Ecuador: Experiencias y lecciones de una economía dolarizada - Experiencias y lecciones de una economía dolarizada
19 de Septiembre de 2005
Economía internacional, Medios de pago, Teoría económica
Ecuador, el país más pequeño de la región andina y con una población de 12 millones de habitantes, concluyó el siglo XX con una crisis sin precedentes. Y empezó el siglo XXI con la tasa más alta de crecimiento económico en América Latina. ¿Es éste un motivo de regocijo o de preocupación? Frente a esta pregunta nada mejor que el análisis de algunos datos, recordando que la dolarización fue presentada no sólo como la única alternativa existente, si no como la gran solución para resolver los males de la economía ecuatoriana...
Con la dolarización plena de su economía, el 9 de enero del 2000, Ecuador se transformó en el primer país de América Latina que sacrificó oficialmente su moneda nacional e impuso una moneda extranjera como de curso legal completo (2). Se incorporó a la lista de 26 colonias o territorios que hasta entonces utilizaban una moneda extranjera en todo el mundo, 11 de ellos el dólar norteamericano. A esta lista habría que agregar a El Salvador desde el año 2001, en camino estarían Timor Oriental, Guatemala, Afganistán...
Para poder realizar una evaluación de los dos años y medio de dolarización conviene recordar los ofrecimientos que justificaron el sacrificio de la moneda nacional, el sucre. El pequeño grupo de economistas y empresarios, aglutinados en el Foro Económico, que planteó como alternativa la dolarización, como Carlos Julio Emanuel, quien fuera ministro de Economía hasta junio del 2002 (3), ofrecía, entre otras maravillas, "una baja inmediata de las tasas de interés, de la inflación y la entrada de capitales foráneos, dando paso a la reactivación inmediata de los sectores productivos" (Diario El Universo, Guayaquil, 7.1.2000).
¿Cayó inmediatamente la inflación? No. En promedio anual, ésta pasó de 52% en 1999 a 97% en el 2000, antes de declinar lentamente a un 38% en el 2001; alcanzando en diciembre pasado recién un 22,4%, la inflación más alta de América Latina, casi diez veces el nivel inflacionario de los EEUU. La posibilidad de lograr una inflación de un solo dígito en el año 2002 se aleja, a pesar de que al finalizar el mes de julio (4) se registró, por primera vez desde mayo de 1996, un nivel negativo en el ritmo inflacionario de -0,07% de variación mensual, con un índice anual de 12,9%, ¡en dólares! Este resultado, lejos de alentar una perspectiva satisfactoria, comienza a señalizar tendencias recesivas y aún deflacionarias, que podrían desembocar en nuevas complicaciones cuando los precios de algunos productos queden por debajo de los elevados costos de producción que las empresas tienen que asumir.
Lo que si está claro es que en estos dos años y medio de dolarización se ahondó el deterioro de la distribución del ingreso y es notable la falta de creatividad y esfuerzos para incrementar la productividad interna de la economía ecuatoriana.
Ni la relativa calma conseguida por la ausencia de la devaluación se refleja en una sustantiva caída de las tasas de interés en dólares inflacionario, pues las tasas activas superan en la práctica el 20% para la mayoría de actividades productivas (para empresarios pequeños y medianos, las tasas reales estarían alrededor del 50%) y aún el 80% para compras a plazos en establecimientos comerciales privados. La diferencia entre las tasas pasivas y activas es de más de diez puntos, diferencial que bordea los quince puntos en comparación con las tasas internacionales. Tampoco ha bajado a niveles regionales el riesgo país: Argentina al finalizar julio del año 2002, según el índice EMBI, estaba en 6640 puntos básicos, Uruguay 2842, Brasil 2165 (por el pánico que provoca Lula a los capitalistas internacionales). Ecuador llegó a 1762, subiendo en más de 700 puntos desde abril; valores muchísimo más elevados que los de Colombia, Perú o Chile, países que no tienen sus economías dolarizadas.
¿Se reactivó de inmediato el aparato productivo? Tampoco. Fue falsa la propaganda que aseguraba que la medida es tan poderosa que por sí sola comienza a hacer girar las ruedas de la reactivación económica. En el 2000, luego del bajón de 1999, la economía apenas frenó su caída. Y recién convalece en el 2001 con un 5,4%, sin que con esto el PIB haya recuperado el nivel de 1998. Sin embargo, para el primer trimestre del año 2002 cayó el PIB en relación al último trimestre del año anterior.
