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Ecuador: Oportunidades y amenazas económicas de la emigración - Oportunidades y amenazas de la emigración

 ****- (3 opiniones)
CopyLeft Artículo de Alberto Acosta, Susana López Olivares y David Villamar - 19 de Septiembre de 2005
4. Oportunidades y amenazas de la emigración

Sin pretender agotar la temática, es preciso que se de paso a una lectura que supere las visiones dominantes sobre los impactos de la emigración, sea porque se concentra la atención en las remesas de los emigrantes, o porque se ha hecho de este proceso un ejercicio de lamentaciones de diversa índole. La emigración, como casi todos los procesos sociales, puede tener efectos nocivos y también benéficos. En definitiva, como consecuencia de la estampida emigratoria, el Ecuador ha entrado en un proceso de cambios profundos. Y eso exige un análisis diferenciado e integrador. Sin embargo, aunque los ámbitos analizados a continuación se hallan íntimamente interrelacionados, conviene tratarlos separadamente, únicamente con fines explicativos.

1. Oportunidades y amenazas económicas derivadas de la emigración
- Las remesas, pilar para sostener la economía dolarizada Lo que interesa aquí es rescatar la significación de las remesas de los emigrantes para sostener la economía dolarizada, evaluando brevemente su aporte en comparación con algunas variables, empezando por destacar su vertiginosa evolución en los últimos años.

En el año 1991, por concepto de remesas, los ecuatorianos que habían salido del país enviaron 109 millones de dólares; este monto se duplicó en 1993, ubicándose en 201 millones de dólares, sin embargo este valor apenas representó el 1,3% del PIB. En 1999 la relación remesas/PIB llegó ya a un 6,5%, alcanzando su máximo nivel en el 2000 con 8,3%. Posteriormente las remesas, que si bien crecieron en términos absolutos, declinaron a un 6,7% en relación al PIB en el 2001, a un 5,9% en el 2002 y a un estimado de 5,8% en el 2003. En los últimos años las remesas superan a las exportaciones sumadas de banano, cacao, café, camarón, atún y pescado, más no así a las exportaciones petroleras (ver cuadro 2).

Medida la evolución de las remesas en índices con base al año 1991, se constata un salto espectacular de 100 a 1.220 puntos, mientras que el incremento del petróleo fue a 212 y del banano a 114 puntos. Hay que anotar que esta tendencia no es uniforme en el período (2).

Para comprender de mejor manera la significación de las remesas basta con compararlas con las inversiones extranjeras directas, que son superadas por los envíos de los emigrantes, aún considerando la fuerte inversión realizada en la construcción del Oleoducto de Crudos Pesados-OCP (ver cuadro 3).

La reducción relativa de las remesas frente al PIB y el menor crecimiento de las mismas en términos absolutos (ver su evolución en el cuadro 1), nos indican que se está frente a una situación que puede revertirse. Según el Banco Central, las remesas pueden sostenerse en niveles similares por unos años más. Sin embargo, lo más probable es que en breve, un porcentaje creciente de los ingresos percibidos por los emigrantes en el exterior tienda a quedarse en los países receptores; además, el flujo de emigrantes puede sufrir un bajón por efecto de las medidas restrictivas adoptadas en Europa.

Puede afirmarse que, internamente, las remesas le inyectan recursos a la economía, sobre todo por la vía del consumo y la inversión en la construcción. Su principal destino apunta al sostenimiento de estrategias familiares de supervivencia; es así que varios estudios realizados en el país demuestran que más de la mitad de los receptores utilizan las remesas en gastos diarios (alimento, vestuario, salud); para el caso de los cantones periféricos de la provincia de Loja (3) el 53% de los encuestados afirmó utilizar las remesas para este fin; en Quito (4) el 57%; y a nivel nacional, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el 61%.

