



Carlos es el único en la narración que representa físicamente la mezcla de las dos razas, y el sector de la población que encarna a la vez, las riquezas de dos culturas y sus desperdicios. Al percatarse de los sentimientos íntimos de su madre, el lector llega a comprender por qué abandona gustosamente Angola, y la falta de acogimiento que siente estando en Lisboa. La novela está salteada con referencias al mestizaje de Carlos y a la estricta división entre razas en las colonias portuguesas. En un momento señalado riñe con su hermana Clarisse aun estando en Angola y ella :
...diciéndome lo que nunca me habían dicho, lo que todos sabían y evitaban nombrar, los profesores, los compañeros de liceo, los amigos del café de Luanda, el camarero de la Cuca, Lena, lo que todos sabían a pesar del color de mi piel, de los labios finos, del pelo lacio, de llamar madre a mi madre de llamarme ella hijo como a los otros, de comportarse las visitas conmigo como si ignorasen quien era yo, de donde venía, de dónde fueron a buscarme, Clarisse en voz muy baja, sin rabia, casi con pena - ¿Te sientes vengado de los blancos por pegarle a una blanca?, ¿crees que eres igual que los blancos por pegarme? (81)
El reforzamiento del rechazo por parte los más cercanos se ve en su forma en este ejemplo. De nuevo vemos al personaje encasillado en su espacio intermedio, sin manera de acogerse a ningún grupo que no comparta sus mismas características.
En estas tres narraciones a menudo toda la empresa colonialista queda caracterizada en los términos más brutalmente francos. En Esplendor de Portugal el mismo título ya desvela la ironía con la que el autor se acerca a los estertores de Portugal en Angola después de 1975. Se sabe que el desmoronamiento final de la administración colonialista portuguesa se produjo rápidamente, quedando al descubierto la precariedad de su mando y la incógnita del futuro de los movimientos independentistas. Carlos describe una situacion penosa en la que un deshonesto comerciante mestizo es atosigado por soldados portugueses que destrozan su pequeño puesto de ultramarinos. El jefe de la policía amenaza con ahorcar al comerciante así proporcionando un entretenimeinto a los clientes negros de la tienda:
...los clientes repantigados en piedras con la intención de pasárselo bien con una segunda ejecución gratis más divertida que las películas antiguas que en el Día de Camoes les proyectaban en la pared de la comisaría, discursos del mariscal Carmona, desfiles de bomberos, los niños de la Mocidade Portuguesa formados en saludos romanos...los jornaleros con banderitas verdes y rojas vacilaban sin saber qué hacer con ellas, les daban un vaso de vino, un paquete de galletas y una medalla de Fátima, les gritaban -Viva la Patria -ellos respondían sin entusiasmo, que nunca los vi entusiasmados con nada salvo con las desgracias y los relojes de pulsera con correa metálica. (20)
El descontento de Carlos se manifiesta aquí, tanto con el país que supuestamente representa, Portugal, como con los angoleños que van a reemplazarlo. En su condición de mestizo representará el fracaso del colonialismo que nunca supo preparar cívica ni filosoficamente a las poblaciones indígenas, las colonialistas ni mucho menos a las mestizas.
Ramon Sénder en Imán como Lobo Antunes en Esplendor de Portugal ha optado por enfatizar la decadencia del régimen colonialista. La derrota de los españoles a manos de los marroquíes recalca la imposibilidad de mantener el poder, rehuyendo al mismo tiempo de ofrecer soluciones satisfactorias una vez terminado el conflicto. En un momento de la narración los soldados españoles han sufrido una espantosa derrota y Viance mirando en derredor exclama, "¡Claro!-piensa Viance-Nosotros somos lo que en la Prensa y en las escuelas llaman héroes. Llevar sesos de un compañero en la alpargata, criar piojos y beber orines, eso es ser héroes." (113) Justo antes de que la ofensiva se reinicie el comandante les dice a los soldados españoles, ya prácticamente derrotados, "Soldados de España!- La patria os pide" granadas y ráfagas de ametralladora ahogan su voz." (113) En resumidas cuentas la patria nada tiene que ofrecer a quien la defiende, más que destrucción y muerte.¿Qué se les pide a los españoles y a los portugueses? Que sigan atrincherándose en el poder a pesar de la imposibilidad de ganar adeptos con el proyecto colonialista. El protagonista es arrinconado y obligado a existir en el medio de dos mundos que lo rechazan igualmente.