En efecto, luego de registrar un crecimiento de importantes sectores del aparato productivo durante siete trimestres ininterrumpidos, desde el segundo trimestre del 2000 hasta el año anterior, en los tres primeros meses de este año se registra una desaceleración de -0,9% del PIB, no explicable sólo por una menor actividad económica luego de la Navidad; recuérdese que en el último trimestre del año 2001 el PIB creció en 1,5%. Los siguientes rubros, que representan el 75% del PI)B, resgistraron una marcada desaceleración: el sector petróleo y minas, la industria manufacturera, el comercio, el sector transporte, los servicios financieros, resto de servicios (hoteles, bares, restaurantes, comunicaciones, alquiler de vivienda, servicios a empresas y a hogares), así como otros elementos del PIB (derechos arancelarios, impuestos directos e impuestos indirectos netos).
Otras señales preocupantes asoman por el lado del consumo final total, que cae en -0,9%. La disminución del gasto de los hogares fue de -1,3%. El argumento "navideño" pierde vigencia al constatar que las reducciones más significativas en el consumo final corresponden a refinados del petróleo; maquinaria, equipo y material de transporte; y, servicios de transporte. Desde otra perspectiva, el crecimiento anterior se debió quizás a un adelanto en las compras, en la expectativa (correcta) que los precios iban en alza. O sea que parte de los ahorros fueron utilizados en ese periodo y ahora la gente (dado que tampoco se puede endeudar a las altas tasas de interés y que no todos tienen acceso al mercado financiero internacional) solo puede financiar los gastos de sus ingresos corrientes.
Otra cifra alarmante corresponde a la inversión que registró en el primer trimestre del 2002 un decrecimiento de -8,6%. Las importaciones también experimentaron una reducción de -7,4%, especialmente en refinados del petróleo, en productos manufacturados, en servicios de transporte. Y las exportaciones ecuatorianas se redujeron nuevamente en -3,6%. Estas cifras adelantan signos de desaceleración y extrangulamiento externo.
Los partidarios de la dolarización sugieren que la recuperación del año 2001 fue una prueba de la eficacia de esta decisión. Absurdo. Toda recesión finalmente termina, sobre todo si tiene recursos foráneos que ayudan a superarla. Con la dolarización, al igual que con la convertibilidad en la Argentina, el dilema es inexcusable: la economía funciona mientras entran capitales externos en abundancia o, en caso contrario, se tiene que ajustar por la vía de la recesión, pero esa no es por lo pronto la situación ecuatoriana... pero que podrá acontecer, también como resultado de las lógicas recesivas del ajuste fondomonetarista, a cuya sombra se cobijan los principales grupos dominantes del país.
Lo que interesa averiguar hoy es de dónde vienen los dólares para esta recuperación por lo demás desequilibrada y como se ve, inestable. Sobre todo cómo se financian las crecientes importaciones, mientras caen las exportaciones no petroleras. Un pilar importante para sostener la oferta monetaria se encuentra en el monto de recursos demandados por la construcción del nuevo oleoducto, así como en los ingresos generados por las ventas de petróleo en el mercado mundial hasta antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre, que provocaron una drástica caída del precio del crudo, tendencia que se revirtió al finalizar a inicios del año 2002.
La dolarizada economía se apuntaló también con las remesas de los emigrantes. Ya en el 2000 las remesas de los emigrantes por 1.360 millones de dólares, (superiores a las exportaciones sumadas de banano, camarón, café, cacao y atún), habían salvado la dolarización, al igual que los altos precios del crudo. En el año 2001 alcanzaron 1.430 millones de dólares superiores a todas las inversiones petroleras, superiores a los cinco productos mencionados, superiores en casi tres veces a la inversión social y en más de dos veces a la llamada ayuda para el desarrollo. Las remesas, por otro lado, han representado un 16% del consumo nacional en el 2000 y un 11% en el 2001. Sin embargo, en los primeros tres meses del año 2002 las remesas, por tercer trimestre consecutivo, experimentaron un marcado debilitamiento, lo cual también estaría hacia la baja al PIB y, por ende, al consumo.
