Publicado el 03-04-200
"Cuanto más larga es la clave que quieres generar, más largo es el proceso. Randy intenta generar una ridículamente larga. Le ha comentado a Avi, por medio de un mensaje cifrado, que si cada una de las partículas de materia del universo pudiese emplearse para construir un único superordenador cósmico, y ese ordenador trabajase en intentar romper la clave de cifrado de 4096 bits, le llevaría más tiempo que toda la vida estimada del universo.
Empleando la tecnología actual -le respondió Avi- eso es cierto. Pero ¿qué hay de los ordenadores cuánticos? ¿Y si se desarrollan nuevas tecnologías matemáticas que simplifiquen la factorización de grandes números?
¿Cuánto tiempo quieres que sean secretos esos mensajes?- le preguntó Randy en el último mensaje antes de abandonar San Francisco-. ¿Cinco años? ¿Diez años? ¿Veinticinco años?.
Después de llegar al hotel esa tarde, Randy descifró y leyó la respuesta de Avi. Todavía la tiene colgada frente a los ojos, como la imagen remanente de un flash:
"Quiero que sigan siendo secretos mientras los hombres sean capaces del mal."
(
Neal Stephenson, "Criptonomicón")
El uso de la criptografía como herramienta para asegurar el secreto de las comunicaciones, normalmente con fines diplomáticos, políticos o militares, se remonta a tiempos muy antiguos. Ya Herodoto, en su Séptimo Libro de la Historia, narra cómo gracias a un mensaje secreto, los lacedemonios conocieron los planes de Jerjes para invadirles, y así pudieron preparar con éxito la Batalla de Salamina, que determinaría el resultado de la segunda guerra médica.
Anécdotas sobre el uso del cifrado entre César y Cicerón, narrado por Suetonio, o los mensajes secretos del Papa Clemente VII, en la turbulenta Venecia del siglo XVI, son lugar común de las mejores obras sobre criptoanálisis. Arte éste, el de descifrar códigos, complementario de la criptografía, y que debe gran parte de su avance a la labor de los árabes, y en especial al científico del siglo IX Abú Yusuf Yaqub ibn Ishaq ibn as Sabbah ibn 'omran ibn Ismail al-Kindi - cuyo nombre es todo un criptograma-, y autor de la obra "Sobre el desciframiento de mensajes criptográficos".
Los conflictos entre criptógrafos y poder constituido vienen de antiguo. Especialmente curioso es el caso español: según refiere Feijoo en su Teatro Crítico Universal, el criptoanalista francés François Viète, inventor de la álgebra especiosa, encontraba un placer singular descifrando las cifras utilizadas por los ejércitos de Felipe II. Los criptógrafos españoles, que según parece eran más ingenuos que sus rivales del resto de Europa, no podían creer que alguien pudiese descifrar sus mensajes, que utilizaban diferentes alfabetos dentro de una misma carta. El rey español llegó a presentar una queja ante el Papa, alegando que Viète era un enemigo jurado confabulado con el Diablo, por lo que debía ser juzgado por el Santo Oficio. Pero el Papa sabía que sus propios criptoanalistas habían estado leyendo las cifras españolas durante años y rechazó la petición. Cuando la noticia se extendió a los expertos en cifras extranjeros, los criptógrafos españoles se convirtieron en el hazmerreír de Europa: un honor que parece pretenderse de nuevo en este nuestro siglo XXI, desde oscuros despachos del Ministerio de Ciencia y Tecnología.
Simon Singh, en su obra "Los códigos secretos", compara la historia de la criptografía con la lucha evolutiva. Un código se enfrenta constantemente al ataque de los descifradores. Cuando éstos han producido una nueva arma que revela la debilidad de un código, éste deja de ser útil, extinguiéndose o evolucionando hacia un código más fuerte. Situación análoga a la de las cepas de bacterias, que ante el descubrimiento de antibióticos se ven forzadas a evolucionar.
La lucha de los libertarios digitales en defensa del secreto de las comunicaciones corre paralela a los intentos gubernamentales de restringir el uso del cifrado, con episodios legendarios, como el archiconocido proceso contra Zimmermann, autor de PGP. Cuyo algoritmo, finalmente liberado, muy probablemente haya sucumbido hace tiempo, presa de los criptoanalistas del ejército norteamericano. No lo sabremos hasta dentro de muchos años: como ha puesto de relieve el genial Neal Stephenson, la mejor forma de vencer a un enemigo consiste, precisamente, en hacerle creer que sus mensajes siguen siendo secretos.
El activismo en favor del libre uso de la criptografía ha sido común en las organizaciones de ciberderechos, teniendo un notable reflejo en la Internet española. La asociación Fronteras Electrónicas (FrEE) fue pionera en nuestro país: en ella se mocearon en la lucha cypherpunk los actuales dirigentes de organizaciones como CPSR-ES y la Asociación de Internautas. Desde su fundación en 1996 hasta su autodisolución en 2000 fueron numerosas las llamadas de atención de Fronteras Electrónicas en relación con los intentos gubernamentales de cercenar el derecho al cifrado.
