La opinión pública es un fenómeno sociopolítico que se caracteriza por generar un proceso psicológico de interpretación colectiva. Por esta razón puede ser interpretado de diversas maneras, en relación a su surgimiento histórico-cultural, su proceso de desarrollo y su función social.
En relación con la cultura política, se puede afirmar que la opinión publica es una manifestación concreta y recurrente de aquélla en países con larga tradición democrática, o bien, en vías de serlo, pues solo en condiciones tales que garanticen la libertad de expresión, la transparencia del ejercicio de gobierno y el derecho a la información, puede surgir una opinión pública genuina.
Realidad sociopolítica contextualizada históricamente
Como todo concepto de las ciencias sociales, la opinión pública nace y se manifiesta primeramente como un fenómeno social formado en un proceso de gestación histórica y por lo tanto con una herencia cultural o cuando menos con referencias de símiles conceptuales en las diversas etapas de la evolución histórica de occidente.
En este sentido las expresiones vox populi de los romanos –e incluso mucho antes en el tiempo la doxa griega- y consensus de los pensadores medievales,15 constituyen los antecedentes premodernos de la opinión pública tal como actualmente es conceptualizada, ya que permitían entrever el proceso de formación de una opinión colectiva que solo hasta el siglo XIX adquirió el calificativo de pública, a su vez proveniente de la publicidad. Por esta razón es conveniente hacer unas breves consideraciones sobre el nacimiento de la publicidad, campo natural de germinación de la opinión pública.
A finales del siglo XIX hace su aparición en el léxico la publicity -proveniente a su vez de la publicité francesa- para designar a su a un proceso sociohistórico que se fue configurando en el transito del feudalismo al capitalismo; proceso en el cual los intereses de la burguesía naciente exigían cada vez con menos fuerza, la visibilidad del poder.
La Edad Media, con su organización social y política, se caracterizó por centralización de la reproducción social, la producción económica y el poder político en pequeños núcleos autárquicos: los feudos. Sin embargo, esta centralización propiciaba las más de las veces al aislamiento y la confrontación de los feudos, debido precisamente a que el poder políticos se hallaba disperso, pues el Rey era una figura carente de imperium sobre los señores feudales.
Será hasta finales del siglo XVI que el poder político comience a concentrarse en una sola institución, perdiendo asimismo el carácter teológico que le acompañó durante todo el medioevo. Este cambio a su vez fue impulsado por la descentralización de la reproducción social y la producción económica, que paulatinamente tránsito hacia un nuevo locus de residencia: el burgo.
En efecto, el burgo y el nuevo modo de producción que en él se desarrolla, van configurando una nueva gama de relaciones sociales que dan al traste a los estamentos y la publicidad representativa.
En este contexto surge la publicidad burguesa que marca el inicio de la modernidad, caracterizada por la clara separación entre el Estado y la Iglesia, y el surgimiento de un mercado libre.
Esta distinción que determina y es determinada al mismo tiempo, se da precisamente cuando los burgos comienzan a desarrollar de manera acelerada sus actividades, haciendo imperativo el reconocimiento y garantía -tanto jurídica como política- de la propiedad privada, misma que sólo puede ser otorgada por el Estado, en tanto es reconocido como la institución creada para tal fin.18 Así pues, al ser el Estado reconocido e incluso autorizado por los privados para ejercer la coacción y garantizar la conservación de la propiedad, adquiere publicidad y legitimidad. De aquí la razón de que la publicidad haga referencia al espacio público y a los ciudadanos que acuden a él a partir de la utilidad.
De esta manera la publicidad surge como un complejo de recursos que permiten que una sociedad compleja tenga conocimiento y consiga hacer transparente el ejercicio del poder político, para de esta manera formar una opinión generalizada respecto a los asuntos que atañen a la colectividad. Finalmente, es con la masificación de la información y sobretodo del consumo de esa información,19 que se forma en la práctica cotidiana la opinión pública, elemento clave en las democracias occidentales para el reconocimiento –que no legitimidad- del poder político.
