Ecuador: Oportunidades y amenazas económicas de la emigración - Algunas reflexiones finales
Artículo creado por Alberto Acosta, Susana López Olivares y David Villamar. Extraido de: http://www.lainsignia.org
19 de Septiembre de 2005
Economía internacional, Teoría económica
15 - Algunas reflexiones finales
La emigración se desató por una crisis compleja, que tiene que ver, en parte, con el fracaso del modelo neoliberal, que a su vez se deriva, entre otras cosas, de la deuda externa. Y la emigración, por otro lado, vía remesas de los ausentes, sostiene directamente la economía nacional. El dinero que envían los ecuatorianos desde el exterior, representa un pilar fundamental para que se sostenga la dolarización, y por ende, significa un ingreso importante para cerrar el creciente desbalance comercial y el déficit crónico de la balanza de servicios, ocasionado por la sangría de la misma deuda externa.
Las posibilidades de cerrar la brecha de capitales con mayor endeudamiento externo son limitadas. Si la inestabilidad y la fragilidad en las cuentas externas se mantienen (que es lo más probable), en una economía abierta y dolarizada, cada vez más adicta a capitales extranjeros, con una política fiscal atada por las demandas del servicio de la deuda externa -cuyo cumplimiento es fuertemente vigilado por los organismos multilaterales de crédito- y con un bajo nivel de competitividad, la nueva crisis ya estaría programada. Aún con un manejo fiscal equilibrado, la situación puede deteriorarse por la dinámica de la balanza de pagos.
De no existir la suficiente flexibilidad financiera y fiscal, con adecuados mecanismos de protección externa, el resultado será más desempleo, menor utilización de la capacidad instalada y aún una significativa quiebra de empresas. Así, las exportaciones se verían obligadas a mejorar su competitividad despidiendo personal o reduciendo los salarios, así como forzando a cualquier costo la renta de la naturaleza, esto es con crecientes destrozos ambientales. Y en estas condiciones aumentarán las presiones migratorias.
Adicionalmente, el hecho que exista la posibilidad para que los ecuatorianos se escapen del Ecuador no garantiza un ingreso sostenido y menos aún creciente de divisas enviadas por el colectivo emigratorio, sobre todo considerando la consecución progresiva del ciclo emigratorio. Las remesas no son una fuente garantizada de recursos; éstas, por diversos motivos, pueden irse reduciendo en el tiempo y, como se anotó anteriormente, hay señales en este sentido.
A los efectos rápidamente descritos y analizados, que requieren todavía una mayor profundización, habrá que complementarlos con un análisis social, cultural y político mucho más profundo que el esbozado brevemente en estas líneas, pues es claro que el tema no se agota en lo económico. La emigración representó una válvula de escape social indiscutible, que provoca diversos cambios en la estructura social y hasta política del Ecuador, un país que por efectos de ella, para bien o para mal, no volverá a ser lo que era antes como producto de un proceso de transformaciones profundas. De todas formas, mientras se mantenga abierta esta válvula de escape social y aún política, en este país serán menos sensibles las presiones para provocar los cambios estructurales necesarios.
Finalmente, cuando se advierta la importancia de la migración, el Ecuador, en tanto proyecto de nación, podrá asumir de mejor manera el reto de construir una sociedad equitativa y abierta. Y cuando el mundo entienda la importancia de la migración, superando la protección del capital y la desprotección de las personas, las dos caras de la globalización del capitalismo, se podrá esperar la construcción de una sociedad global sustentada en la solidaridad, la libertad y la equidad.
Las posibilidades de cerrar la brecha de capitales con mayor endeudamiento externo son limitadas. Si la inestabilidad y la fragilidad en las cuentas externas se mantienen (que es lo más probable), en una economía abierta y dolarizada, cada vez más adicta a capitales extranjeros, con una política fiscal atada por las demandas del servicio de la deuda externa -cuyo cumplimiento es fuertemente vigilado por los organismos multilaterales de crédito- y con un bajo nivel de competitividad, la nueva crisis ya estaría programada. Aún con un manejo fiscal equilibrado, la situación puede deteriorarse por la dinámica de la balanza de pagos.
De no existir la suficiente flexibilidad financiera y fiscal, con adecuados mecanismos de protección externa, el resultado será más desempleo, menor utilización de la capacidad instalada y aún una significativa quiebra de empresas. Así, las exportaciones se verían obligadas a mejorar su competitividad despidiendo personal o reduciendo los salarios, así como forzando a cualquier costo la renta de la naturaleza, esto es con crecientes destrozos ambientales. Y en estas condiciones aumentarán las presiones migratorias.
Adicionalmente, el hecho que exista la posibilidad para que los ecuatorianos se escapen del Ecuador no garantiza un ingreso sostenido y menos aún creciente de divisas enviadas por el colectivo emigratorio, sobre todo considerando la consecución progresiva del ciclo emigratorio. Las remesas no son una fuente garantizada de recursos; éstas, por diversos motivos, pueden irse reduciendo en el tiempo y, como se anotó anteriormente, hay señales en este sentido.
A los efectos rápidamente descritos y analizados, que requieren todavía una mayor profundización, habrá que complementarlos con un análisis social, cultural y político mucho más profundo que el esbozado brevemente en estas líneas, pues es claro que el tema no se agota en lo económico. La emigración representó una válvula de escape social indiscutible, que provoca diversos cambios en la estructura social y hasta política del Ecuador, un país que por efectos de ella, para bien o para mal, no volverá a ser lo que era antes como producto de un proceso de transformaciones profundas. De todas formas, mientras se mantenga abierta esta válvula de escape social y aún política, en este país serán menos sensibles las presiones para provocar los cambios estructurales necesarios.
Finalmente, cuando se advierta la importancia de la migración, el Ecuador, en tanto proyecto de nación, podrá asumir de mejor manera el reto de construir una sociedad equitativa y abierta. Y cuando el mundo entienda la importancia de la migración, superando la protección del capital y la desprotección de las personas, las dos caras de la globalización del capitalismo, se podrá esperar la construcción de una sociedad global sustentada en la solidaridad, la libertad y la equidad.
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