Otra fuente de financiamiento es el endeudamiento externo privado. Su crecimiento es vertiginoso; seguramente sirve para comprar barato afuera y vender caro adentro. De 2.239 millones de dólares en enero del 2001 a 4.528 millones en junio del 2002, ha crecido en 2.309 millones de dólares: una duplicación en un año, llegando a su nivel máximo en toda la historia económica. Mientras que la externa pública prácticamente se mantuvo inalterada con 11.251 millones.
En este lapso debe haber ingresado una cuantía importante de narcodólares y de dólares falsos, que han inundado la economía ecuatoriana; en estos dos casos sí alentados por la dolarización. Y, por cierto, el Ecuador se ha transformado en un paraíso de los dólares falsos.
Ya casa adentro, el consumo también se ha nutrido del descongelamiento de los depósitos bancarios (El "corralito" ecuatoriano se gestó, con tecnología argentina -made in Fundación Mediterránea- en marzo de 1999 y todavía no ha sido totalmente desmantelado); este congelamiento, vale recordarlo, sirvió para proteger a la banca frente a una potencial corrida generalizada. Muchos de los clientes de los bancos, atemorizados por el congelamiento de sus depósitos, han preferido destinar los recursos que se van liberando paulatinamente al consumo de bienes (vehículos, por ejemplo) o a la construcción, sector que ha experimentado un crecimiento importante, alentado también por una política de subsidio a la vivienda de sectores de clase media.
Este convalecimiento de la economía ecuatoriana vino acompañado con una reducción de los índices de desempleo y subempleo, pero no por efecto de un incremento de la actividad productiva que pudiera haber creado muchos nuevos puestos de trabajo, sino especialmente por la corriente indetenible de emigrantes. Recuérdese que entre 700 y 800 mil personas (mucho más de un 10% de la Población Económicamente Activa - PEA), habrían huido del país por la crisis. Así, en la actualidad, todavía más del 50% de la población económicamente activa está en situaciones laborales precarias o desempleada: el subempleo afecta a casi un 35,9% de la PEA (hay estimaciones que dicen que esta cifra nos e ajustaría a la realidad, pues se afirma que su volumen real debe al menos bordear el 50%), el desempleo abierto a un 8,8% y más de un 10% se encuentra fuera del país...
Las condiciones salariales con la dolarización no han mejorado. El ingreso mínimo mensual de una familia de 4 miembros con 1,6 perceptores es de 224 dólares (un salario mínimo vital es de 140,- dólares) no cubre el costo de la canasta básica familiar, que llegó a 336 dólares en julio del 2002.
No sorprende, entonces, que en estas condiciones al inicio del 2002, más del 45% de la población adulta, según una encuesta de alcance nacional, haya expresado su deseo de salir de este paraíso dolarizado...
En este punto, tal como se manifestó, aparecen claros síntomas de nuevos estrangulamientos externos. El Ecuador, preso en la trampa cambiaria, ya enfrentó en el 2001 un déficit comercial de -302 millones de dólares, mientras consolida cada vez más un modelo aperturista que fomenta las importaciones, sin disponer de herramientas para enfrentar coyunturales pérdidas de competitividad provocadas, por ejemplo, por la devaluación de los vecinos. Así las cosas, las expectativas de un mayor déficit comercial se mantienen para el año 2002, aunque con una desaceleración de las importaciones por la menor actividad económica relativa, con estimaciones que superan mil millones de dólares; el desbalance comercial para el primer semestre del año 2002 llega ya a -592 millones de dólares.
Es importante destacar esta tendencia. Mientras las exportaciones han caído sistemáticamente en el primer semestre de los últimos tres años, las importaciones han crecido a un ritmo elevado. Las exportaciones entre enero y junio del 2000 fueron de 2.510 millones, en el 2001 de 2.477 millones y en el 2002 de 2.371 millones; mientras que las importaciones pasaron de 1.411 millones en el mismo período del 2000 a 2.339 millones en el 2001 y a 2.964 millones en el 2002. Este repunte de las importaciones es considerado, sin embargo, como una muestra del éxito de la dolarización...
