Debe introducir al menos 3 caracteres en el buscador.
Inicio / Wikis / Artículos / ¿Cómo transmitir hoy el latín? Algunas ideas - ¿Cómo transmitir hoy el latín? Algunas ideas

¿Cómo transmitir hoy el latín? Algunas ideas - ¿Cómo transmitir hoy el latín? Algunas ideas

 ----- 
Creative Commons Artículo de Raúl Lavalle - 27 de Diciembre de 2005
Temas Relacionados: FilologíaHistoria
1. ¿Cómo transmitir hoy el latín? Algunas ideas
Desde hace mucho tiempo se renueva la pregunta: ¿cómo hacer que la enseñanza del latín no despierte la oposición y disgusto de la comunidad? Con esta última palabra queda bastante claro que no me refiero solamente a los alumnos. No pretendo conocer todas las respuestas que se han dado. Por otra parte, aunque ellas aspiren a ser generales, no es lo mismo enseñar en Francia que enseñar en Argentina; y no es lo mismo enseñar en Buenos Aires, una urbe en algo comparable a la Roma de Ovidio, que enseñar en un modesto colegio de provincia –aunque los habitantes de Buenos Aires siempre nos quejemos de la jungla de cemento. Me propongo aquí ensayar una respuesta personal, basada en mi propia experiencia en la enseñanza del latín. No necesito aclarar que tal respuesta será muy incompleta. El presupuesto fundamental de mi modesto pensamiento es que no debemos “empequeñecer” la lengua de Roma.

*

En efecto, muchas veces se tiene una idea muy restringida. Algunos profesores tienden a pensar que este estudio es solamente para conocer a los autores latinos; y su número suele ser reducido a los antiguos. Recuerdo haber leído en un poema de Borges que un inglés aprendió el español para poder leer el Quijote, pero admitamos que no es el camino habitual, ni el más lógico. Lo más lógico es comenzar con cosas más sencillas (p. ej. la Vulgata, Eutropio), y después recién pasar a Cicerón, a los poetas, al temible Tácito.
Ahora bien, lo anterior se aplica a quienes, como yo, usamos el aburrido método gramatical. Sin embargo hay en la actualidad un nutrido grupo de estudiosos que propone un método semejante al que se usa en las lenguas modernas. Tal empeño está apoyado por publicación de libros, historietas, boletines; también por la Red y por otros medios audiovisuales. Para no abundar, mencionemos solo el Asterix en latín y Melissa, boletín bimestral editado por Guy Licoppe en Bruselas1. En nuestro medio, el P. José Juan Del Col defiende el cultivo del latín como lengua viva2. Crece también día a día el número de poetas neolatinos: mencionemos, entre otros cuyos textos se hallan en la Red, a John Lee (Australia), a Alain Van Dievoet (Bélgica) y a Brad Walton (Canadá). Pero es una saludable práctica usar el latín; quiero decir, hacer notas personales, pequeños mensajes o cualquier otra cosa, escribiendo como mejor podamos. Es preferible tener errores, que luego iremos poco a poco enmendando. Si nos comunicamos con otros, mucho mejor.
Decíamos antes que en casi todas partes hoy se suele dictar la materia no solo como latín, sino como latín y literatura latina, como lengua y civilización; en fin, con nombres que respondan más o menos a la realidad de cada lugar de enseñanza. Así debe ser, y esto exige que el profesor tenga los ojos bien abiertos.
En efecto, puede y debe ocuparse de historia, de literatura y de artes, pero no hay que hacer de esto un fanatismo. Veamos un ejemplo; es interesante conocer cosas de la vida cotidiana de los romanos, porque esto nos enseña también cómo es la vida de hoy. Para ello hay libros muy entretenidos3. Algunos museos –no siempre en nuestro medio– hacen una labor muy didáctica, pues ponen a disposición del público diversas réplicas de objetos antiguos4. Pero la mayoría de los países son bastante pobres y no siempre tienen esos museos tan organizados ni cuentan con suficientes medios educativos. Es verdad, pero el ingenio no cuesta tanto. Por ejemplo, los propios alumnos pueden hace sencillos calcos, dibujos, maquetas; todo con poco o con ningún costo. Se puede trabajar asociadamente con profesores de áreas como historia y artes plásticas. En fin, la creatividad contribuye mucho a hacer más interesante la materia y a mostrar su vinculación con otros temas.
