La gestión de proyectos es necesaria. Voy a utilizar, como ejemplo, una sencilla definición por la cual gestionar un proyecto sería realizar las acciones destinadas a garantizar las expectativas planteadas en el mismo.
Si concretamos la palabra “expectativas” en los ámbitos de alcance, tiempo, plazo, coste y calidad y nos referimos a proyectos “complejos” en cuanto tiempo necesario, personal implicado, etc. veremos que “garantizar las expectativas planteadas” va a ser una tarea de repartir bienes escasos (el esfuerzo dedicado.)
El gestor del proyecto será quien se encargue de establecer el compromiso entre nivel de calidad – objetivos logrados, frente a tiempo – esfuerzo dedicados. A mayor tiempo y esfuerzo dedicados, mayor calidad y objetivos logrados, aunque también mayor coste.
En un proyecto, es necesaria la persona encargada de velar por lo intereses del cliente ante su empresa, y luchar por una correcta asignación de recursos y esfuerzos, pero por otro lado, no sirve para nada un gestor de proyecto incapaz de controlar la presión ejercida por el cliente y que solo se ocupa de traspasarla o multiplicarla hacia su equipo, una de las tareas más importantes será conseguir que el equipo pueda desarrollar su trabajo con normalidad.
Llevar a cabo la gestión de un proyecto, desde mi punto de vista, comienza con realizar una planificación (más concreta cuanto más complejo sea el proyecto) y disponer de una metodología de documentación y medida del avance. Todo ello debe estar personalmente asumido y lo suficientemente transmitido al resto del equipo.