Este déficit comercial, más allá de la miopía de algunos dolarizadores, preocupa en una economía caracterizada por un déficit crónico de la balanza de servicios, provocado particularmente por la sangría de la deuda externa. Lo que dejaría al país con una cuenta corriente deficitaria creciente, que podría alcanzar un valor que podría acercarse a los -1.500 millones de dólares en el año 2002, lo que representaría un salto descomunal comparado con -704 millones de déficit del año anterior. Si esta tendencia se mantiene, la nueva crisis ya estaría programada, independientemente si no hay déficit fiscal, aunque con éste, como es obvio suponer, las cosas serían mucho peores.
Con la dolarización plena de su economía, el 9 de enero del 2000, Ecuador se transformó en el primer país de América Latina que sacrificó oficialmente su moneda nacional e impuso una moneda extranjera como de curso legal completo (2). Se incorporó a la lista de 26 colonias o territorios que hasta entonces utilizaban una moneda extranjera en todo el mundo, 11 de ellos el dólar norteamericano. A esta lista habría que agregar a El Salvador desde el año 2001, en camino estarían Timor Oriental, Guatemala, Afganistán...
Para poder realizar una evaluación de los dos años y medio de dolarización conviene recordar los ofrecimientos que justificaron el sacrificio de la moneda nacional, el sucre. El pequeño grupo de economistas y empresarios, aglutinados en el Foro Económico, que planteó como alternativa la dolarización, como Carlos Julio Emanuel, quien fuera ministro de Economía hasta junio del 2002 (3), ofrecía, entre otras maravillas, "una baja inmediata de las tasas de interés, de la inflación y la entrada de capitales foráneos, dando paso a la reactivación inmediata de los sectores productivos" (Diario El Universo, Guayaquil, 7.1.2000).
¿Cayó inmediatamente la inflación? No. En promedio anual, ésta pasó de 52% en 1999 a 97% en el 2000, antes de declinar lentamente a un 38% en el 2001; alcanzando en diciembre pasado recién un 22,4%, la inflación más alta de América Latina, casi diez veces el nivel inflacionario de los EEUU. La posibilidad de lograr una inflación de un solo dígito en el año 2002 se aleja, a pesar de que al finalizar el mes de julio (4) se registró, por primera vez desde mayo de 1996, un nivel negativo en el ritmo inflacionario de -0,07% de variación mensual, con un índice anual de 12,9%, ¡en dólares! Este resultado, lejos de alentar una perspectiva satisfactoria, comienza a señalizar tendencias recesivas y aún deflacionarias, que podrían desembocar en nuevas complicaciones cuando los precios de algunos productos queden por debajo de los elevados costos de producción que las empresas tienen que asumir.
Lo que si está claro es que en estos dos años y medio de dolarización se ahondó el deterioro de la distribución del ingreso y es notable la falta de creatividad y esfuerzos para incrementar la productividad interna de la economía ecuatoriana.
Ni la relativa calma conseguida por la ausencia de la devaluación se refleja en una sustantiva caída de las tasas de interés en dólares inflacionario, pues las tasas activas superan en la práctica el 20% para la mayoría de actividades productivas (para empresarios pequeños y medianos, las tasas reales estarían alrededor del 50%) y aún el 80% para compras a plazos en establecimientos comerciales privados. La diferencia entre las tasas pasivas y activas es de más de diez puntos, diferencial que bordea los quince puntos en comparación con las tasas internacionales. Tampoco ha bajado a niveles regionales el riesgo país: Argentina al finalizar julio del año 2002, según el índice EMBI, estaba en 6640 puntos básicos, Uruguay 2842, Brasil 2165 (por el pánico que provoca Lula a los capitalistas internacionales). Ecuador llegó a 1762, subiendo en más de 700 puntos desde abril; valores muchísimo más elevados que los de Colombia, Perú o Chile, países que no tienen sus economías dolarizadas.
¿Se reactivó de inmediato el aparato productivo? Tampoco. Fue falsa la propaganda que aseguraba que la medida es tan poderosa que por sí sola comienza a hacer girar las ruedas de la reactivación económica. En el 2000, luego del bajón de 1999, la economía apenas frenó su caída. Y recién convalece en el 2001 con un 5,4%, sin que con esto el PIB haya recuperado el nivel de 1998. Sin embargo, para el primer trimestre del año 2002 cayó el PIB en relación al último trimestre del año anterior.