Todo esto está muy bien, pero otra cosa es conocer todas las batallas y detallar el cursus honorum y todas las magistraturas civiles y militares de la Roma antigua. ¡Sobre todo hoy, que estamos hartos de la enorme cantidad de entes y funcionarios gubernamentales, que muy pocas economías pueden solventar! También para esto vale el principio de enseñar lo que razonablemente se puede aprender: no se trata de enseñar a sabios sino a neófitos (y a estos neófitos, bombardeados por los media).
No hay que confundir un estudio avanzado, como el que se hace en la investigación universitaria, con uno de carácter general, para iniciar en la sabiduría, en el paladeo de las cosas del mundo antiguo. Aunque hay en el mundo estudiantes secundarios que llegan a un muy buen conocimiento del idioma5, se debe seleccionar bien lo que se enseña. Otro ejemplo es el de la métrica. Está bien que los alumnos tengan unas nociones sobre cómo versificaban los antiguos, pero no es necesario abundar en todos los metros horacianos. La prudencia del profesor regulará la dosis, para que el fármaco sea un remedio y no se transforme en un veneno.
El latín, como es bien sabido, fue lengua académica durante muchísimo tiempo, y no hace falta esmerarse mucho para ver todavía varios efectos de este dominio. Empecemos por la ciencia. El jueves 29 de octubre de 1992 la sede neoyorquina de la casa Christie’s realizó una gran subasta de libros. Se destacaba por la gran cantidad de títulos relacionados con ciencias naturales y medicina. Decenas de ellos pertenecían al coleccionista argentino Juan Carlos Ahumada6. Las piezas, muy antiguas y raras (desde el 1500), lamentablemente ya no están en Argentina, pero todos los países conservan en sus acervos bibliográficos obras médicas o de naturalis historia. No es mala idea mostrar en clase fotografías de portadas de libros semejantes, que se encuentran en cualquier enciclopedia y en la Red.
Esa tarea tiene un doble valor: enseña algo de latín, enseña respeto por el libro antiguo y también nos pone en contacto con las artes del grabado, que suelen ilustrar tales tesoros. De allí se puede pasar con toda naturalidad a la consideración del latín como lengua de ciencia, pues se lo halla en los nombres técnicos de especies y en el propio vocabulario actual. Incluso las palabras griegas, dominantes en la ciencia y en la tecnología, han pasado a las lenguas modernas a partir de las transcripciones latinas.
Relacionado con lo anterior hay otro tema: el latín como lengua de mapas y grabados. No nos referimos necesariamente a costosas ediciones para bibliófilos, pues hoy en muchas casas las paredes están adornadas con reproducciones en serie de tales obras. En cada Orbe de las Tierras suelen estar escritos, en latín por supuesto, los nombres geográficos de esa imago mundi. Se puede llamar la atención sobre este aspecto de la latinidad; de paso, mostrar que los nombres antiguos latinos no son cosa del pasado, sino realidades vivas y vigentes. Y no hablamos solo de Europa, donde la identificación con los sitios actuales es más evidente, sino de todo el mundo: por ejemplo la provincia argentina de Misiones, por las Missiones de los jesuitas en un territorio que hoy se reparte entre Paraguay, Brasil y Argentina. Por lo demás, comprender las inscripciones latinas sobre cuadros y grabados ayuda a captar mejor el mensaje de estas obras.
Otra significativa presencia del latín está en las inscripciones. En todas las ciudades encontramos en monumentos, en iglesias y en edificios públicos y particulares alguna palabra o alguna frase que condensan un jugoso pensamiento. Muchas veces lemas brevísimos dan lugar a un intenso diálogo. Por ejemplo, en el frontispicio de una escuela de Buenos Aires reza LIBER LIBERAT (no me arrepiento de poner “rezar”, porque ese edificio tiene forma de templo griego; además, es un templo del saber)7. Los diccionarios dan como primer sentido de liber la ‘parte viva de la corteza’ de un árbol; ‘libro’ es un segundo sentido. En todo caso, es seguro que liber (con i breve) no tiene relación etimológica con liber, ‘libre’. Decir que el libro hace libres a las personas es un interesante juego de palabras, y es verdad; pero no tiene sustento etimológico. Aclarar este y otros errores parecidos, muy frecuentes, no solo es proceder in nomine veritatis, sino también despertar el interés por el conocimiento del latín y de los orígenes de las palabras, que tanto las iluminan.
