Entre nosotros también el progresismo abunda.
Para ser progresista casi no se necesita requisitos. Uno sí, importante: autoconferirse el título y exhibirlo como una condecoración. El resto son actos mínimos, fáciles todos, aburridos tal vez, pero que no requieren mayor esfuerzo: hacerse presente unos minutos en algún acto pro Cuba, abrazar a un familiar de detenido-desaparecido, asistir a un recital de Silvio Rodríguez, manifestar preocupación por los más desposeídos desde el metódico retiro vacacional de fin de semana, etc.
Entre nosotros la denominación de progresista está marcada por la renuncia de amplios sectores socialistas, marxistas o no, a sus bases doctrinarias y a sus aspiraciones de cambio, adquiriendo finalmente el pensamiento y la cultura de aquellos que consideraron como los vencedores, haciendo suyo, por tanto, lo que históricamente denostaron.
En este proceso de asimilación de los supuestos ideológicos y de la práctica política de las derechas, que ha desembocado en la ambición de reemplazarlas en la representación política del capital, de ser sus guardianes, su mano invisible, transformándose sustitutivamente en los vencedores, ha surgido la necesidad de desmarcarse de un pasado considerado vergonzante, recordado con registro de culpa, introyectado como transgresión de un tabú, hybris política, signado por la derrota final y aceptada, poner distancia de ese pasado pero sin perder por completo una imagen que permita alguna diferenciación formal cuando esto sea necesario y rentable.
Camilo Escalona: "Nosotros representamos el progresismo en la Concertación"
Entevistada Clarisa Hardy, secretaria ejecutiva de la Fundación Chile 21, núcleo del laguismo, afirmó que esa organización "fue creada para articular al pensamiento progresista. Tenemos un déficit de pensamiento progresista en serio, de identificación de ideas". Interrogada acerca de si la Concertación está más cerca del progresismo que del conservadurismo, respondió que "la Concertación expresa al progresismo".
En el contexto de una supuesta transición en lo interno y la disolución de los regímenes del Este, renovación y progresismo forman un sistema binario que exorciza del "atavismo utópico", que aleja de la ordinariez del relato premoderno de ser de izquierda.
Progresista es eufemismo que reemplaza a "de izquierda". Renovación reemplaza a "conversión a la religión de los conquistadores".
Además está la ONG, instrumento de la ideología del humanitarismo, que introduce el espectáculo de la preocupación sobre problemas diversos, necesario a la hora de dar prueba de progresismo, todo sin daño ni merma para el statu quo, en clave de exhibición social y ostentación de buena conciencia tal cual la beneficencia privada de la aristocracia antepasada.
Diario La Tercera, 12 de diciembre de 1997.