En efecto, luego de registrar un crecimiento de importantes sectores del aparato productivo durante siete trimestres ininterrumpidos, desde el segundo trimestre del 2000 hasta el año anterior, en los tres primeros meses de este año se registra una desaceleración de -0,9% del PIB, no explicable sólo por una menor actividad económica luego de la Navidad; recuérdese que en el último trimestre del año 2001 el PIB creció en 1,5%. Los siguientes rubros, que representan el 75% del PI)B, resgistraron una marcada desaceleración: el sector petróleo y minas, la industria manufacturera, el comercio, el sector transporte, los servicios financieros, resto de servicios (hoteles, bares, restaurantes, comunicaciones, alquiler de vivienda, servicios a empresas y a hogares), así como otros elementos del PIB (derechos arancelarios, impuestos directos e impuestos indirectos netos).
Otras señales preocupantes asoman por el lado del consumo final total, que cae en -0,9%. La disminución del gasto de los hogares fue de -1,3%. El argumento "navideño" pierde vigencia al constatar que las reducciones más significativas en el consumo final corresponden a refinados del petróleo; maquinaria, equipo y material de transporte; y, servicios de transporte. Desde otra perspectiva, el crecimiento anterior se debió quizás a un adelanto en las compras, en la expectativa (correcta) que los precios iban en alza. O sea que parte de los ahorros fueron utilizados en ese periodo y ahora la gente (dado que tampoco se puede endeudar a las altas tasas de interés y que no todos tienen acceso al mercado financiero internacional) solo puede financiar los gastos de sus ingresos corrientes.
Otra cifra alarmante corresponde a la inversión que registró en el primer trimestre del 2002 un decrecimiento de -8,6%. Las importaciones también experimentaron una reducción de -7,4%, especialmente en refinados del petróleo, en productos manufacturados, en servicios de transporte. Y las exportaciones ecuatorianas se redujeron nuevamente en -3,6%. Estas cifras adelantan signos de desaceleración y extrangulamiento externo.
Los partidarios de la dolarización sugieren que la recuperación del año 2001 fue una prueba de la eficacia de esta decisión. Absurdo. Toda recesión finalmente termina, sobre todo si tiene recursos foráneos que ayudan a superarla. Con la dolarización, al igual que con la convertibilidad en la Argentina, el dilema es inexcusable: la economía funciona mientras entran capitales externos en abundancia o, en caso contrario, se tiene que ajustar por la vía de la recesión, pero esa no es por lo pronto la situación ecuatoriana... pero que podrá acontecer, también como resultado de las lógicas recesivas del ajuste fondomonetarista, a cuya sombra se cobijan los principales grupos dominantes del país.
Lo que interesa averiguar hoy es de dónde vienen los dólares para esta recuperación por lo demás desequilibrada y como se ve, inestable. Sobre todo cómo se financian las crecientes importaciones, mientras caen las exportaciones no petroleras. Un pilar importante para sostener la oferta monetaria se encuentra en el monto de recursos demandados por la construcción del nuevo oleoducto, así como en los ingresos generados por las ventas de petróleo en el mercado mundial hasta antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre, que provocaron una drástica caída del precio del crudo, tendencia que se revirtió al finalizar a inicios del año 2002.
La dolarizada economía se apuntaló también con las remesas de los emigrantes. Ya en el 2000 las remesas de los emigrantes por 1.360 millones de dólares, (superiores a las exportaciones sumadas de banano, camarón, café, cacao y atún), habían salvado la dolarización, al igual que los altos precios del crudo. En el año 2001 alcanzaron 1.430 millones de dólares superiores a todas las inversiones petroleras, superiores a los cinco productos mencionados, superiores en casi tres veces a la inversión social y en más de dos veces a la llamada ayuda para el desarrollo. Las remesas, por otro lado, han representado un 16% del consumo nacional en el 2000 y un 11% en el 2001. Sin embargo, en los primeros tres meses del año 2002 las remesas, por tercer trimestre consecutivo, experimentaron un marcado debilitamiento, lo cual también estaría hacia la baja al PIB y, por ende, al consumo.
Otra fuente de financiamiento es el endeudamiento externo privado. Su crecimiento es vertiginoso; seguramente sirve para comprar barato afuera y vender caro adentro. De 2.239 millones de dólares en enero del 2001 a 4.528 millones en junio del 2002, ha crecido en 2.309 millones de dólares: una duplicación en un año, llegando a su nivel máximo en toda la historia económica. Mientras que la externa pública prácticamente se mantuvo inalterada con 11.251 millones.