Otro error muy difundido es el de adolescente. Se repite hasta el cansancio que un adolescente es alguien que adolece de algo. En realidad cualquier período de la vida carece de muchas cosas (¡si lo sabré yo, que transito esta tercera edad!), pero en latín adolescens es el participio de un verbo que significa ‘crecer’: no hay ninguna idea de carencia. Y para terminar con esto, la idea de que invidia proviene de no-ver lo bueno que hacen los demás. En mi experiencia de clase suelo decir eso, apelando a una didáctica por el error. Una vez que han aceptado esta explicación falsa, entonces les doy la verdadera: in no es negativo, sino que significa ‘en’. Envidiar es ‘aojar’, ‘hacer a alguien el mal de ojo.’ Todos estos comentarios mueven el interés de parte de los alumnos, según mi práctica de la docencia.
Propaganda, palabra latina que define con economía un fenómeno que llena nuestra vida diaria. Tanto en la propaganda política como en la comercial, los antiguos romanos tuvieron algo que ver. Las inscripciones de Pompeya, la célebre ciudad sepultada por la lava del Vesubio el año 79 d. C., nos ha conservado anuncios políticos: C. Iulium Polybium aed.; panem bonum fert (‘voten como edil a Cayo Julio Polibio: da buen pan’); como se ve, las promesas electorales no empezaron hoy. También hay graffiti con avisos comerciales: Edone dicit: assibus hic bibitur; dipendium si dederis, meliora bibes; quattus si dederis, vina Falerna bib(es). Edone es la dueña; con un as se puede beber; mejor, si tienes un doble as; y mucho mejor, si tienes cuatro ases, pues te darán Falerno, célebre vino de la región de Campania8.
Algunos ámbitos son más propicios para las referencias a Grecia y a Roma. Por ejemplo, lo que tiene que ver con la medicina: Medicus, Qualitas, Pragma, Excelsitas, Phoenix y Andrómaco son nombres de asociaciones médicas o de laboratorios9. También cosas relacionadas con el turismo, como los hoteles Omega, Minerva, los albergues Apollon y Iolkós10; todo el mundo tiene presente la corona láurea de la cadena Sheraton. Varios restaurantes, tal vez por asociación con ciertas comilonas que aparecen en las películas ambientadas en la antigüedad, tienen nombres significativos: Carpe Diem, AVGVSTVS, Nerón, Trajano, Sócrates, Rara Avis y Arena (pizzeria trattoria que está justo enfrente de la célebre Arena de Verona, Italia). Abunda esta clase de nombres en casas de arte, decoración y antigüedades: Enea, Corinto, Summa, Domus. Y en librerías: El Ave Fénix, Petronio, El Ateneo11.
No deseamos extendernos, pero recordemos que el latín es fundamental para la heráldica; en efecto, es muy fácil hallar un motto del tipo in hoc signo vinces, duc in altum, sic itur ad astra, pave vel spera. No pensemos en la heráldica como una cosa solo para científicos de esa disciplina, para genealogistas o para historiadores: todas esas frases latinas se encuentran también en la publicidad.
Como siempre se sostiene, los romanos fueron transmisores de la civilización griega. Quizás alguien les reproche haber adulterado la pureza del mensaje. En primer lugar, ese mensaje griego (si había uno solo) no era perfecto; en segundo, nadie transmite perfectamente nada, ni lo propio ni lo ajeno. Yo diría que cumplieron muy bien esta misión histórica, pero no es este el lugar para discutirlo. Tengamos aquí presente, nada más, que nuestra enseñanza del mundo romano no puede obviar este aspecto: Roma como transmisora del mundo griego. Por ejemplo, si explicamos comedia latina, sería muy conveniente dar a leer alguna comedia de Aristófanes o de Menandro; si explicamos Catulo y Horacio, dar a leer algunos de los fragmentos de los líricos griegos arcaicos; no puede entenderse la Eneida sin por lo menos algunas nociones sobre Homero. Análogamente, conviene dar a leer buen número de obras de la literatura posterior que completen el eje Grecia-Roma-herencia grecolatina. No en vano escribió Polibio: “Pues los romanos son buenos como el que más para cambiar sus costumbres, y también capaces de imitar lo mejor.”12
Otra existencia real del mundo clásico es la que se ve en las monedas. La influencia de los antiguos diseños sobre los actuales es inacabable, pero quedémonos con unos pocos ejemplos. Uno de los más obvios es el de las cabezas de emperadores; por ejemplo, fuera de lo europeo, una moneda de un lempira, de 1931-1937, con la cabeza de ese indio13. Personificaciones como la de dea Roma se reflejan en las diosas patrias Galia y Confoederatio Helvetica. Algunas monedas tienen frases en latín; tal el caso: D. G. BRITANNIARUM REX (‘por gracia de Dios, Rey de Inglaterra’). En fin, lo interesante es que los chicos pueden traer a clase sus propias monedas y, con la guía del profesor, mostrar el influjo del mundo romano.
