



Alguna vez ya lo he sugerido, pero creo que hay cosas que no se han hecho bien y que hay que empezar a hacer mejor para que el e-learning despegue:
Debe, en grandes empresa, haber mayor sintonía entre las expectativas de los usuarios (los alumnos) y las áreas de Recursos Humanos, que son las que compran los productos y servicios a los proveedores. Las áreas de RRHH deberían estar al servicio de los usuarios, en vez de obligar a los mismos, a cambio de puntos o créditos, a realizar cursos que no consideran de interés. Creo que la motivación por el aprendizaje ha de ser intrínseca; de otro modo, me cuesta pensar en la eficacia perseguida.
Debe haber mayor sinergia entre tecnólogos y docentes en la producción de cursos on line, pero también aquí ha de quedar claro quién debe servir a quién: los tecnológos a los docentes, y todos a los usuarios. No podemos dejar que sean las razones técnicas las que se impongan sobre las didácticas, ni podemos dejar que el aparato gráfico intente tapar el vacío de contenido. Todo esto suponiendo que persigamos el aprendizaje eficaz, como así lo supongo.
Debe haber mayor sintonía entre proveedores y clientes a alto nivel. El presupuesto que va a parar a los docentes es demasiado pequeño como para que se hagan buenos productos, y hay que pensar en otros repartos de los presupuestos. Personalmente, y aun pensando que el dinero del e-learning se está gastando en beneficio colectivo, creo que doblar la calidad didáctica de un curso on line, sólo supondría una elevación del precio en un 20 ó 30%, y daría más información a quien me la pidiera. Eso sí, la calidad no ha de doblarse: ha de triplicarse por lo menos. Todo esto en beneficio de la eficacia.
En fin, sin aferrarme a estar en lo cierto, pero convencido de lo que expreso, someto al lector estas reflexiones. Ojalá el e-learning salga airoso del momento crítico que vive, pero eso pasa por reconocer, en su caso, los errores cometidos.
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