Además, de las remesas lucran indirectamente diversos grupos acomodados de la población, por ejemplo los importadores de bienes de consumo (según el BID, el 17% de los receptores de remesas a nivel nacional utilizan este dinero en gastos superfluos o lujos), y aún directamente, por ejemplo, las empresas legales o ilegales (5) que están obteniendo enormes utilidades al realizar las transferencias; las estimaciones de los costos que estas transferencias representan, para el caso de las remesas desde España, han fluctuado entre 3,7% y 14,4%; para el caso de los EEUU se ha estimado que las comisiones fluctuarían entre 10% y 30%.

Lo que si está claro es que las remesas alientan el consumo. Así, si en el año 1993, éstas apenas representaron un 1,9% del consumo nacional, en 1999 llegaron ya al 9,8%, en el 2000 a 12,9%, para luego declinar nuevamente a 9,8% en el 2001, a 8,5% en el 2002, relación que se habría mantenido en el 2003. Tales cifras permiten comprender que gracias a las remesas se ha reactivado el nivel de consumo, principal componente del PIB, lo que alentó las importaciones y no necesariamente la producción nacional; éste es un punto crítico. Este aporte de las remesas se expresa, entonces, en el crecimiento del sector comercial y de la construcción, no así en igual proporción en la recuperación de la industria y la agricultura. Si este uso de las remesas se registra cuando la persona está en el exterior, al regresar (esa es al menos la experiencia en el austro) el grueso de los recursos ahorrados se destinaría a la apertura de actividades vinculadas al sector servicios (de transporte, por ejemplo), no tanto a actividades agrícolas o industriales.

Por otro lado, las remesas no se distribuyen equilibradamente en el país. Esos recursos dan oxígeno en especial a ciertas regiones, como son las provincias meridionales de la Sierra, como Azuay, Cañar y Loja, donde 6 de cada 10 habitantes tendrían familiares viviendo en el exterior. A esa zona fueron unos 650 millones de dólares de los más de 1.300 millones ingresados en el 2000; distribución relativa que debe mantenerse más o menos igual en los años subsiguientes (6). Hay que tener muy claro que estos valores son apenas aproximaciones y que en realidad pueden ser mucho más elevados los montos que ingresan por concepto de las remesas; hay quienes estiman que estos envíos de dinero podrían ser al menos en un 10% más elevados, lo cual aumenta aún más la significación de la remesas en la economía (7). El repunte de la remesas en el 2003, a más del incremento de recursos que pudieron ser remesados para acelerar la reunificación familiar por el cierre legal de Europa, recae en la devaluación del dólar. En efecto, ya que gran parte de los envíos se realizan desde Europa en euros, al subir la cotización de éste último, es decir, al aumentar el precio en dólares del euro, subió igualmente el valor en dólares de los montos enviados por los trabajadores ecuatorianos en euros; esta sería la principal ventaja que obtuvo Ecuador por la devaluación del dólar frente al euro. Se podría estimar que por concepto de diferencial cambiario entre euro y dólar, se habrían recibido en el 2003 más de 200 millones de dólares.

Como anotación adicional, téngase en mente que ahora existe una contrapartida a las remesas de los emigrantes ecuatorianos: las remesas de los inmigrantes latinoamericanos. Si el monto de remesas que ingresaron al país en 2003 bordea los 1.700 millones de dólares, el monto de remesas que salieron hacia Perú y Colombia bordearía los 250 millones. Esto significa que en realidad, el monto neto de remesas del trabajo (las provenientes del exterior menos las destinadas al exterior) no habría crecido, sino que podría incluso haber disminuido. Esto establece un grave dilema para el país, si se considera que el flujo de trabajadores peruanos y colombianos continúa en aumento, y que por lo tanto, el monto de remesas hacia el exterior (al contrario de las remesas desde el exterior) podría seguir incrementándose.

Si bien las remesas de los emigrantes no van directamente al Estado, éste, indirectamente, dispone de una mayor flexibilidad fiscal al disminuir las presiones sociales. O sea que al no tener que destinar más recursos para financiar las inversiones sociales -las cuales en gran medida se financian con "ayuda al desarrollo"-, puede disponer de recursos para atender las demandas de los acreedores de la deuda. Es decir, que las remesas le dan "algo de cuerda y movilidad" al Estado, permitiéndole mantener reducido el gasto social para poder financiar el servicio de la deuda o subsidiar la ineficiencia de la banca, según sea la prioridad del momento.