Si recuerdo cómo fue mi primer acceso al mundo antiguo, tengo que decir que a través de la historia y de la mitología. En realidad no había tanta diferencia entre ambas, pues por historia no entendía yo los rigurosos caminos de investigación de esa ciencia, sino los relatos sobre esos grandes hombres que tal vez no fueron tan grandes, al menos desde nuestra moral (¡tan pura!). En efecto, el género literario anécdota embellecía las gestas de griegos y romanos.
Recuerdo también que había una revista llamada, poco más o menos, Joyas de la mitología, creo que hecha en México. A la vejez no puedo recibir con candor juvenil tales relatos, pero no sin sorpresa observo que varios jóvenes se interesan en los mitos. Fuera de las interpretaciones que puedan hacerse sobre ellos, a algunos alumnos les resultan atractivos los relatos en sí: como yo hacía, disfrutan aprendiendo que la araña alguna vez fue una tejedora lidia14. Para que no se crea que esto es solo una opinión mía, muchos libros hay hoy sobre los mitos, prueba esta elocuente del interés que despiertan y seguirán despertando15. Como profesores, no debemos desaprovechar la ocasión que se nos ofrece de introducir a los chicos en el jardín de rosas de la mitología clásica. Más de una vocación por los estudios griegos y latinos nacerá de allí.
Universalmente Roma es símbolo del derecho y de las leyes. Tampoco desaprovechemos esto que muchos alumnos saben antes de venir a nuestras manos. Como dijimos antes, no se trata de enseñar en detalle las magistraturas, pero yo mismo me he sorprendido ante el interés que demuestran los chicos cuando leen La conjuración de Catilina. Tal vez sus tiernos oídos pensaban que antes todo iba mejor y no sabían que omnia Romae venalia esse –así se expresaba Yugurta sobre la reina de las ciudades16. Repetimos, sin caer en detalles innecesarios podemos vincular, desde el derecho y la organización social y política, al mundo antiguo con el de hoy. Suelo referirme en clase a las fasces de los lictores, e indico a los alumnos que pueden verlos en la fachada del palacio de los Tribunales, en la ciudad de Buenos Aires. Más de uno entonces recuerda haberlos visto, aunque sin haber comprendido la presencia de las hachas.
La explicación de alguna expresión jurídica frecuente (p. ej. lis adhuc sub iudice est o capitis damnare) puede incentivar el conocimiento de estos temas. Creo que en otros tiempos Derecho Romano era una materia obligatoria; aunque en estos días sea optativa, hoy bastantes abogados y estudiantes de leyes sienten la necesidad del conocimiento del latín como instrumento.
El latín es madre de lenguas, como todo el mundo sabe, y siempre se insiste en que su conocimiento ayuda a aprender las lenguas románicas. Pero desde la clase se puede hacer mucho; por ejemplo tomando textos bilingües de autores modernos. Sin necesidad de que el alumno haya estudiado antes esas lenguas, el profesor puede explicar la relación con las palabras latinas que fueron origen de las que aparecen en el poema (digo poema porque quizás sea más fácil hacerlo con una obra completa breve, antes que con un fragmento en prosa). Muchas veces la relación será evidente, como en las derivaciones de modus, simplex y mare; otras, la mano docente será la guía. Si no se dispone de ediciones bilingües, el profesor puede improvisar una traducción para uso de clase –no importa que no sea perfecta. A propósito de esto, por suerte cada vez hay más de esas ediciones, que permiten leer en lengua materna pero también permiten la mirada a las voces venerables. Ya sé que muchos estudiosos dicen que es un error didáctico enseñar latín y griego con textos bilingües: no es el lugar para discutir eso, pero puedo decir de mí que aprendí esas lenguas en buena parte gracias a la colección de Les Belles Lettres17.