Cuba, a su vez, e igual probablemente que Portugal y España, ha desempeñado un papel histórico que no cuadra con su peso real político o su potencial económico. A la vez, sin embargo, mandó durante décadas a sus hijos a luchar a favor del débil, haciéndoles creer que intervenían en nombre de una nación generosa. Dice el protagonista de la novela de Deolofeu para recalcar este punto:
No es fácil renunciar a creernos el ombligo del mundo, los elegidos, el todo...No es fácil renunciar a tanto absolutos. No es fácil cambiar aquella responsabilidad que me enseñaron desde chiquito. Aquel destino que crecí viendo escrito en las pancartas y los muros que me encerraban: nostros forjaremos el hombre del 2000. Aquella misión de "sepultureros históricos" que nacimos cantando y que hoy dudamos a coro: Niñito cubano/¿qué piensas hacer?/¡un mundo más justo/que el mundo de ayer!" (90)
España y Portugal obviamente también han encarnado la mentalidad aquí expuesta. Portugal fue el último poder europeo en dejar Africa, y hasta prácticamente la Revolución de los Claveles en 1975 no tenía intencion de soltar su poder político sobre Angola y Mozambique. Se veían claras señales de decadencia y de inquietud entre las poblaciones indígenas durante prácticamente todo el siglo XX pero todavía en 1972 Marcelo Caetano proclamó, "Africa no pertencece a los negros, al igual que América no pertence a los pieles rojas." (102, Robinson) Yo matizaría que también en el caso de España en Marruecos ya para principios del siglo XX había indicios de que no se iban a poder sostener nisiquiera los pequeños territorios en el Norte de Africa y que el gobierno en Madrid se encontraba en las postrimerías de su fase colonialista. En 1917 decía el diputado Rodés,
¿Es conveniente crear en Africa las escuelas que faltan en España, construir carreteras por las que tanto suspiramos en España, con el propósito de mejorar allí las razas indígenas, cuando tanta falta hace una renovación semejante en nuestro país? Y todo ¿para qué? Para no obtener jamás el afecto de los indígenas, que no se nos someten más que por temor y por los continuos favores que reciben y que nunca tendrán para nosotros fidelidad ni reconocimiento..." (292, Gómez Jordana-Souza)
Aún teniendo en cuenta este reconocimiento de debilidad, todavía se percibe que es el indígena quien no está dispuesto a aceptar los favores que tan "generosamente"se le dan.
Entre estos dos extremos ideológicos a favor o en contra del colonialismo, no se nos oculta la incomprensión que probablemente sentía la gran masa de la población portuguesa y española ante las empresas colonialistas, y también la cubana que veía marchar a miles de soldados a Africa como dice el narrador de No llores ni tengas miedo "...a pesar de no estar convencidos de su utilidad." (172) Específicamente en las tres novelas mencionadas nadie es capaz de aclarar exactamente por qué un país se impone a otro o quiere seguir con un esquema colonialista contra viento y marea, emprendiendo guerras para mantener el poder. En Esplendor de Portugal, por ejemplo, queda manifiesto el asombro de la clase gobernante blanca ante lo que cree la enorme injusticia de su sustitución en el poder por los angoleños negros. Isilda, hacendada y madre de Carlos, se niega a entender la ira de los africanos, "...asalariados con sueldos absolutamente justos, asistencia médica gratuita, medicamentos gratuitos, escuela gratuita, vivienda gratuita, libertad completa, ¿dónde están los esclavos."(221)
La angustia de Viance en Imán es evidente cuando él se encuentra inmerso en un conflicto que no entiende, :
¡Dios, Dios! ¿Qué habremos hecho pa [sic] que nos metan en este tiberio? En España nadie sabe lo que aquí pasa. De vez en cuando dicen los periódicos: "Nuestros soldados mueren en Africa", pa[sic] molestar al Gobierno; pero el pueblo y los ministros ya se han acostumbrado. ¿Bueno, y qué? Aquello está lejos, y en todo caso es la defensa de la patria, Oye, tú, muchacho: ¿sabes qué es la Patria?- El del otro lado mira desde lo hondo de las órbitas cárdenas y se encoge de hombros. Insiste Viance, obsesionado. El otro habla por fin: -El sargento nos lo dijo de quintos; pero no me acuerdo." (96)
En el caso del joven cubano, una vez incorporado a filas le queda aún por comprender el por qué del involucramiento cubano en Angola:
Después del juramento de bandera, nos hablaron más claro. "Los que estén dispuestos a ofrendar sus vidas en el cumplimiento de una misión internacionalista en cualquier parte del mundo, si fuera necesario, que den un paso al frente. Los demás, que se queden donde están." Nos miramos unos a otros, pero no nos podíamos ver. En ese instante, que dura todavía para muchos, y que hizo eterno a otros, todo a nuestro alrededor perdió su significado. Un montón de cosas que nunca nos habíamos preguntado y que, quizás, tampoco nos volveríamos a preguntar, nos encerraron." (171)