De cualquier forma, no hay como esperar que con el trabajo de los ecuatorianos en el exterior se logre "honrar" los compromisos externos. Como ya se manifestó antes, utilizando una cita de UNICEF, los arreglos alcanzados al transformar los Bonos Brady en Bonos Global sólo se podrán cumplir a costa del deterioro del bienestar de la población. Situación que provoca nuevos flujos migratorios, que a la vez repercute en la cantidad y calidad del factor trabajo disponible en la economía ecuatoriana, generando mayores desventajas productivas. Se puede entonces concluir que a mayor deterioro social y económico, mayor emigración y por ende, al menos temporalmente, mayores remesas que -perversamente (8) - sostendrían la dolarización…

-El papel de las remesas en la gestación de una nueva dependencia externa,
efectos inflacionarios y distorsión en la estructura de precios

Hasta aquí se ha podido verificar la importancia de las remesas para la economía sobre todo como factor dinamizador del consumo. Asimismo, el ingreso de divisas por concepto de remesas ha permitido contrarrestar la salida de dólares derivada del déficit comercial y del desequilibrio crónico en la balanza de servicios. Sin embargo, las remesas también llevan implícitos algunos problemas. El primero y quizá el más grave es la gestación de un nuevo tipo de dependencia externa, que se deriva de sustentar el consumo interno en una fuente externa de recursos. De acuerdo con lo anteriormente analizado, el gobierno depende del permanente flujo de remesas para conservar la mencionada flexibilidad en el gasto social; asimismo, la dolarización depende de las remesas para cubrir la salida de dólares; y de igual manera, los familiares de los emigrantes dependen de las remesas para mantener su nivel de consumo.

Esto conlleva un grave peligro, pues las remesas ya no crecen al mismo ritmo y los flujos migratorios enfrentan cada vez mayores restricciones, lo que deja pocas perspectivas de un crecimiento de remesas a futuro. No debe olvidarse tampoco que un número creciente de emigrantes está considerando la posibilidad de quedarse en España o en los EEUU en lugar de regresar, y está dejando de enviar dinero priorizando las inversiones allá y completando la reunificación familiar.

Otro gran problema de las remesas es que estarían generando presiones inflacionarias, encareciendo las condiciones de vida de las regiones en donde se concentran estos recursos. Ya que las condiciones de vida y de producción son distintas en las diferentes regiones y ciudades del Ecuador, la inflación se presenta distinta en cada una, manifestándose entre otras cosas, en los diferentes precios de la canasta básica. Así, la canasta básica familiar es más elevada en Cuenca, Loja y Quito que en el resto de ciudades del país (9) (ver cuadro 4); el promedio nacional a diciembre del 2003 está en 378 dólares. Esto refleja el mayor porcentaje de las remesas de los emigrantes, que históricamente se han concentrado en el austro. Según estimaciones para el 2000, a Azuay, Cañar y Loja ingresó más del 55% del total enviado de remesas, seguidos de Guayas con un 10%, Manabí y Pichincha un 5% cada una.

A más del efecto inflacionario que el flujo de recursos generados en la emigración pueda tener, hay que considerar otro tipo de distorsiones, por ejemplo en la estructura de precios relativos, que tiene una incidencia perniciosa a nivel de la valoración de los terrenos y propiedades rurales y urbanas. Este es un punto que debería merecer una especial atención, pues las valoraciones exageradas de tierras, por ejemplo, estarían marginando importantes extensiones de tierra para el desarrollo de actividades agrícolas.


Autor y licencia de 'Ecuador: Oportunidades y amenazas económicas de la emigración - Oportunidades y amenazas de la emigración'
Alberto Acosta, Susana López Olivares y David Villamar Extraído de: http://www.lainsignia.org CopyLeft
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