3.b.- Como fecha de composición del cantar, Menéndez Pidal propuso 1140, hipótesis que apenas se mantiene hoy, frente a la de 1200 ó 1207, por datos y observaciones del texto.
También propuso el neotradicionalista que sería obra de, al menos, dos juglares iletrados, el segundo de los cuales refundiría con más fantasía la labor del primero. Se basaba, entre otras cosas, en las dos partes diferenciadas de la estructura de la obra: el destierro y la afrenta de Corpes.
Otros estudiosos propusieron la creación de un bloque inicial, en torno al cantar segundo, sobre el que se añadirían elementos hasta llegar al estado actual.
La teoría individualista, bien representada por Colin Smith, defendió la unidad del poema e, incluso, la autoría de Pere Abbat, notario letrado.
Contrasta con la épica francesa que el Cid muestre como valor principal el de la mesura y fidelidad a su rey y que se ajuste con llaneza a los avatares de la vida real: necesidades económicas, lazos familiares, respeto a la amistad...
Se piensa que el poema refleja las aspiraciones de un grupo de nobles castellanos, que someten sus deseos de medrar a la autoridad del rey, sin ocultar su antisemitismo.
Retrato de Alfonso VI en un Cartulario del s.XIII (Santiago de Compostela)
Tema complejo es el de las fuentes del cantar, ya que éste pudo inspirarse en composiciones orales, en fuentes escritas, o en posibles cantares hoy desconocidos.
Aunque se insiste en la influencia de la épica francesa, no es posible concretar correspondencias, ni siquiera en lo que respecta a la métrica. Tampoco parecen fiables las semejanzas halladas con los clásicos latinos. Sí parece más probable que su autor conociera crónicas hispánicas latinas como la Crónica Najerense (s.XII) y, más concretamente, la Historia Roderici (s.XII), de la que tomaría episodios concretos. De ésta derivaría el Carmen Campidoctoris.
Miniatura en el folio 31r
del Cantar de Mío Cid
El códice parece, por su relativo desaliño, parte del material de un juglar, que lo usaría para la recitación, pese a que conserva correcciones escritas. Es posible que se utilizase para una representación casi dramática, recitada, cantada o salmodiada. No es imposible que cada uno de los cantares indique una sesión de lectura, ya que su extensión no se aleja demasiado de los tres actos de una comedia del siglo de Oro.
Se admite que iba dirigido a un amplio sector social, que abarcaba desde la nobleza al pueblo más humilde.
Los versos anisosilábicos oscilan entre las tres y las once sílabas, con claro predominio de heptasílabos, octosílabos y hexasílabos. Esto no parece irregularidad, sino obediencia a un tipo de composición fonética y no silábica, en que los versos -hemistiquios en el texto- se componen sobre dos ejes rítmicos. Se asimila a lo que en clerecía llamamos métrica sintagmática.
Los versos -ahora líneas del texto- se organizan en series monorrimas: tiradas de un número indefinido de versos asonantes.
Aparecen sistemáticamente a lo largo del poema fórmulas -grupos de palabras que se repiten con ligeras variaciones-. Por una parte, apuntan a una composición oral, que resuelve momentos narrativos; por otra, permiten la improvisación y la memorización de versos.
Se estudian dentro del formulismo, la omisión de verbos dicendi -dijo, preguntó, respondió...- y los epítetos, generalmente aplicados a personas o lugares caracterizados positivamente.
Estatua del Cid
Crónica muy tardía
(1562) del Cid
Un narrador omnisciente alterna los tiempos verbales, jugando con sus valores aspectuales y recurriendo a las perífrasis, aunque evita los retratos de personajes.
El neotradicionalismo observó que nuestro poema se prosifica en diversas crónicas, variantes de la Estoria de España alfonsina. Una versión vulgar, concisa, se lee en la Crónica de Veinte Reyes. Otra, más extensa y con materiales diversos, en la versión regia, recogida como Primera Crónica General. De una variación de ésta última -la Crónica de Castilla- se parte habitualmente para las reconstrucciones hipotéticas de versos perdidos.
4.- La aparición en 1916 de dos hojas que conservaban un fragmento del Cantar de Roncesvalles, de la segunda mitad del siglo XIII, renovó los estudios de la épica española. Los dos folios se habían utilizado para reforzar la encuadernación de un libro, lo que prueba el escaso interés que despertaron en su momento.
El fragmento recoge el instante en que Carlomagno reconoce a Roldán entre los cadáveres de Roncesvalles e inicia el planto por las muertes que observa a su alrededor.
Las semejanzas de este motivo con el cantar de los Infantes de Salas no puede ocultar su dependencia de la épica francesa, lo que delata en el Cantar de Roncesvalles su procedencia navarra.
Cruz de Roncesvalles
Presione las imágenes para ampliar las páginas con una versión del cantar completo.
Se relaciona con cantares de tema carolingio que circularían por nuestra Península, como un Mainete, sobre la infancia de Carlomagno en Toledo y sus amores con la mora Galiana. El cantar fundiría esta estancia con el destierro histórico toledano de Alfonso VI.
También suponemos un poema sobre Bernardo del Carpio, héroe fabuloso, vencedor de los franceses y de Roldán en Roncesvalles. Castigaría, finalmente, al rey Alfonso, que había encarcelado a su padre.
Se ha propuesto la existencia de romanceamientos castellanos sobre poemas épicos franceses: Chanson de Saisnes, Pèlerinage de Charlemagne, etc.
5.- De las Mocedades de Rodrigo (h.1360) conservamos unos 1200 versos, prosificados en su inicio.
Manuscrito 12 BNP con las Mocedades de Rodrigo
Una primera parte trata de los condes castellanos y de sus jueces, para presentar la genealogía del Cid.
Narra en su segunda parte cómo éste, tras matar al conde don Gómez, repara su falta, comprometiéndose con doña Ximena, hija del Conde. Como méritos, promete realizar cinco hazañas para su rey: vencerá al moro Burgos de Ayllón, defenderá a Castilla, derrotando a un representante del rey de Aragón, desbaratará una confabulación de nobles contra el rey Fernando, protegerá Palencia del conde de Campoó -incompleta- y, finalmente, triunfará sobre una coalición del conde de Saboya, el rey de Francia, el Emperador de Alemania y el Papa, para evitar que España les pague tributos.
Con esta victoria desmedida se interrumpe el manuscrito.
El poema sería una refundición, realizada en la segunda mitad del siglo XIV, de obras anteriores. Parece copiado por un monje de Palencia, ciudad clave del texto. Se ha definido como "obra de propaganda eclesiástica". Su distancia de los hechos históricos es grande y la figura del Cid, disparatada, hizo pensar en un "juglar degenerado", hipótesis desechada actualmente.
En la épica se incluye, a veces, un Poema de Alfonso XI (1348), escrito por Rodrigo Yáñez y etiquetado como "crónica rimada". Su tradicionalidad es, como poco, dudosa.
6.- Hasta aquí la épica tradicional. Quienes defienden una épica literaria medieval hablan de poemas clásicos romanceados: una Ilíada, una Ulisea y otras obras latinas, de las que poco sabemos.