



El cura Carlos Buela, V.E., está indignado. Dice que así como hay cerveza sin alcohol y café sin cafeína, hay hombres sin substancia y sin humanidad, es decir, "sin fundamento, sin misión, sin fin último", todos ellos productos light, pero también, y este es el motivo de fondo de sus furias, cristianos light que son partidarios de un infierno light.[1]
El cura Buela quisiera un infierno a derechas, con su fuego inextinguible, con sus condenados y sus penas eterna por haber perdido la vista de dios, pero he aquí que han aparecido algunos a proponer esta especie de resort para pecadores, "sin pena de daño, sin pena de sentido, sin eternidad..."
Son tipos estos, dice el cura Buela, que no quieren la seriedad de la eternidad, que han chacreado al infierno; que extienden a tal punto la misericordia que terminan siendo crueles, porque los bienaventurados, los del cielo, los que se portaron bien, quedan como unos imbéciles sin perdón. El infierno termina siendo como promesa de candidato.
Pero, ¿quiénes son éstos que tanto alteran al cura Buela? Los progresistas, que han eliminado el horror a la eternidad.
En otras palabras los progresistas quieren un infierno que no sea infierno, que parezca infierno sí. Una especie de queso de supermercado, sin olor a queso. Dios ligth e infierno light para hombres light, dice el cura Buela.
Quienquiera sean estos progresistas (puede ser hasta el Papa con eso de que el infierno es un estado del alma), lo cierto que el cura Buela en su cruzada pro vero infierno, pispa que en los salones de la posmodernidad pulula una clase de ente con poco ser, pero que pesa como plomo, que suele ser identificado como progresista.
[1] Carlos Buela, V. E., "Un infierno ligth", en www.misti.lared.net.pe