Cómo empezar una start-up - La gente, el equipo
Artículo creado por Eduardo Manchón. Extraido de: http://www.alzado.org
27 de Agosto de 2005
Adaptación de la empresa, e-Business, Modelos de negocio
6 - La gente, el equipo
Si una idea no vale nada y el valor está en hacerla funcionar, quien marca la diferencia es la gente capacitada para ello. La gente si es un elemento realmente decisivo, no la idea. Una idea la puedes cambiar sobre la marcha, pero difícilmente puedes cambiar a una persona.
No tengo reparos en decir que el equipo de Loquo era excepcional, la lista interna de correo para compartir ideas, tenía un nivel altísimo. Pero aún así pienso que lo definitivo fue la actitud abierta, las ganas de hacer cosas y de hacerlas bien.
La formación del equipo en Loquo fue un tanto sui generis por las características del proyecto. Como Loquo no tenía ingresos, ni había una empresa constituida detrás, pues no era más que un grupo de personas integrado por los fundadores Ubaldo y Lissette y más tarde por los colaboradores.
No había un procedimiento para la incorporación de personas, cada caso fue distinto, pero todos coincidimos en darnos cuenta de la buena idea que era Loquo y en nuestras ganas de aprender como funcionaba por dentro un proyecto así. En la mayoría de casos fueron los colaboradores los que buscaron a Loquo y no al revés, interesarte espontáneamente por Loquo, era el mejor aval para incorporarte al equipo.
Generalmente cada colaborador abría una ciudad, la suya de residencia. No había ninguna obligación, era un proyecto colaborativo “a la Linux”, cada uno trabajaba lo que quería y cuando quería. El gran número de personas involucradas en Loquo fue algo específico del proyecto Loquo y su crecimiento descentralizado por ciudades, por lo que no creo que se pueda extrapolar a cualquier proyecto.
Graham recomienda entre 2 y 4 fundadores para iniciar start-up. Para uno solo es demasiado trabajo, pero demasiada gente complicará tomar decisiones. Yo diría que dos o tres son el número perfecto.
Aunque los colaboradores de Loquo pudiésemos parecer incautos incorporándonos a un proyecto sin condiciones claras, el común denominador de todos era el deseo de aprender. No perdíamos nada ni estábamos obligados a nada, unos hacíamos más y otros menos, eso es lo natural. También es normal que el tiempo disponible de cada colaborador sea variable. Es inevitable que el que tenga más tiempo libre durante puntualmente trabaje más que el resto, luego suele pasar lo contrario.
Aunque pueda parecer extraño considero que esta práctica si es extrapolable a otros proyectos. En mi opinión personal, empezar a hablar de repartir cuando no hay nada que repartir y de obligaciones cuando no hay beneficios, no tiene mucho sentido. Si no te fias del resto de fundadores quizás te deberías plantearte por qué estás en un proyecto con gente de la que no te fias. Evidentemente si en el inicio alguien pone dinero la cosa cambia (hay contratos y todo eso), pero en un proyecto desde 0 y sin recursos la flexibilidad basada en confianza mutua es vital.
En mi caso como consultor independiente de usabilidad ∞muchas de mis ideas radicales de usabilidad que la mayoría de clientes no se atrevían a implementar, las pude poner a prueba con Loquo y sus millones de páginas vistas al mes. Esa experiencia vale literalmente su peso en oro para mis próximos proyectos e informes.
No tengo reparos en decir que el equipo de Loquo era excepcional, la lista interna de correo para compartir ideas, tenía un nivel altísimo. Pero aún así pienso que lo definitivo fue la actitud abierta, las ganas de hacer cosas y de hacerlas bien.
La formación del equipo en Loquo fue un tanto sui generis por las características del proyecto. Como Loquo no tenía ingresos, ni había una empresa constituida detrás, pues no era más que un grupo de personas integrado por los fundadores Ubaldo y Lissette y más tarde por los colaboradores.
No había un procedimiento para la incorporación de personas, cada caso fue distinto, pero todos coincidimos en darnos cuenta de la buena idea que era Loquo y en nuestras ganas de aprender como funcionaba por dentro un proyecto así. En la mayoría de casos fueron los colaboradores los que buscaron a Loquo y no al revés, interesarte espontáneamente por Loquo, era el mejor aval para incorporarte al equipo.
Generalmente cada colaborador abría una ciudad, la suya de residencia. No había ninguna obligación, era un proyecto colaborativo “a la Linux”, cada uno trabajaba lo que quería y cuando quería. El gran número de personas involucradas en Loquo fue algo específico del proyecto Loquo y su crecimiento descentralizado por ciudades, por lo que no creo que se pueda extrapolar a cualquier proyecto.
Graham recomienda entre 2 y 4 fundadores para iniciar start-up. Para uno solo es demasiado trabajo, pero demasiada gente complicará tomar decisiones. Yo diría que dos o tres son el número perfecto.
Aunque los colaboradores de Loquo pudiésemos parecer incautos incorporándonos a un proyecto sin condiciones claras, el común denominador de todos era el deseo de aprender. No perdíamos nada ni estábamos obligados a nada, unos hacíamos más y otros menos, eso es lo natural. También es normal que el tiempo disponible de cada colaborador sea variable. Es inevitable que el que tenga más tiempo libre durante puntualmente trabaje más que el resto, luego suele pasar lo contrario.
Aunque pueda parecer extraño considero que esta práctica si es extrapolable a otros proyectos. En mi opinión personal, empezar a hablar de repartir cuando no hay nada que repartir y de obligaciones cuando no hay beneficios, no tiene mucho sentido. Si no te fias del resto de fundadores quizás te deberías plantearte por qué estás en un proyecto con gente de la que no te fias. Evidentemente si en el inicio alguien pone dinero la cosa cambia (hay contratos y todo eso), pero en un proyecto desde 0 y sin recursos la flexibilidad basada en confianza mutua es vital.
En mi caso como consultor independiente de usabilidad ∞muchas de mis ideas radicales de usabilidad que la mayoría de clientes no se atrevían a implementar, las pude poner a prueba con Loquo y sus millones de páginas vistas al mes. Esa experiencia vale literalmente su peso en oro para mis próximos proyectos e informes.
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