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De la integridad y la activación emocional - El dilema del testigo

Artículo creado por José Enebral Fernández. Extraido de: http://www.gestiopolis.com/canales2/rrhh/1/delaintegri.htm
28 de Julio de 2006
Inteligencia emocional

3 - El dilema del testigo

La pregunta es: ¿qué han de hacer sus subordinados íntegros, ante un ejecutivo, quizá un consejero delegado, que reuniera algunas de las conductas de la lista anterior, contrarias a la postulada integridad y ejemplaridad? Quizá algo de lo que sigue:

A)     Mostrarse corruptibles e intentar obtener beneficio personal de la situación.

B)     Cerrar ojos, oídos y boca, en beneficio del status alcanzado, y ser políticamente correcto.

C)    Nada... Pero caramba, si esto es lo más normal del mundo... y además no se puede demostrar.

D)    Engañarse pensando que la integridad consiste en someterse leal y ciegamente a la autoridad establecida.

E)     Buscar otro puesto de trabajo y, mientras, aguantar con cierta dignidad.

F)     Advertir respetuosamente al corrupto del impacto de su actuación, y alejarse emocionalmente de él (o ella)... Aunque, bien pensado, no es recomendable.

G)    Dejar notar su posicionamiento contrario a la corrupción, la impericia, la injusticia o la falsedad presentes.

H)     Informar, si surge la oportunidad y el medio, a los propietarios o máximos dirigentes de la compañía, salvo que se barrunte complicidad.

I)        Organizar una manifestación.

J)      _______________________________________

K)     _________________________________________

   

El lector tendrá su propia respuesta, J o K, pero éstas que hemos improvisado intentan representar, sin estar seguros del  orden,  distintos grados de integridad; a nosotros nos parece que la respuesta E ya merecería el aprobado, y sólo buscaríamos nota en circunstancias favorables (clamor o escándalo de la situación, claros perjudicados, etc.) o gozando de cierta protección. Pero, en su caso, el hecho de quedarse en el aprobado como mejor opción personal, no debería ocultarnos la existencia de alternativas más íntegras. La renuncia a éstas no ha de suponer necesariamente falta de valor e integridad, pero convivir con la corrupción durante mucho tiempo puede afectar a la salud de los íntegros, hasta la somatización. En cualquier caso, conviene que seamos conscientes de hasta dónde llega nuestra integridad (o nuestra corrupción), y si, concretamente y en su caso, contemplaría la denuncia o no. 

No hace falta decir que denunciar en falso, o exagerando el delito, o con propósitos espurios, es altamente repugnante, y que, en principio, todos somos inocentes; pero, aunque también resulte innecesario, sí queremos recordar que la falta de pruebas de corrupción en la empresa (como en la política) no supone necesariamente inocencia. Y tenemos que decir también que seguramente la mayoría de los altos ejecutivos son honrados; nos estamos fijando en quienes no lo son por el grave daño que hacen a la colectividad. 

En definitiva, queríamos someter a reflexión la integridad de quienes son testigos de la corrupción, entendida ésta ampliamente como degeneración de principios y comportamientos bajo el amparo del poder que se administra, y aunque no hubiera enriquecimiento asociado. Parece un tema para debate. Si leen el último libro de Seligman “La auténtica felicidad”, el autor relaciona la integridad con el valor, y formula un ejemplo: “Denunciar prácticas corruptas dentro de la empresa u organización”. Una cosa era el distanciamiento emocional y el manifestar ante colegas el desacuerdo con determinadas conductas, y otra la denuncia formal por cauces más o menos establecidos y fiables dentro de la empresa, confiando en que hubiera, como cabe suponer, instancias íntegras por encima del presunto corrupto. 

Nos parece que, para denunciar de buena fe la corrupción de un superior jerárquico, con ánimo de ponerle fin y evitar perjuicios a inocentes (scapegoats), un directivo o trabajador íntegro habría de estar seguro (certeza moral) de que: 

§         hay verdaderamente corrupción grave (de tipo económico o de otro tipo);

§         la empresa ha apostado por la integridad y la ética;

§         no corre grandes riesgos.

 

Si no se nos olvida nada, y si el denunciante no puede aguantar más, nos aseguraríamos de las tres condiciones antes de denunciar un caso, porque el valor no debe ser insensato. Pero, ¿prevé la integridad algún paso previo a la denuncia interna? ¿Cuál es la mejor forma de denunciar? A ver... No le den muchas vueltas: si la empresa desea luchar contra la corrupción, habrá previsto y sugerido las respuestas sin olvidarse de proteger al testigo; y si no es así, la denuncia no es aconsejable y puede estar contraindicada. Si duda, y la considera genuina, consulte a su intuición; pero muévase por la integridad y no se deje llevar por posibles propósitos subyacentes, espurios o de dudosa legitimidad. Todos sabemos que algunos de los que administran poder dentro de las empresas abusan de él, pero puede ocurrir que las instancias superiores lo toleren, o incluso lo inspiren. Por otra parte, si la empresa hiciera demasiado visible su lucha contra la corrupción, parecería que desconfía de sus personas y, probablemente, espantaría clientes. 

Estos días, la prensa nos habla de torturas a presos iraquíes, y da la sensación de que las autoridades de EEUU están más enojadas con los denunciantes que con los autores y los responsables del abominable, repugnante, execrable trato a detenidos y detenidas. Desgraciadamente la historia nos ofrece demasiados ejemplos de abusos similares, incluso en nombre de la justicia, la ley, el orden, la religión, etc. Esperemos a ver en qué queda el caso, pero no me desprecien por creer que las torturas eran conocidas, y aun inspiradas, por los mandos, como si el fin justificara los medios. Pues la empresa, grande o pequeña, constituye otro ambiente en que el poder, aunque no lo haga físicamente, se excede con alguna frecuencia, y donde reina, también a veces, un triste mutismo. Apenas recientemente se ha empezado a hablar, por ejemplo, del mobbing, lo que hay que agradecer quizá especialmente a Iñaki Piñuel, hombre del mundo universitario.

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José Enebral Fernández Extraído de: http://www.gestiopolis.com/canales2/rrhh/1/delaintegri.htm

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