



El éxito de una puesta en escena se reafirma en la efectividad de la transmisión y comprensión del mensaje del emisor hacia los receptores o interlocutores posibles. La madurez de las investigaciones en torno a temas de categoría “quasicientífica”, en cuanto a estudio y análisis de las competencias personales y el manejo de las emociones, han abierto muchas posibilidades en el campo de las ciencias humanas y de la educación. ¿Podemos, entonces, educar las emociones? ¿Es posible el entrenamiento sistemático en las áreas de desarrollo individual e interpersonal? ¿Existen las competencias sociales?
La Inteligencia Emocional y el manejo de las relaciones interpersonales, según las teorías planteadas por Goleman (1996, 1998) (1) afianzan el cuerpo teórico de la importancia del control de intangibles, tales como la autoestima, la comunicación (conducta verbal/no verbal), la empatía o el propio desarrollo de los demás que conforman la asertividad personal y la necesidad de comportarnos como seres capaces de controlar y modificar, en la medida en que sea necesario, nuestras conductas sociales.
El mundo de los recursos humanos y el desarrollo de personas, en cuanto al ámbito laboral de las empresas, tiene cada vez más necesidad de nutrirse de estas tendencias que arrojan luz para una integración de todas las dimensiones del clima sociolaboral y de las organizaciones.
Liderar con la conducta no verbal (CNV) significa controlar todos aquellos aspectos que Mínguez Vela (1999) llama “la otra comunicación”, el lenguaje no verbal, y que resultan de gran importancia a aquellas personas cuyo status profesional supone relaciones de comunicación interpersonal en las que actúan en partes iguales mente y cuerpo, siendo el desarrollo de acciones formativas uno de los ejemplos más claros de estas situaciones.
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