En este lapso debe haber ingresado una cuantía importante de narcodólares y de dólares falsos, que han inundado la economía ecuatoriana; en estos dos casos sí alentados por la dolarización. Y, por cierto, el Ecuador se ha transformado en un paraíso de los dólares falsos.
Ya casa adentro, el consumo también se ha nutrido del descongelamiento de los depósitos bancarios (El "corralito" ecuatoriano se gestó, con tecnología argentina -made in Fundación Mediterránea- en marzo de 1999 y todavía no ha sido totalmente desmantelado); este congelamiento, vale recordarlo, sirvió para proteger a la banca frente a una potencial corrida generalizada. Muchos de los clientes de los bancos, atemorizados por el congelamiento de sus depósitos, han preferido destinar los recursos que se van liberando paulatinamente al consumo de bienes (vehículos, por ejemplo) o a la construcción, sector que ha experimentado un crecimiento importante, alentado también por una política de subsidio a la vivienda de sectores de clase media.
Este convalecimiento de la economía ecuatoriana vino acompañado con una reducción de los índices de desempleo y subempleo, pero no por efecto de un incremento de la actividad productiva que pudiera haber creado muchos nuevos puestos de trabajo, sino especialmente por la corriente indetenible de emigrantes. Recuérdese que entre 700 y 800 mil personas (mucho más de un 10% de la Población Económicamente Activa - PEA), habrían huido del país por la crisis. Así, en la actualidad, todavía más del 50% de la población económicamente activa está en situaciones laborales precarias o desempleada: el subempleo afecta a casi un 35,9% de la PEA (hay estimaciones que dicen que esta cifra nos e ajustaría a la realidad, pues se afirma que su volumen real debe al menos bordear el 50%), el desempleo abierto a un 8,8% y más de un 10% se encuentra fuera del país...
Las condiciones salariales con la dolarización no han mejorado. El ingreso mínimo mensual de una familia de 4 miembros con 1,6 perceptores es de 224 dólares (un salario mínimo vital es de 140,- dólares) no cubre el costo de la canasta básica familiar, que llegó a 336 dólares en julio del 2002.
No sorprende, entonces, que en estas condiciones al inicio del 2002, más del 45% de la población adulta, según una encuesta de alcance nacional, haya expresado su deseo de salir de este paraíso dolarizado...
En este punto, tal como se manifestó, aparecen claros síntomas de nuevos estrangulamientos externos. El Ecuador, preso en la trampa cambiaria, ya enfrentó en el 2001 un déficit comercial de -302 millones de dólares, mientras consolida cada vez más un modelo aperturista que fomenta las importaciones, sin disponer de herramientas para enfrentar coyunturales pérdidas de competitividad provocadas, por ejemplo, por la devaluación de los vecinos. Así las cosas, las expectativas de un mayor déficit comercial se mantienen para el año 2002, aunque con una desaceleración de las importaciones por la menor actividad económica relativa, con estimaciones que superan mil millones de dólares; el desbalance comercial para el primer semestre del año 2002 llega ya a -592 millones de dólares.
Es importante destacar esta tendencia. Mientras las exportaciones han caído sistemáticamente en el primer semestre de los últimos tres años, las importaciones han crecido a un ritmo elevado. Las exportaciones entre enero y junio del 2000 fueron de 2.510 millones, en el 2001 de 2.477 millones y en el 2002 de 2.371 millones; mientras que las importaciones pasaron de 1.411 millones en el mismo período del 2000 a 2.339 millones en el 2001 y a 2.964 millones en el 2002. Este repunte de las importaciones es considerado, sin embargo, como una muestra del éxito de la dolarización...
Este déficit comercial, más allá de la miopía de algunos dolarizadores, preocupa en una economía caracterizada por un déficit crónico de la balanza de servicios, provocado particularmente por la sangría de la deuda externa. Lo que dejaría al país con una cuenta corriente deficitaria creciente, que podría alcanzar un valor que podría acercarse a los -1.500 millones de dólares en el año 2002, lo que representaría un salto descomunal comparado con -704 millones de déficit del año anterior. Si esta tendencia se mantiene, la nueva crisis ya estaría programada, independientemente si no hay déficit fiscal, aunque con éste, como es obvio suponer, las cosas serían mucho peores.
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