Dos sentencias para la conformación de una filosofía natural - Dos sentencias: del Hombre en el entorno, del Hombre en el tiempo
5 - Dos sentencias: del Hombre en el entorno, del Hombre en el tiempo
En el marco de lo planteado anteriormente, hemos concluido en lo siguiente: “el Hombre debe a su aislamiento su condición de ser”. Esta sentencia reposa en el hecho de haber reconocido el desarraigo del Hombre frente a su entorno como razón y consecuencia de su empresa kepleriana.
El Hombre se descubre aislado del mundo y es el hecho de reconocer este aislamiento el motor de su empresa, y a su vez, es su reconocimiento como ser. Esta imagen de los hechos se relaciona con particular familiaridad con la necesidad de individualizar en la naturaleza - en el sentido de separar del entorno para el análisis- a aquello que definimos como vivo.
Luego, vemos que toda consideración concerniente a la separación vivo-inerte (o ser-entorno) se relaciona estrechamente con la antagonía presente en la naturaleza13 de una vía ascendente y una descendente en los procesos naturales, una propia de la esfera biológica y la otra propia de la fenomenología descripta por el aumento de la entropía.
Así, reconocer y familiarizarse con la vía descendente, con la constante degradación de lo no-vivo en la naturaleza, es acentuar la discrepancia entre nosotros y el mundo; más aún cuando la degradación del mundo se eleva al rango de ley14. El reconocer nuestra muerte, nuestra degradación al equilibrio, como condición inevitable no es, de hecho, ponernos en el marco de dicha vía descendente, debido esto a que la evolución y el desarrollo del mundo biológico son suficientes para discrepar cuanto se quiera con aquélla.
No obstante, podemos, también, reconocer un valor positivo en esta antagonía; el reconocerse como ser implica al Hombre reconocer esta escisión en el mundo natural, y el reconocimiento de esta escisión implica, a su vez, reconocer las dos vías reinantes en la naturaleza.
Luego, reconocer la vía descendente propia de la degradación al equilibrio termodinámico como una ley opuesta a nuestra realidad biológica, no es en absoluto una negación de la vida sino una afirmación del ser. Y al ser estas vías determinantes de la dirección del tiempo, no es el reconocimiento del ser en el entorno más que una reafirmación del ser en el tiempo. Así, podemos adosar una segunda sentencia: “El Hombre reafirma al tiempo al reconocerse como ser en su entorno”.
G.G.
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