edad Media Poesia Medieval - La Épica
11 - La Épica
1.- Casi cuatro mil versos del Cantar de Mío Cid, dos folios del Cantar de Roncesvalles y poco más de mil versos de unas Mocedades de Rodrigo es lo que conservamos de la épica tradicional española. Consideramos que ésta sería bastante superior en títulos a los testimonios actuales.
Ramón Menéndez Pidal
Ramón Menéndez Pidal (1869-1968) defendió la tesis neotradicionalista. Según él, existieron numerosos cantares de gesta castellanos, que, posteriormente, se prosificaron en crónicas o se disolvieron en romances, ya que se perdieron como cantares en su casi totalidad. Dichos cantares surgirían al calor de los hechos, por lo que serían, básicamente, históricos. Su elaboración respondería a tradiciones de origen germánico, introducidas por los visigodos y probablemente conservadas por los mozárabes, en las archûzas hispanoárabes. Estos cantares noticieros o cantilenas los ampliarían juglares anónimos, desde un núcleo inicial, hasta desembocar en los cantares actuales, obras colectivas.
Frente a esta opinión, la escuela individualista opina que la épica española sigue a la francesa, acaso de origen latino. Surgiría a partir del siglo XI, por obra de clérigos cultos que escriben en torno a monasterios y recrean, sin demasiado rigor histórico, épocas anteriores. Los individualistas estudian los textos existentes e ignoran las posibles versiones perdidas.
2.- Se admite que el Cantar de Mío Cid culmina una tradición épica perdida, aunque no existe unanimidad sobre qué obras existieron realmente.
Las reconstruímos por las prosificaciones que, más o menos claras, quedan en nuestras crónicas.
Poema de Fernán González
Se especula con poemas visigodos sobre el germánico Waltharius, cuyas hazañas perduran en el Romance de don Gaiferos o con poemas sobre los últimos reyes godos: Witiza y Rodrigo y, menos probable, sobre caudillos mozárabes.
2.a.- El siglo X marca la época heroica de los orígenes de Castilla, enfrentada con León. Sus condes, de Fernán González -de quien conservamos un poema en cuaderna vía (s.XIII)- al Infante García, protagonizan cantares que aluden a sus jueces. También vive su auge Al-Andalus, y Córdoba -Abderramán III, mezclado con Almanzor- será antagonista de Castilla.
Hay huellas confusas para defender la existencia de un cantar sobre Don Juan, abad de Montemayor, héroe portugués que lucharía contra Almanzor.
Entre los mejor conservados destaca Los siete infantes de Lara. Canta la traición de doña Lambra, que, ofendida, trama la muerte de los infantes, de su ayo, Nuño Salido y de su padre, Gonzalo Gustioz, a quien Almanzor salva la vida. La hermana de éste dará a Gonzalo Gustioz un hijo: Mudarra, que vengará la muerte de sus hermanos.
La leyenda presenta variantes según la crónica que la transmita. Por otra parte, este tipo de mujer vengativa y sanguinaria se considera un rasgo germánico de la épica castellana.
La condesa traidora retoma el personaje de Almanzor, de quien se enamora la condesa, sin respetar las vidas de su marido ni de su propio hijo, que, recelando el engaño, da muerte a su madre.
Arqueta con los restos de los Infantes de Salas
El Cantar del Infant García narra la muerte de este conde el día de su boda (1027) y la venganza posterior. Cierra el ciclo de los condes de Castilla.
2.b.- Del reino de Aragón quedan huellas de un Cantar de la campana de Huesca sobre la matanza de nobles llevada a cabo por Ramiro II hacia 1134.
2.c.- Los folios del Cantar de Roncesvalles apuntan a poemas de un ciclo carolingio: un Mainete y un Bernardo del Carpio, comentados más abajo.
2.d.- Es poco probable un cantar sobre Fernando [I] par de Emperador, pero muy convincentes las diversas redacciones de un Cantar de Sancho II, sobre sus guerras fratricidas, el cerco de Zamora y su muerte a manos del traidor Vellido Dolfos.
Primer folio del Cantar de Mío Cid
3.- El Cantar de Mío Cid se conserva en un manuscrito del siglo XIV -hoy Vitr.7-17 BNM- que parece reproducir otro de 1207, copiado por Pere Abbat.
3.a.- Se divide en tres cantares:
Al primer cantar le falta la hoja inicial: no más de cincuenta versos. Trata el destierro del Cid por Alfonso VI, a causa de ciertas intrigas cortesanas. Martín Antolínez logra de dos judíos un préstamo de seiscientos marcos para el Cid, para sus fieles y para mantener a su mujer e hijas en el monasterio de San Pedro de Cardeña. El Campeador conquista Castejón y Alcocer, poblaciones que devuelve a los moros a cambio de un rescate. Cierra el cantar un enfrentamiento con el conde de Barcelona, que, aunque deshonrado por su propia torpeza, recobra la libertad.
El segundo cantar trata la gesta de mío Cid: tras conquistar Murviedro -hoy Sagunto-, asedia y toma Valencia. Álvar Fáñez lleva presentes al rey y le pide que consienta a doña Ximena y a sus hijas salir del monasterio para instalarse en Valencia. Asisten al ataque de Yuçef, rey de Marruecos, que muere a manos del Campeador. El rey Alfonso propone casar las hijas del Cid con Fernán y Diego, infantes de Carrión, a lo que éste accede. Se celebran vistas a orillas del Tajo y bodas con sus fiestas en Valencia.
Ermita de San Pedro de Cardeña
Último folio del
Cantar de Mío Cid
El cantar tercero se abre con el episodio del león, de carácter novelesco: mientras duerme el Cid, escapa de la red su león, causando el pánico entre los infantes de Carrión, que, tras confirmar su cobardía en la batalla contra el rey Búcar de Marruecos, deciden volver con sus mujeres a sus tierras palentinas. En el robledal de Corpes las golpean y abandonan, por considerarlas impropias de su condición social. El Cid recuerda al rey que, siendo él quien las casó, es suya la afrenta. Alfonso convoca Cortes en Toledo, donde el Cid recobra sus haberes y deja que Pero Bermúdez, Martín Antolínez y Muño Gustioz derroten, respectivamente, a los infantes Fernán y Diego y a su hermano, Asur González. Sus hijas recuperan la honra casándose con los infantes de Navarra y Aragón.
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