En este sentido Sartori afirma que la opinión pública surge contemporánea a la democracia liberal, sólo que a diferencia de Habermas, aquél afirma que es durante la Revolución francesa –y no en el siglo XIX- que se constituye un público que manifestaba sus opiniones, y es de esta manera como adquiere especificidad la esencia del concepto que anteriormente había existido en otras categorías políticas: vox populi, la pubblica voce, y el volkgeist. Empero, es John Locke quien caracteriza a la opinión pública moderna a través de dos aspectos principales: la difusión entre públicos y la referencia a la cosa pública.
El proceso de formación de la opinión pública en la democracia
Una vez que se ha revisado el desarrollo histórico de la opinión publica como realidad sociopolítica, se puede entonces aportar una primera definición, a reserva de un tratamiento más detallando de ésta en el siguiente apartado. En tanto, la opinión publica es aquella que emite un publico de ciudadanos respecto a los asuntos de la cosa publica, es decir, de aquellos que interesan a la ciudadanía en su conjunto, en función de sus percepciones, su información y su conocimiento en proporción -a su vez- del nivel de consolidación de la democracia que forma y conforma. De lo que se sigue que la conformación y la influencia de la opinión pública es directamente proporcional a las posibilidades y a los medios de información relativos al statu quo del lugar en el que pretende manifestarse,22 de aquí la exigencia de la publicidad del poder político (en este sentido la publicidad también puede entenderse como accountability).
En la modernidad sólo ha habido una forma de ejercicio del poder político que ha permitido y no sólo eso, sino que también ha vuelto su condición sine qua non la existencia de la publicidad; tal forma de gobierno es la democracia, y como se pudo apreciar en el apartado anterior, la publicidad es el campo natural de surgimiento de la opinión pública, por lo tanto, se puede afirmar que ésta es el fundamento de la democracia. Así, afirma Sartori, mientras que el principio formal de legitimación de la democracia representativa –que es la forma real de la democracia moderna- es la soberanía popular, el principio real subyacente y pre supuesto en ésta última es la opinión, que le proporciona sustancia y operatividad.23
El proceso de formación de la opinión pública es un tema muy complejo que implica la presencia de por lo menos tres actores: los políticos, los medios de comunicación y los líderes de opinión que emiten, omiten o distorsionan los mensajes que procesan. Pero en términos simples, la opinión hecha por el público para si mismo implica existencia de las libertades fundamentales: de pensamiento, de expresión y de organización que se engloban en un supuesto más general de tipo filosófico, la búsqueda de la verdad.
Aunque entre la democracia y la opinión publica existe una relación de mutua determinación, ello no significa que en regímenes totalitarios la opinión publica sea un elemento ausente, más bien, es un ente creado a partir de la propaganda, por lo cual no puede denominarse propiamente opinión, más bien se trata de colectividades adoctrinadas y heterónomas, dado que el fundamento de la propaganda no es la búsqueda de la verdad sino la legitimación de una causa.
En síntesis, se puede afirmar que la opinión pública es un fenómeno socio político que en tanto tal, es una de las piezas fundamentales de la democracia de masas proyectada en la Revolución francesa. De manera que el término que denomina a este fenómeno es de factoría netamente política, inspirada en doctrina liberal, pero sustentada en una larga tradición histórica ligada a las formas de gobierno.
Como pieza fundamental de la democracia representativa, en la que la categoría política de la ciudadanía es el elemento central, la opinión publica esta formada por ciudadanos que en convergencia con sus símiles forman un publico interesado en la cosa publica, concretamente en la gestión de los asuntos públicos, generando así una serie de percepciones no necesariamente correctas o fundadas en argumentos sólidos, que es expresada en el espacio público.
En este sentido la conceptualizacion de la opinión publica adquiere particular importancia para la finalidad del presente trabajo, pues al estar estrechamente con la democracia, permite al autor de estas líneas poder relacionarla con el proceso de democratización gradual que ha vivido México, desde hace tres décadas, pero que para efectos metodológicos solo se revisara de los años noventa a la fecha, en la percepción ciudadana con el objetivo de observar el comportamiento de la opinión publica y sus posibles mutaciones en cuanto al interés por la política, lo cual a su vez habrá de revelar cierta orientación de cultura política.
