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Cultura política y opinión pública - La cultura política. Elementos conceptuales básicos

Artículo creado por Víctor Zúñiga
05 de Junio de 2007
AntropologíaCiencias socialesPensamiento y política

2 - La cultura política. Elementos conceptuales básicos

Marco conceptual general: cultura y cultura política


El tema de la cultura política dentro de la ciencia política ha gozado de gran aceptación desde que se planteó como un elemento de importancia para el análisis de los procesos políticos y sus respectivos fenómenos adyacentes, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, en Estados Unidos.

Sin embargo esta aceptación y consolidación de los estudios de cultura política no ha estado exenta de críticas y observaciones que señalan sus posibles deficiencias, tanto metodológicas como conceptuales. En este sentido, una observación muy atinada hecha a los pioneros de la cultura política por parte de los antropólogos sociales consiste en señalar su pretensión de dar a la cultura política un status teórico conceptual autónomo al genérico de cultura que, en tanto tal, engloba todas las manifestaciones de la naturaleza social del hombre en los diversos ámbitos en los que despliega su actividad, incluyendo el ámbito político.

De aquí que el término cultura política parezca pretencioso en su afán de resaltar las valoraciones y orientaciones consuetudinarias de los individuos hacia la actividad política, pues estos son relativamente homogéneos -dado que aportan elementos identitarios para la cohesión social y el sentido de la comunidad- y por lo tanto se hallan presentes no sólo en los asuntos, acontecimientos y procesos políticos sino también en los de tipo económico, religioso, etcétera.

Tomando en cuenta estas consideraciones, el presente trabajo pretende sustentar su concepción de cultura política en el desarrollo teórico-conceptual propio del concepto, pero asentado sobre la base de una definición general de cultura de procedencia antropológica, pues es precisamente ésta disciplina la más autorizada para tratar el tema como su objeto de estudio principal y, en estricto rigor, debería ser la disciplina encargada de estudiar las consideraciones axiológicas y cognoscitivas de los individuos con respecto a la política.

Así pues, la cultura es el conjunto de hábitos, prácticas y costumbres que aprendidos mediante el proceso de socialización del individuo con el entorno, definen el ethos un pueblo, una nación o un grupo social. De igual manera ese conjunto de hábitos y costumbres influyen sobre la cosmovisión de los sujetos y están presentes, en grado y medida, en todas las actividades materiales e intelectuales de los diversos ámbitos en los que explayan su existencia: política, economía, arquitectura, etcétera.1

Desde luego, la definición anotada no es la verdad revelada en lo que a cultura se refiere, pero contiene algunos elementos generales que señalan la importancia primaria de las actividades que son habitualizadas por los individuos a través del aprendizaje, que en tanto precisa de la interacción con otros individuos y con el entorno, diventa un proceso social y, además, confiere mayor trascendencia y aprecio a ciertos estados de configuración social a través de la experiencia histórica, hasta el punto de otorgarles una valoración evaluativa y generar a su alrededor una serie de prácticas, hábitos, costumbres y creencias específicas.

Es precisamente en este punto en el que la cultura política adquiere su singularidad (más que autonomía) respecto a la cultura en general, pues enfoca como su campo de estudio el conjunto de percepciones, creencias, etcétera que influyen y son influidos por la actividad política y por la política en general2, y que en última instancia permiten explicar la configuración específica de la forma de gobierno entendida como el método a través del cual se ejerce la dominación política en una comunidad.3

Génesis del estudio de la cultura política


Hasta antes de las traumáticas experiencias bélicas de los inicios del siglo XX, los únicos estudios acerca de la cultura eran los realizados por los antropólogos franceses, ingleses y norteamericanos a partir de la investigación de campo realizada en sociedades, comunidades y tribus de África y Asia, en gran medida con el objetivo utilitario de eficientar la explotación que las potencias coloniales llevaban a cabo en esas latitudes. 4

Es importante resaltar este hecho porque en Europa predominaba la excesiva fe en la razón, el progreso, las leyes inexorables y objetivas de la Historia, y los derechos universales. En suma, imperaba la apoteosis del eurocentrismo.

