cine español es soslayado sin contemplaciones del panorama internacional, y la segunda, aunque se refiere a España, no lo hace a su cine. Podemos afirmar que en esta etapa la revista actúa como si no existiese producción cinematográfica nacional alguna; y en lo que respecta al resto de Europa, su visión es pesimista e incluso catastrofista:
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Francia aparece como una flor marchita: el pasado glorioso ha dejado lugar al imperio de la mediocridad de sus nuevos valores (entre los que menosprecia ni más ni menos que a Jean Renoir), y los realizadores de más edad se han estancado en la era muda. Si el fracaso artístico no es suficiente, a este se une el financiero, ya que esta industria no genera los beneficios apetecidos. En cuanto al tratamiento que lo social recibe en el cine francés, no merece sus plácemes, y duda que los realizadores extranjeros recién llegados a sus platós (Pabst entre ellos) cambien la situación. Halla una tendencia social de corte reaccionario en dicho cine, y protesta airadamente por las mutilaciones de que son objeto las obras cinematográficas extranjeras, ya sean soviéticas o alemanas, de contenido social.
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Alemania es, al menos, la patria de un cinema que genera beneficios. Sin embargo, se nos presenta como una industria que atraviesa una fenomenal crisis que ha dado lugar a grandes despidos. Por otra parte, ataca a este cine como portavoz de la propaganda capitalista alemana. Y, si elogia su calidad técnica, lo hace para remarcar su orientación comercial y la claudicación de sus preocupaciones artísticas y expresivas.
En cuanto a la segunda sección a que hacemos referencia, el panorama español ni siquiera merece atención, por ser como un moribundo al que sólo resta aplicarle la respiración asistida. Es significativo que en lugar de una sección titulada Situación del Cine Español, o Panorama Español, el apartado correspondiente se titule Problemas Actuales. En él se ocupa del tema de la formación de nuestros cineastas, que considera imposible sin una adecuada red de cine-clubes. Uno de sus artículos se refiere a las deficiencias que observa la revista en lo relativo a los informativos cinematográficos que se proyectaban en nuestras salas. Por último, se trata la cuestión de la crítica cinematográfica en nuestro país, su deficiente preparación y la que encontrarían adecuada para que pudiese llevar a cabo la labor que pretenden de ella: crear el sentido de la libertad y de la educación en las masas para revelarse (sic) y renovarse (p. 72).
En realidad, la revista quería organizar una corriente de crítica socio-cinematográfica que, como ella misma, actuase como arma ideológica. Para ello, le interesaba la existencia de una adecuada red de cine-clubes cuyas sesiones estarían diseñadas en función del adoctrinamiento de los espectadores. Al no haber en España dicha red, clama por su constitución.
La segunda etapa de la revista supondrá un cambio en lo que se refiere al blanco a que se van a dirigir prioritariamente sus invectivas: ya no el capitalismo, sino su hijo degenerado y monstruoso, el nazismo. Efectivamente, tras dos años en la cancillería, Hitler debía haber dejado clara su postura, y la revista reacciona con indudable energía.
La atención prestada al cinema español se convierte en la cuestión de fondo de Nuestro Cinema. Quiere ser un motor de cambio para la cinematografía española de acuerdo con lo que, a su entender, debe ser el cine: un arte realista, popular y pedagógico. En la primera etapa era algo que se intentaba arrancar, estimular desde sus páginas (salvo en el caso de las productoras privadas, de las que se burla irónicamente). En la segunda época, su mortecina existencia merece un espacio bastante mayor, entre otras cosas porque la revista ha abandonado su posición de que todo cine hecho en territorio capitalista debe perseguir acabar con el sistema: ahora está interesada en que exista algún tipo de cine nacional, una industria, por pequeña y renqueante que sea, que alimente el futuro cinema español. Evidentemente, N.C. se encontró con que no podía actuar sobre un medio una vez desaparecido este; de llegar a producirse la desaparición de toda industria nacional, su campo de acción quedaría limitado a la crítica de películas extranjeras, lo que sin duda haría tambalear notablemente su repercusión social y su propia razón de ser.
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