



Esto condicionaba completamente sus análisis: el cine como arte según el marxismo lo concibe; el cine como industria, ya por y para el pueblo, ya al servicio de las leyes de la oferta y la demanda; y el cine como instrumento propagandístico favorable o no a la ideología que profesaba la publicación. Ya en su título lo anuncia, aunque veladamente: Nuestro Cinema no se refiere tanto a nuestro cine español como al cine de nuestro signo.
Hoy en día esta parcialidad sistemática, considerada como falta de rigor científico, desautoriza sus análisis. Pero, al estar basada su labor en todo el corpus marxista de interpretación de la realidad, N.C. asumía que la aplicación metódica de sus principios la dotaba de un cierto cientificismo; este es el tono que a menudo encontramos en sus escritos.
En consonancia con una visión ideologizada de la realidad, el rotativo establece que hay dos mundos cinematográficos: el soviético y el occidental:
...afirmé que antes de cinco años, prácticamente, no habría en el mundo, frente a frente, más que el cinema soviético y el cinema americano internacional (...) Estas perspectivas que entonces producían escepticismos, han sido después confirmadas por los acontecimientos
(Leon Moussinac, en p. 61 del Nº 8/9).Dentro del cine occidental, el americano ocupa la primera posición, seguido por el agonizante cine europeo y, en último lugar, está el moribundo cine español. (Por cine europeo se entiende, básicamente, cine francés y alemán).
El enemigo, apuntado desde el principio, es el capitalismo, el sistema burgués, y la meta la llegada de la revolución y del nuevo orden marxista a nuestro suelo. Por esto, se ataca encarnizada e ideologizadamente al cine occidental; la revista acude una y otra vez, explícita o implícitamente, al principio de que no se puede concebir un arte desligado del medio por ser éste la expresión del mismo (p. 97): el cine, como arte que es, o es social, o no es cine.
N. C. estará constantemente abierta a las iniciativas de difusión de su ideología en el terreno cinematográfico, sea organizando cineclubes, suplementos para el cine amateur, divulgando en sus páginas documentos relativos a su movimiento, formando a la futura generación de cineastas... o simplemente clamando en el desierto, por ver si así, aunque sólo fuera eso, alcanzaba a ver un espejismo.
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