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De la habitabilidad. Relaciones entre ética y literatura en la Ciudad Espejo - Sobre Ética

Artículo creado por Carlos Muñoz Gutiérrez. Extraido de: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/contenidos.html
05 de Junio de 2006
FilosofíaPensamiento y política

3 - Sobre Ética

¿Qué pasó con la ética en todo este tiempo, a qué género perteneció?


La ética, en la medida que en su origen era la cruz de la ciencia, procuró crear un lenguaje que no tuviera interpretación posible, que refiriera la única vida buena verdadera, que rescatara del pecado la virtud. Naturalmente, aquí no había un mundo que determinara el significado, pero estaba Dios que corregía nuestros errores lingüísticos.

También, muchos en este proceso comprendieron que la referencialidad de nuestros conceptos éticos surgían de la interpretación de algunas conductas. Por ejemplo, Aristóteles nos advirtió que en ética no bastaba la mera razón sino que teníamos que modelizar como referencia al hombre prudente. Aristóteles comprendió que en ética la referencia de nuestras palabras se obtiene por ejemplificación, que no es sino un uso metafórico invertido.

Del mismo modo, la filosofía helenista buscaba un ideal de Sabio, un estilo de vida que sirviera como modelo.

Pero pronto, con la llegada del pensamiento cristiano quedaron en el olvido estas advertencias. La filosofía cristiana reintrodujo el intento platónico de fundamentar una moral que sirviera como criterio de salvación o condena.

El último esfuerzo por integrar el discurso ético en la vía de la Verdad fue por parte de Kant. A quien, no sin razón, Nietzsche calificaba de cristiano alevoso. Kant, no sólo pretendió consolidar el discurso ético en el género de lo literal, sino que lo convirtió en el único discurso verdadero. Era natural, pues, perdido el mundo, sólo quedaba Dios para validar nuestros significados.

Sin embargo la constatación de que la ética no puede pertenecer a este género la realizó precisamente alguien que siempre tuvo presente que la ética no forma parte del mundo. Wittgenstein, quien en algún momento soñó el sueño nuclear de la filosofía, con una sencilla reflexión nos hizo comprender aquello que ni siquiera Nietzsche logró, a saber que en ética sólo cabe inventar.

Dice Wittgenstein, en una de las pocas ocasiones en que se ocupa de la ética como tema:

"si un hombre pudiera escribir un libro de ética que realmente fuera un libro de ética, este libro destruiría, como una explosión, todos los demás libros del mundo"


No hace falta una reflexión muy profunda para percibir la oportunidad de estas palabras, pero entonces, si no se ha escrito hasta la fecha ni un libro de ética, si aún no han explotado todos los demás libros, si aún continuamos escribiendo, ¿de dónde hemos aprendido los valores y las normas que alumbran nuestra conducta? ¿De dónde hemos obtenido los criterios para constituirnos en humanidad? ¿De dónde surge la posibilidad de perseguir lo posible y lo importante?

Supongo que del hombre prudente, como ya viera Aristóteles. Pero, ¿nos hemos cruzado con él, le hemos conocido, nos lo han presentado? ¿Quién es el hombre prudente?

La Ética, al menos en la dimensión personal en la que está siendo abordada en estas páginas, tiene que ver fundamentalmente con la posibilidad de construir el mejor yo que podamos. Pero la construcción del yo es una suerte de elaboración narrativa, de incluir los acontecimientos que nos rodean en una trama que pueda ofrecerse como una vida, una trama que dote de sentido nuestros encuentros con el mundo, una elaboración que nos coloque en un mundo habitable. Que ese yo creado sea el mejor exige una constante redescripción hasta el punto que no formemos parte de una narración no querida, hasta el punto que no nos conviertan en personajes de otra historia. Que de nuestra descripción de nosotros mismos no quepa una nueva interpretación. Si logramos dejar nuestra historia bien acabada, de tal manera que ninguna otra que pretenda incluirla sea mejor, entonces tendremos el sentimiento de que hemos llevado a cabo lo posible y lo importante, hemos hecho de nosotros mismo el mejor yo que podíamos y nadie después podrá alterarlo.

Esto, que como decía Wittgenstein (7) no pertenece el mundo, no deja de ser una irresistible tentación de transcendencia que permite afrontar el futuro como una voluntad, precisamente porque vemos un pasado que dibuja lentamente una historia. Si somos cada uno de nosotros el que consigue escribirla conforme un diseño de argumento entonces la vida parecerá sonreírnos, si no, seremos personajes de un destino que el azar habrá urdido sin nuestro consentimiento.