Sin embargo como apunta Gabriel Almond, “la enormidad e irracionalidad de la Primera Guerra, y en particular del nazismo, y la destructividad de la Segunda Guerra Mundial hicieron añicos tan optimistas proyecciones”.5 De forma paralela al eurocentrismo, al otro lado del Atlántico la ciencia política norteamericana se desarrollaba a pasos gigantes enfocando como su objeto de estudio no tanto el fundamento del poder (más cercano a la filosofía política), sino el ejercicio del poder en si mismo, fiel a la tradición pragmática heredada de los filósofos ingleses.

Obligados a emigrar por el contexto de las guerras, los principales exponentes de las ciencias sociales en Europa vieron en Estados Unidos de Norteamérica y sus universidades la oportunidad de continuar con sus investigaciones, enriqueciendo de esta manera la investigación social norteamericana con sus aportes multidisciplinarios, a tal punto que inmediatamente después de la Segunda Guerra, la ciencia política estadounidense fue la intentó dar una respuesta empírica al enorme retroceso o “eclipse de la razón” que constituyeron las primeras décadas del siglo XX.

En este sentido, el desarrollo de la metodología y la tecnología de la investigación mediante encuestas constituyó un factor de importancia dado que los muestreos se volvieron más precisos, la igual que la estadística, la cual paso de la mera descripción a proporción de datos para la elaboración de análisis multivariados, de regresión y causal de “las relaciones entre variables contextuales, de actitud y conductuales”.6

Esta innovación metodológica fue acompañada, a su vez, de los desarrollos teóricos producidos en el campo de la sicología social y de la sociología de raigambre weberiana que enfatizaba el sentido relacional de la acción intersubjetiva, lo cual a su vez contribuyó al desarrollo de las ciencias de la conducta (behavoir sciences), de las que la cultura política también es heredera.

Finalmente, el campo natural de esta nueva corriente de estudios es el de la política comparada; metodología que aun teniendo sus raíces en la Política de Aristóteles y algunos otros de pensadores modernos (Tocqueville y Montesquieu), su principal desarrollo y sello característico están dados por la ciencia política norteamericana. Así entonces, es preciso anotar de forma breve los objetivos de ésta, pues hacerlo ayuda a dimensionar los alcances de los estudios de cultura política y su uso potencial. De esta manera tales objetivos son: la explicación de los fenómenos inmediatos a partir de la observación, el estudio de la naturaleza del Estado a partir de una teoría explicativa general con base en la observación de los sistemas políticos y; la incorporación a un cuerpo conceptual general de aquellos patrones políticos que han demostrado su eficiencia para mantener la estabilidad de los sistemas.

En suma, la cultura política es una rama de estudios dentro de la ciencia política que se formó en los cincuenta y sesenta del siglo pasado, bajo el auspicio del behaviorismo, la sicología social y el método comparado, en Estados Unidos.

Con este breve acercamiento a la génesis del concepto, es conveniente ahora una aproximación a su contenido, sobre el entendido de que para este trabajo la cultura política no es tanto un campo de estudio autónomo como se ha hecho ver en este apartado, más bien una forma especifica de mirar a la actividad política con el bagaje cultural propio del grupo social desde el que se observa y hacia el cual está encaminada dicha actividad.

El concepto de cultura política


Tal como se ha delineado en las líneas anteriores, la noción de cultura política es antigua y su uso ha estado ligado al entendimiento de la política comparada, de la cual es heredera en los lineamientos metodológicos más importantes por cuanto su estudio permite visualizar algunos de los elementos que confieren estabilidad a los sistemas políticos, o bien, provocan su mutación. De manera que de la cultura política derivan un conjunto de líneas de conducta, criterios de legitimidad para las instituciones y contextos para los pensamientos y sentimientos políticos que conducen a caracterizarla como un factor determinante en los procesos de transformación política.