Mi suposición para este ensayo, es que en lugar de reforzar las declaraciones nacionalistas a favor del colonialismo, el punto de vista que queda patente en las tres novelas será el de incomprensión y vacilación, y por tanto, un olvido del abstracto objetivo colonial para tornarse últimamente en una búsqueda de la identidad individual. Por una parte se observa la demagogia del estado que anima a sus poblaciones a emprender guerras o mantener en pie ideas caducas, y por otra se observa el rechazo de esas ideas por parte de los tres personajes. El rechazo a mi juicio quedará más evidente. En el caso de Cuba la ideología internacionalista se aprecia en las palabras de Raúl Castro, "Gracias a Angola comprendemos en todo su alcance la enseñanza del compañero Fidel de que cuando un pueblo como el cubano ha sido capaz de combatir y sacrificarse por la libertad de otro pueblo, ¡qué no será capaz de hacer por sí mismo!" (117, Orozco) La ironía se siente en el comentario que sigue de Eliseo Alberto, al hablar él de la intervención cubana en Angola, "...los hombres y mujeres del primer territorio libre de América Latina estábamos dispuestos a pagar con sangre solidaria nuestra deuda con la humanidad. Así explicábamos las cosas."(10) Curiosamente aun siendo una novela ambientada en gran parte en Africa, en la narración de Deolofeu se hace muy poco hincapié en el propósito de las fuerzas cubanas en Angola. La omisión de Africa es en sí un reconocimiento de la poca importancia que tenía no solamente para el protagonista, sino también por extensión, para la población cubana en general. La siguiente revelación es llamativa porque ilustra que el haber ido a Africa, más que para participar en una empresa más grande, tiene como fin el llegar a conocerse a sí mismo:
Aquella fue la primera noche de mi vida que echaría en aquella guerra. Yo, "el niño lindo de la casa, el hijo de la vejez, el que había crecido abajo de la saya de su Mima, el criado con leche pedía, el dientecito de ajo, la hojita de laurel, el cocuyo, el mariconcito comunistoide de la familia y, algunas veces, quizás también la vergüenza, no hacía más que cogerme lástima en aquel bostezo en el que coincidíamos mi miedo y yo, en aquella estampida hacia mí mismo. (220)
En Imán se aprecia en el caso de Viance, que anterior a su alistamiento en el ejército, que él es representativo de miles de labradores que no pueden arreglarse la vida con las cosechas pobres: "Me daban medio pan y una cabeza de ajos para todo el día, y mi madre me decía que no se podía llevar el gasto."(42) A pesar de que parece que tiene un futuro muy limitado en una fragua en la ciudad, la estrechez económica que vive su familia no le permitirá sobrevivir, "Viance atraía el hierro-la desgracia, la violencia, a su alrededor. Pero no era él solo, sino tantos otros labradores, operarios de su clase." (47) Por lo tanto al alistarse Viance se escapa de su presente pobre y su futuro aún más precario. Pero la ruptura que se crea con ir a Marruecos no se salva con explicaciones narrativas y su existencia en el ejército no será más esperanzadora que su vida anterior, y si cabe aún mucho más difícil. Viance, por ejemplo, inicia su andadura militar por las desoladas parameras de Marruecas con las siguientes palabras, "Se adivina, más que el asombro de lo que nos rodea, la sorpresa del estado a que uno mismo ha llegado y una angustia anhelante de que pueda haber desaparecido para siempre aquella vida que se comenzó a vivir."(15) Estas palabras prefiguran lo que será definitivamente la pérdida de tanto su vida anterior a la campaña desastrosa de Annual de 1921, como la que encontraría después de escapar con vida de Marruecos, para finalmente llegar a su pueblo desaparecido debajo de las aguas del embalse construído en su ausencia. El discurso de Viance, hecho a empujones mientras contempla con horror la violencia de la emboscada de la que es objeto, ilustra al individuo inmerso en un proceso de una inutilidad completa, el mantenimiento del poder colonial, y la incomprensión del que es encargado con la responsabilidad de ondear la bandera y apoyar arengas políticas hueras de sentido. España, se entiende, ignoraba al soldado recluta que estaba abajo en el "moro," luchando por lo que se sabe pronto serían las consecuencias fatales y casi incomprensibles de la campaña en Marruecos. Al igual que esta narración las otras dos en las que me he centrado en este ensayo vendrán a decir lo mismo. Ese es el deseo, en fin, de los tres, olvidar y empezar de nuevo. Pero no será posible y la tragedia que experimentan será paralela a la tragedia colonialista y neocolonialista. Por algún extraño motivo cada uno cree que al llegar al lugar nuevo, la vida cambiará, se volverá mejor y más satisfactoria. Pero como los poderes estatales que representan pero de los que no llegan a formar parte, llegar a tierras lejanas no termina por significar sosiego de ningún tipo, sino malestar, y ultimamante rechazo no solamente de los demás pero tambien de sí mismos.
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