Esta idea es la que queda reflejada en el comentario que hace Rorty sobre un narrador como Proust:

"Para quien como Proust, no es un teórico, ese problema no existe. Al narrador de En busca del tiempo perdido la pregunta: "¿Quién va a redescribirme?" no le inquietaría. Porque su tarea está concluida una vez que ha ordenado los hechos de su vida de acuerdo con su propia manera de hacerlo, una vez que ha construido una estructura a partir de las pequeñas cosas: Gilberte entre los espinos, el color de las ventanas de la capilla de Guermantes, el sonido del nombre "Guermantes", los dos caminos, las cúpulas cambiantes. Sabe que esa estructura habría sino distinta de haber muerto él antes o después, porque las pequeñas cosas por incluir en ella habrían sino más o menos numerosas. Pero eso no importa. Para Proust no existe el problema de cómo evitar ser aufgehoben. La belleza, por depender como depende, de que se le de forma a una multiplicidad, es manifiestamente transitoria, porque es probable que se la destruya cuando a esa multiplicidad se añadan nuevos elementos. La belleza requiere un marco y la muerte lo proporciona." (8)

Este es el eje principal de la actividad mental del hombre, también su obligación ética, construir nuevas y mejores narraciones, alrededor del cual se articulan cualquier otra tarea cognitiva. Un entorno contiguo que permite en cada momento iniciar el relato que rodee la experiencia concreta, sea para su comprensión, su explicación o su justificación. Aquel que no pueda iniciar un relato ante cualquier interpelación que se le plantee sobre un episodio de su vida quedará en la permanente ignorancia que conlleva no poder localizarse, no poder contextualizarse. Y esto es aplicable no sólo a episodios de la biografía individual, sino también al uso de ciertas palabras y no otras, de ciertos colores o vestidos, de elecciones ante alternativas, de decisiones, de planes para el futuro. Una explicación de cualquiera de estas cosas, y de otras muchas, es inevitablemente iniciar una narración que le dote de sentido.

Esto mismo es igualmente válido para nuestro deseo de comprensión de los otros, sólo cuando participamos de su pasado, de sus recuerdos, es cuando nos creemos en disposición de predecir sus futuras conductas. Sólo cuando hemos escuchado su relato nos convertimos en personas bien informadas. En ese momento no nos es un desconocido, ahora podemos compartir sus emociones, sus deseos y proyectos, sentirlos cercanos, incluirlos en nuestro nosotros.

"Si pensáramos que los ojos de una muchacha no son más que brillantes redondeles de micas, no sentiríamos la misma avidez por conocer su vida y penetrar en ella. Pero nos damos cuenta de que lo que luce en esos discos de reflexión no proviene exclusivamente de su composición material; hay allí muchas cosas para nosotros desconocidas, negras sombras de la idea que tiene esa persona de los seres y lugares que conoce..." (9)

O también

"Y juntos los dos podríamos recorrer aquella isla, para mi tan llena de encanto porque había encerrado la vida habitual de la señorita Stermaria y descansaba en la memoria de su mirada. Porque se me figuraba que no la poseería realmente sino después de haber atravesado aquellos lugares que la rodeaban de recuerdos, velo que mi deseo ansiaba arrancar, velo de esos que la Naturaleza interpone entre la mujer y algunos seres." (10)

Si la actividad cognitiva del ser humano, si la manera de construir un mundo habitable, si la posibilidad de construir el mejor yo que podamos o la búsqueda de lo posible y lo importante pasa por la elaboración de relatos, ¿no ocurrirá lo mismo con el razonamiento ético? ¿No estaremos obligados a hacer interpretaciones literarias de nuestros valores y de nuestros semejantes?

La Tesis que se propone es la siguiente: Hemos aprendido a vivir y hemos buscado la vida buena, no a través de un discurso referencial, no a través de la vía de la Verdad, sino en el ámbito de lo posible, de lo metafórico, de lo literario. El hombre prudente se halla en alguna de las novelas que hemos leído y nos han gustado, en alguno de sus personajes.

Tal vez el arte, como manifestación cultural de todas las épocas, tiene la fuerza de convocatoria y admiración que posee, aparte del confuso sentimiento estético, bien puede ser porque quizá es el camino más directo hacia esa tendencia transcendental del hombre de colocar su narración entre las inmejorables, esa manera de construir un mundo que nos convierte en creadores. A la vez, la complicidad del mundo habitable que nos ofrecen los relatos y las obras de arte, nos enseñan caminos hacia la virtud, la bondad o la felicidad.
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Carlos Muñoz Gutiérrez Extraído de: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/contenidos.html

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