Pero, ¿qué es la cultura política? ¿cómo o en función de qué factores puede definírsela?

La definición más autorizada por provenir del los padres fundadores de este tipo de estudios caracteriza a la cultura política como “el conjunto de las orientaciones específicamente políticas –actitudes hacia el sistema político y sus componentes y actitudes hacia el papel del sistema mismo”.9

Con algunos comentarios y críticas agudas, es preciso señalar la persistencia temporal de esta definición a lo largo de más de cuarenta años. No obstante, Larry Diamond apunta una definición más exacta en el sentido de enfocar esas orientaciones y conceptualizarlas como productos sociales resultantes de la conjugación de factores de tipo histórico, económico, geográfico y religioso. Así, este autor entiende a la cultura política como “las creencias, actitudes, valores, ideales, sentimientos y juicios de un pueblo acerca de su sistema político y del rol del mismo en el sistema internacional”.10

Este conjunto de predisposiciones valorativas y orientaciones -Almond dixit- son los componentes básicos de la cultura política, en tanto son “orientaciones hacia la acción” que puede ser activa o pasiva, según el contexto coyuntural y la tradición cultural general de la que participen los individuos. De aquí la necesidad de elaborar una tipología; pero antes es conveniente revisar los tipos de orientaciones que integran a la cultura política. Estas son de tres tipos: cognitivas, afectivas y evaluativas.

Las orientaciones cognitivas se refieren al conocimiento y a las creencias en torno al sistema político; en tanto, las orientaciones afectivas se refieren a los sentimientos generados hacia los valores políticos (libertad, tolerancia, igualdad jurídica, etcétera) y los juicios que a través de la información y los sentimientos se generan en relación al desempeño y actuación del sistema político relativo a aquellos valores.11

Este tipo de orientaciones constituyen la dimensión subjetiva de la cultura política, la cual debe conducir a este trabajo a revisar la dimensión objetiva, igualmente conformada por tres ámbitos de la vida política, estos son, el sistema, los procesos y las políticas (policy).

En el ámbito del sistema político se halla el régimen,12 es decir, las instituciones políticas tanto de entrada o comunicación de las exigencias sociales (partidos, grupos de interés), como de salida o gestión (parlamento, burocracia). En el ámbito de los procesos políticos se encuentran las acciones estratégicas, los conflictos, las alianzas y los estilos políticos. Mientras que, el ámbito de las políticas se refiere al conjunto de los cursos de acción como respuestas a los inputs del sistema.13

Tipología de la cultura política


De la conjugación de ambas dimensiones de la cultura política –de las cuales es preciso anotar que la dimensión objetiva se halla predeterminada al juego democrático, con lo cual inhibe la posibilidad de un acercamiento detallado a la cultura política en regímenes autocráticos- surgen los tipos de cultura política, que son elaboraciones conceptuales cuya existencia en estado puro es altamente improbable, pero que sirve para analizar las características culturales de contextos sociales específicos y su relación con la actividad política.

La tipología de la cultura política debe su existencia al celebre trabajo de Almond y Verba realizado en cinco países entre 1959 y 1960: The civic culture. En este trabajo el objetivo general que se plantearon los autores fue la medición a nivel nacional de las actitudes políticas de los ciudadanos mediante tres preguntas fundamentales. La primera era referente al impacto que la población sentía por parte del gobierno en sus vidas en el marco de la cotidianidad ; la segunda correspondía al sentido de obligación hacia el gobierno, y la tercera hacía referencia a las expectativas de los ciudadanos. Y es a partir de estas tres grandes cuestiones que los autores construyeron tres tipos de cultura política que podían aparecer conjugados en la vida cotidiana.14

En este sentido es conveniente tener en cuenta las tres interrogantes fundamentales que guiaron el trabajo de los profesores norteamericanos, pues no sólo son el cimiento de cualquier estudio serio de cultura política, sino también la guía principal para la finalidad de este trabajo, que es evaluar la percepción ciudadana del cambio político en México a partir de la década de los noventa, fundamentalmente a través de las reformas y procesos electorales, acompañadas de una creciente apertura política y respeto de los derechos políticos.