Para bien o para mal, a los chicos les gustan las peleas y diversas formas de combate. La televisión y el cine son generosos en la producción de películas y series donde abundan trompadas y patadas de principio a fin. Puede canalizarse parte de esa inquietud explicando algunos aspectos del ejército romano, sin necesidad de descripciones minuciosas. Aprovechando el talento de algún alumno dibujante, podemos tener en clase un campamento romano y todo el equipo de un legionario. Por otra parte Astérix es bien conocido, a veces incluso en sus versiones latinas18. Además hoy ha crecido el interés por los temas bélicos, en los cuales la lengua madre tiene siempre algo que decir: no en vano soldados de colección, libros, insignias y uniformes conforman dentro del coleccionismo el rubro llamado militaria.
Vayamos un poquito a ciertos medios de hoy: el correo electrónico y la conversación19 a través de la Red. Creo que es una buena idea usar breves frases y párrafos latinos cuando nos comunicamos con los alumnos; por ejemplo, para enviarles determinado material. Mi experiencia me enseña que no les desagrada recibir mensajes en latín; los mejores alumnos se animan a contestar del mismo modo (¡no esperemos aquí la escuela de Cartago!); otros piden disculpas por no poder hacerlo, pero muestran que comprendieron lo escrito. No he logrado aún que se comunicaran alumno con alumno.
Otros medios más tradicionales, que son más convenientes todavía en la enseñanza del latín, son exposiciones, festivales, jornadas; todo esto estimula la participación de los alumnos y contribuye a que los profesores nos saquemos algo de nuestra rutina. Una buena fecha para estas actividades es el 15 de mayo, fijado por la Unión Latina como Día de la Latinidad20. En varios países del mundo hay importantes actos para celebrarlo, y la escuela no conviene que esté ausente de tal inquietud. Todos adquirimos una mayor conciencia de lo que significa nuestra herencia: como siempre se dice, no es solo el latín, sino que se refiere a la inmensa cultura de todos los pueblos que hablan lenguas romances. ¿Pero tratar de resumir en una jornada un mundo tan amplio no es poner puertas al campo? Es cierto, pero hay remedios: pueden elegirse determinados aspectos (temas, países, motivos, artes diversas). Por otra parte, no es malo que la latinidad abrume con su maravillosa presencia, que se enriquece con los aportes de distintas culturas y etnias que caminan bajo su luz.
Como observamos en todo momento, el latín se relaciona cum omni re scibili. Para quedarnos solo con poco, no olvidemos enseñar que otras lenguas no románicas tienen bastante de latín. Empecemos mostrando aquellos cultismos latinos, de abundancia irreemplazable. Pero, en el caso del inglés, es interesante mostrar cómo, a través del francés de los conquistadores normandos medievales, la lengua de Roma es una parte importante de lo que después se llamó el inglés o los ingleses. R. R. Reid (díganme si es hombre o mujer: Angli omnia convertunt!) hace un experimento: “The enduring Roman influence is reflected pervasively in contemporary language, literature, legal codes, government, architecture, medicine, sports, arts, engineering, etc.” En esta oración, “if we removed all the words drawn directly from Latin, the sentence would read: ‘The.’”21 Sin duda las palabras de la frase fueron elegidas cuidadosamente pero, salvo en el caso de pervasively, nadie osará decir que no son habituales en esa lengua.
Vayamos ahora a un género que goza, felizmente, de buena salud. En efecto, la novela histórica es un buen medio para encaminar a los jóvenes por estos estudios. Los ejemplos de los seguidores de Sir Walter Scott son muchos y de diversos colores: Howard Fast con Espartaco, Pauline Gedge con Águilas y cuervos, Rex Warner con Pericles el ateniense, Gisbert Haefs con su vida de Alejandro de Macedonia, Steven Saylor con la serie de su detective Gordiano, que vive en época de Cicerón... En fin, la historia es de por sí un género literario (al menos en la antigüedad), pero aquí es doblemente literaria, pues adquiere conciencia de su ínsita naturaleza artística. Mas la lista de lo que se puede hacer en clase es inacabable, como la imaginación; ya es tiempo de resumir lo dicho en forma de conclusiones.
*

Repetimos primero que no discutimos sobre los métodos para enseñanza de la lengua. Alguna referencia habíamos hecho a la tendencia que parece ganar más adhesiones cada día: enseñar el latín como lengua viva. Yo pienso que están en lo cierto, pero no creo que sea esta la ocasión para hablar de ello. Me declaro, eso sí, de antemano incompetente para aplicar tal método en un ciento por ciento; pero por exclusiva culpa de mi ignorancia.