En abril de 1997, FrEE suscribió un comunicado, junto a numerosas organizaciones europeas, en contra de la normativa del gobierno británico sobre "Autorización a Terceros de Confianza para proporcionar Servicios de Encriptación". El 9 de mayo de 1997 dirigieron una petición al canciller Kohl, oponiéndose a las declaraciones del Ministro de Interior alemán, Manfred Kanther, el cual propuso que los únicos servicios de cifrado autorizados fueran aquéllos que permitieran a la policía descifrar y leer cualquier transmisión. El 6 de julio de 1988 Fronteras Electrónicas inició una campaña en contra del artículo 52 de la vigente Ley General de Telecomunicaciones, que amagaba con la posible obligatoriedad de entregar a la Administración los algoritmos o "cualquier procedimiento de cifrado". En noviembre de 1998 criticaban el tratamiento informativo otorgado por el diario El País al empleo de lenguajes secretos en Internet, al que tachaban de sensacionalista y poco documentado, por vincular el uso del cifrado con terroristas y delincuentes. Finalmente, en un memorable comunicado bajo el título "El derecho a cifrar", la asociación abogaba por el carácter liberador de la ciencia criptográfica, la cual "permite por primera vez en la historia la paridad entre los grandes poderes y el ciudadano de a pie".
El pasado mes de marzo la criptografía volvía a ser objeto de debate político en España, al desvelarse por parte del capítulo español de CPSR que en el proyecto de Ley General de Telecomunicaciones, redactado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, se incluía un artículo por el que se podría imponer la obligación de facilitar a la Administración las claves de cifrado. La redacción propuesta para dicho artículo 36 era sustancialmente idéntica a la del antiguo artículo 52 de la Ley vigente, ya cuestionado en 1998 por Fronteras Electrónicas, pero lo cierto es que se incluía de forma ladina la palabra "claves". Una palabra que tampoco estaba en el proyecto de LGT redactado por el equipo de la anterior Ministra Anna Birulés -desechado por el actual Gabinete-, lo que hacía especialmente legítima la sospecha de CPSR.
A los pocos días de conocerse el comunicado de CPSR -apoyado, en un inteligente movimiento reflejo, por otro comunicado de la Asociación de Internautas-, el Gobierno daba marcha atrás. Según publica El País en su edición de 3 de abril, la Ley General de Telecomunicaciones será objeto de enmienda en su tramitación parlamentaria, retirándose cualquier mención al depósito de claves. La noticia hace mención a que el cifrado se usa no sólo para encriptar mensajes, sino en las transacciones comerciales en línea. Un negocio en el que, al igual que la televisión de pago, la empresa editora del diario está particularmente interesada, y que resultaría notablemente perjudicado de abrirse la puerta al descifrado de sus claves secretas.
Con o sin depósito de claves, no parece probable que el derecho al secreto de las comunicaciones, garantizado por el artículo 18.3 de la Constitución, pueda verse restringido en España por una regulación chapucera de la criptografía, rehuyendo la reforma constitucional. Es de perogrullo que para que un funcionario de la Administración reclame su clave a un ciudadano, ha de tener previa constancia de que el ciudadano en cuestión utiliza el cifrado. Una constancia imposible, a menos que previamente el Estado haya interceptado las comunicaciones o accedido indebidamente a archivos informáticos: acciones ambas que son constitutivas de delito, y de las que resulta dudoso que un funcionario acepte autoinculparse.
PS. Según me han comentado, en determinados sectores ha tenido aceptación el sencillo mensaje cifrado de mi anterior artículo. Aún admitiendo que difícilmente podré igualar los formidables Kriptojuegos que, mes a mes, les propone Josep Mas desde las páginas de Kriptópolis, me he permitido prepararles un nuevo mensaje.
Está construido mediante un algoritmo sencillo, aunque no tanto como el anterior, que al parecer quiere llegar a suplicatorio. Si en aquella ocasión iba destinado a románticos con ganas de aventura, en ésta va dedicado a presuntos gurús que deseen, por otros medios, continuar la discusión política sobre cifrado.
LT OJLY UJLL#R MVOL QL#2VYLNL# RNJTKR
TV HVY3CVC CLT ULYL#VT NRYCJNL V TV CL
RKV
Carlos Sánchez Almeida
Bufet Almeida
BIBLIOGRAFIA:
- Simon Singh, "Los códigos secretos".
Editorial Debate.
- Neal Stephenson, "Criptonomicón".
Ediciones B, Nova Ciencia-Ficción
- Criptografía y Seguridad en Computadores:---http://wwwdi.ujaen.es/~mlucena/lcripto.html
- PGP:---[[http://www.pgpi.org/ http://www.pgpi.org]]------
- Comunicados de Fronteras Electrónicas:
http://www.bufetalmeida.com/free------
- CPSR-ES:---[[http://spain.cpsr.org/ http://spain.cpsr.org]]------
- Asociación de Internautas:---[[http://www.internautas.org/ http://www.internautas.org]]------
- LEY 11/1998, de 24 de abril, General de Telecomunicaciones:---http://www.setsi.mcyt.es/legisla/teleco/lgt/indice.htm
- Anteproyecto "Birulés" de Ley General de Telecomunicaciones, de 1 de julio de 2002:
http://www.e-derecho.net/pdf/anteproyecto_Ley_Telecom.pdf------
- , presentado al Congreso.
- Algunas consecuencias derivadas del revelado de códigos secretos:
http://www.ajoderse.com