Si ha llegado hasta el final de este texto, habrá comprobado que los sujetos pueden haber cambiado, pero no las situaciones. Quizá podríamos incluso decir que se ha incrementado la presión sobre la ciudadanía. Cambien los nombres de las empresas y sustituyanlos por las actuales. La situación es muy similar. Como ya se anticipaba en el año 2000, la clave del problema está en las redes P2P y, sobre todo, en la capacidad de aglutinar esfuerzos, voluntades y protestas de la Red. Hoy los abogados de las empresas corren de un lugar para otro con las denuncias por descargar o compartir música, películas o cualquier otro bien cultural. Se siguen manteniendo las dos fuerzas contrapuestas: al copyright se le opone el copyleft; al software patentado, el código abierto. Los abogados pueden dedicar toda su jornada a pleitear, para eso les pagan; los usuarios son millones y les gusta echar pulsos a los gigantes. Gatos y ratones siguen en liza.