En el fluir de conciencia de las páginas pasadas hemos expuesto con cierto desorden elementos de una idea central: la vastedad del latín. Esto no es casual. Por eso hay un Día de la Latinidad, porque es real esa conciencia de pertenecer a un mundo amplísimo, a una suerte de imperio cultural. Pero fue así casi desde un principio, pues ya lo había advertido Antoine Meillet en su Esquisse d’une histoire de la langue latine. En efecto, el griego no logra imponerse los pueblos que reciben su colonización, sino que en muchos casos es expulsado (hoy solo se habla en Grecia, en Chipre y entre griegos de la diáspora reciente). En cambio el latín se convirtió en lengua de España, de las Galias, de Italia, de África Menor, de Iliria; y a través de estos ámbitos se ha extendido por los océanos. Además, en Oriente en época cristiana cada pueblo traduce la Biblia y crea una lengua litúrgica: el eslavo, el copto, el siríaco, el armenio, el sogdiano. En Occidente no ha habido más que una lengua: el latín. Ante este panorama, ¿cómo no sentir un sano orgullo de pertenecer a la riqueza de nuestra comunidad lingüística?
Esta magnitud de la civilización que lleva consigo la lengua romana excede largamente lo académico. He tratado de abrir un panorama sobre su presencia permanente en la vida diaria (artes y espectáculos, comercio, lenguaje, historia y política); tal presencia no es solo visible en la vieja Europa. Creo que, si somos capaces de llevar esto a las aulas y a los medios, vamos a dar pasos importantes en la difusión de nuestro patrimonio cultural.
En cuanto a la vida del aula, indudablemente que dedicar tiempo a estas iniciativas de “mostrar la grandeza del latín” va a sacar minutos a las declinaciones, a las subordinadas y a los verbos deponentes. No predico una abstinencia de gramática. Más bien la idea es insistir en lo que hacen los actuales textos: lengua y cultura como cosas inseparables. En todo caso, mi humilde propuesta es la de ampliar el concepto de “civilización romana”; de considerarla “eterna”: en efecto, nunca termina de agotarse y siempre se reviste de nuevas formas vitales.
Con las tácticas que acabo de resumir está claro que no pretendo resucitar muertos; desde que el mundo es mundo hay alumnos diligentes y alumnos holgazanes. De todos modos, a lo mejor es posible servirse de estos medios para despertar a quienes no duermen un sueño tan profundo. No nos desanimemos por nuestros fracasos, pues todos olvidamos lo que aprendemos. Los alumnos, tanto los buenos como los malos, siempre sabrán algo de latín. No lo digo yo; lo dijo Borges:
Las traducciones españolas [scil. de Camões] son mediocres y pensé que hay algo que no puede sustituirse y que es oír la voz del poeta a través de sus palabras, y así yo he leído arriesgadamente, imprudentemente, pero sé que con una recompensa suficiente, La Divina Comedia y Los Lusíadas, sin saber ni el italiano ni el portugués, porque esos dos idiomas y el español son formas del latín. Yo alguna vez supe el latín, lo estudié durante cinco años y en algunos de mis poemas he dicho que el olvido del
latín –eso podría aplicarse a mi conocimiento del latín– ya es una posesión. Haber olvidado el latín es algo, es una disciplina y nos acerca a tantos idiomas22.
Autor y licencia de '¿Cómo transmitir hoy el latín? Algunas ideas - ¿Cómo transmitir hoy el latín? Algunas ideas'
Raúl Lavalle Extraído de: http://www.santiagoapostol.net/grammaticus/modules.php?name=News&file=article&sid=13

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.

Wikis relacionados con '¿Cómo transmitir hoy el latín? Algunas ideas - ¿Cómo transmitir hoy el latín? Algunas ideas'

Las ideas de nacionalismo y Europa se reelaboran en los textos periodísticos mediante procedimientos lingüísticos.... Más »
Los lectores no entramos nunca en contacto con el texto novelesco de modo directo sino... Más »
Al observar las numerosas contradicciones que se producen entre las distintas exégesis dedicadas a la... Más »
En el presente trabajo se analizan los resultados de un grupo de investigaciones que... Más »
Se entiende por escenografía la labor de creación y diseño del decorado para una puesta... Más »
¿Estás seguro de que deseas eliminar este capítulo?