Así pues, el primer tipo de cultura política es la participante, en la cual la gente entiende su carácter de ciudadanía y consecuentemente se muestra atenta a la actividad política. En este tipo de cultura política existen un alto grado de orgullo hacia el sistema político, además de la creencia de la ciudadanía de poder influir en él mediante la organización y la protesta ante lo injusto. Existe alto grado de competencia política, participación ciudadana y confianza interpersonal.

El tipo de cultura de súbdito se caracteriza por el entendimiento por parte de la población de su condición de ciudadanía y el interés hacia la política, pero de forma pasiva. Esto es, no sienten orgullo hacia el sistema, ipso facto sienten un pequeño compromiso hacia él. Existe un sentimiento de inconformidad cuando se habla del sistema político y la creencia de que sólo se puede influir en él cuando se establece contacto con la burocracia local. El sentimiento de confianza interpersonal es muy bajo y por lo mismo la organización y participación comuntaria es casi nula. Es una cultura en la que los individuos son más súbditos obedientes que participantes activos.

La cultura política parroquial es aquella en la que la gente no se siente ciudadana, más bien se identifica con lo más inmediato que es la comunidad local. Por lo tanto no toman parte en el sistema político y sus expectativas hacia él son muy reducidas; existe poco interés hacia la política y por lo mismo existe un conocimiento apenas mínimo que se refleja en una débil disposición a participar y disentir sobre temas políticos.

Una vez que se han revisado brevemente los tipos de cultura política, es conveniente cerrar este capitulo con la revisión del proceso de socialización que es el elemento primordial que permite la habitualizacion de los procesos culturales y su posterior reproducción. En este sentido hay que anotar que la socialización no es un proceso exclusivo de la cultura política; antes bien corresponde a la etapa de introyeccion de la cultura en los individuos, en la que mediante su desempeño en diversos ámbitos adquiere los rasgos definitorios de su identidad grupal de forma gradual, y configura sus predisposiciones u orientaciones hacia la acción de diversos campos de actividad.

La socialización política


La socialización política es el aprendizaje de la cultura que se produce a través de un proceso gradual, en el cual durante la infancia o el periodo de aculturación se adquieren costumbres, reglas y hábitos necesarios para la interacción con los otros y el ambiente.

La socialización política, por tanto, comprende el aprendizaje de los valores políticos y sus usos específicos, es decir, el sentido del patriotismo, el reconocimiento de la autoridad política, etcétera.

Este tipo de conocimientos es aprendido a través de la convivencia familiar, los grupos de amigos, la escuela y los medios de comunicación. Todos estos factores son denominados agentes de socialización por cuanto transmiten el conjunto de reglas, convenciones, hábitos y valores necesarios para entender y participar (o no) en la actividad política. Es por esta razón que la socialización política es tan importante en el estudio de la cultura política, pues aporta elementos suficientes para construir inferencias y diagnosticar cuales son los principales agentes que influyen en la formación de la identidad y la definición cultural de un individuo.

De esta manera es como se considera, se ha llegado a una aproximación aunque somera, con cierto grado de precisión hacia la cultura política, que es el cimiento básico de este trabajo. No obstante, la finalidad principal que consiste en evaluar el grado de percepción entre los ciudadanos del cambio político en México desde hace diez años, exige el tratamiento conceptual de la opinión pública pues ésta ha adquirido un papel determinante en este proceso, precisamente porque su sustancia son los ciudadanos interesados en participar en los asuntos públicos.

Por lo tanto el siguiente capitulo estará dedicado a lograr una aproximación conceptual a aquélla.
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