No obstante, antes de realizar ese ejercicio empírico es conveniente revisar los elementos conceptuales que integran a la opinión publica desde una perspectiva teórica.
Elementos conceptuales de la opinión pública
Como se ha podido apreciar, definir de modo unitario al fenómeno sociopolítico de la opinión pública no es una tarea fácil, dadas las implicaciones de tipo histórica y su vinculo con la democracia.
Un elemento adicional que complica esta tarea es el doble uso o acepción del término, esto es, por una parte la opinión pública como el conjunto de corrientes existentes en un preciso tiempo histórico y espacio geográfico y, por la otra, como la opinión mayoritaria, o sea la opinión dominante entre varias existentes.
De esta doble acepción surgen los usos de la opinión pública, los cuales son: a) en sentido subjetivo como el modo personalizante de un público determinado, entendido como el complejo de individuos y de grupos portadores de una particular opinión colectiva; b) en sentido objetivo “como una realidad abstracta diferente de la realidad empírica particular, a fin de estudiarla como un objeto que puede ser analizado en su origen, estructura y función”;24 y, c) en el sentido instrumental cuando es entendida en relación a los medios que la manifiestan y la potencian, o sea, los mass media.
A partir de estos tres usos del término opinión pública se puede concluir que se trata de un concepto polisémico,25 en gran medida como resultado de las distintas perspectivas en las que se ha situado los autores que ha tratado el tema. Entre éstas destacan la psicológica, la cultural, la racional, la publicistica, la elitista y la institucional26; de las cuales ésta última es las más conveniente para este trabajo y es la que ha desarrollado Giovanni Sartori al relacionar a la opinión publica con la democracia.
Desde esta perspectiva los elementos que caracterizan a la opinión pública son los siguientes:
1.- Una pluralidad de individuos que opinan, que no es ni puede ser –salvo en momentos verdaderamente excepcionales- la totalidad de la sociedad, sino solo la mayoría.
2.- La afinidad en esa pluralidad en cuanto a juicios y actitudes que permiten la convergencia a partir de causas socioculturales, o bien, causas coyunturales en relación a temas de interés público.
3.- La conciencia de los individuos que opinan, de la necesidad de formar un grupo aunque sea informal.
4.- Un punto de resistencia y contraste con otros grupos de opinión
Finalmente, el componente esencial de la opinión pública lo forman los temas sobre los que vierte sus percepciones. En este sentido los temas pueden ser diferenciados en primarios y secundarios, de acuerdo a su expresión sobre conceptos abstractos (libertad, justicia, democracia) o hechos concretos aportados por la coyuntura. Así pues, la opinión pública generalmente se manifiesta sobre temas concretos pero con base axiológica fundada en los conceptos abstractos, como por ejemplo en el tema del aborto que se manifiesta de forma concreta, la opinión pública basa su juicio en el valor de la vida y el derecho de la mujer a decidir.
Por ultimo es conveniente revisar la metodología de medición de la opinión pública, la cual es de gran utilidad en el momento de visualizar la consistencia y la orientación efectivas de un juicio de la opinión pública sobre un tema particular. Además es preciso anotar que los instrumentos que aporta la metodología sólo pueden indicar de forma aproximativa el estado de la opinión pública a través de la estadística, y por lo tanto, no ofrece resultados definitivos.
Los métodos para conocer le estado de la opinión pública son básicamente los sondeos y se pueden estructurar de la siguiente manera:
1. Selección del tema del sondeo
2. Definición del alcance numérico
3. Formulación del plano general de la encuesta (elementos socioeconómicos
4. Preparación del cuestionario
5. Capacitación de los encuestadores
6. Selección de la muestra
7. Selección del tipo de cuestionario
8. Análisis sociométrico de los resultados
9. Elaboración de la estadística
10. Análisis de los resultados en un ámbito o acción específicos.28
Hasta aquí se ha considerado conveniente conducir la parte teórica de esta investigación, pues aun de forma laxa ha permitido una aproximación a los elementos y factores que forman e integran tanto a la cultura política como a la opinión pública.