Lo que en un principio fue una herramienta de trabajo en común de las distintas universidades de Estados Unidos, se ha convertido en un medio de comunicación más de cualquier hogar del mundo. Este medio de comunicación podríamos decir que es el paradigma de la informática en su sentido etimológico. Informática es un acrónimo de origen francés que consiste en la fusión de dos palabras: información y automática. Como no podía ser de otro modo, me estoy refiriendo a Internet. Internet es un universo de información de acceso inmediato en el que cualquiera puede empezar buscando un término del todo desconocido para él y salir siendo un experto en dicho tema. Esto es posible gracias a la gran cantidad de información que se tiene y, sobre todo, a la existencia de buscadores, meta-buscadores y directorios que estructuran la información de forma que sea fácilmente clasificable.
Esta inmensa enciclopedia tiene un peligro, y es la escasa protección de los derechos de autor que brinda. No ya solo por la facilidad de copia de sus contenidos, sino por ser un ámbito totalmente plurinacional:
Una persona rusa puede copiar un libro de Gabriel García Márquez traducido al chino, publicarlo en un PDF que cuelgue en un servidor de Estados Unidos y lo vea una persona que está en Costa de Marfil.
Se está violando los derechos de autor de un ciudadano colombiano ¿pero dónde? Obviamente en Rusia ya que la comete un ruso, pero ¿cómo se persigue? Con este tonto ejemplo uno se puede dar cuenta de la complejidad que puede tener esto para una editorial. No ya en la definición de la violación de los derechos, sino a la hora de perseguir dicha actuación delictiva.