Educación moral: Un estudio crítico de la Clarificación de valores - Notas (II)
7 - Notas (II)
21 Vid. LOCKE, Ensayo sobre el entendimiento humano (Trad. española de Edmundo
O´Gorman, México, Fondo de Cultura Económica, 1956), secc. 99, pág. 63.
22 En efecto, la libertad sólo es auténtica y real si es conforme a las condiciones reales del
hombre. “Si no quiere llevar a la mentira y a la autodestrucción, la libertad debe orientarse a la verdad, es decir, a lo que verdaderamente somos, y corresponder a este nuestro ser” Cfr.
RATZINGER, La fe como camino, Madrid, 1997, pág. 26.
23 ARISTÓTELES, Política, Lib. I, cap. 2, 1253 a 27 ss, edición bilingüe del Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1970.
24 Como señala HESSEN en su famosa Autobiografía, “el descubrimiento del alma del niño y su liberación, bajo la acción incansable del amor al prójimo, debe trasparentarse en la instrucción; de lo contrario la instrucción amenaza con degenerar en humanismo parcial”. Cfr. HESSEN, S. La pedagogia russa del secolo XX, tr. it., VIO, Roma, 1956, pág. 111.
25 Quizás en el conductismo de SKINNER, B.F. se encuentre su formulación más radical. El autor pone en boca Frazier, uno de los personajes centrales de su obra Walden Dos, las
siguientes palabras autobiográficas: “Niego rotundamente que exista la libertad. Debo
negarla...pues de lo contrario mi programa (Walden Dos) sería totalmente absurdo. No puede existir una ciencia de algo que varíe caprichosamente” (Cfr. Walden Dos, Fontanella,
Barcelona, Sexta Edición, 1978, pág. 270).
26 De ahí la esencial conexión entre lo que el hombre es y lo que hace, y la consiguiente
imposibilidad de entender al hombre prescindiendo de la ética. DEL BARCO, lo expresa con
firmeza: “El hombre, bate empedernido, es ante todo poeta de sí mismo: esculpe su figura
interior obrando. Con el fino escapelo de la acción labra su personalidad y la moldea. Si
gorronea se hace gorrón; si disimula, ladino; si da, desprendido; si ora, devoto; y si pinta y pinta aprende a ver. La ética no es importante como un adorno, sino porque, al obrar, el hombre se la juega. No es ni moralina ni estrategia de acción ni un clavo ardiendo al que agarrarse en caso de apuro, sino el modo humano de estar en el tiempo. De ahí la estrecha conexión que mantiene con la vida. Su misión consiste en ayudarla a crecer y a que no se malogre. Abarca, en suma, todas las dimensiones del ser humano, que se vuelve ininteligible sin ella”. Cfr. DEL BARCO, J.L., presentación al libro de LEWIS, C.S. Dios en el banquillo, Madrid, 1996, pág. 12.
27 Como señala LLANO, “para Kant, la subjetividad es completamente espontánea respecto de la objetividad, pero, en último término, la realidad de lo que son las cosas nos es
completamente inaccesible. Hemos de atenernos a lo que hay, y lo que hay es cómo se nos presentan a nosotros; más allá de su mera apariencia o fenomenidad nada podemos saber con seguridad acerca de ellas. El modo de presentársenos la realidad está mediatizado por las condiciones del sujeto trascendental. Pero, en último término, esto hace imposible que la conozcamos realmente, pues conocer realmente es conocer una realidad extramental; al cabo, conocer que es real y reconocerme medido por ello. Vid. LLANO, A. Fenómeno y trascendencia en Kant, Eunsa, Pamplona, 1973.
28 Acerca del influjo de la filosofía de inmanencia sobre esta desmedida confianza en la ciencia, no compartida por los verdaderos científicos, mucho más conscientes de los límites reales de su saber, Vid. FABRO, C. “Principio d´immanenza e scienza moderna” en Introduzione all´ateismo moderno, Roma, 1969, págs. 1066-1088.
29 El problema de la relación entre los valores inmutables y la conducta moral se pone de
manifiesto aquí. “La cuestión de los valores inmutables, eternos, necesarios, presenta, si
embargo, aporías insolubles -explica certeramente VICO- si los valores se toman como
individuados, encarnados en cada situación, interpretados por la acción contingente, en vez de tomarlos como modelos universales (...) El valor es eterno y necesario como debe ser, como apoyo de la voluntad para realizar los equilibrios de una ontología racional y no como simple toma de conciencia moralista de la situación vivida”. Cfr. VICO, G. Educazione morale e pedagogia attivistica, Ed. Vita e Pensiero, Milano, 1983.
30 No es de extrañar que MALLIA, considere al movimiento de la clarificación de valores como “ingenuo y dañino por contentare con cualquier valor; el maestro, además, se rebaja al nivel de los alumnos y se transmite un relativismo ético. Además no se ofrecen ocasiones e
instrumentos para estimular el compromiso, la decisión y la responsabilidad personal. El
método de la clarificación de los valores no permite alcanzar los objetivos educativos”. Cfr.
MALLA, “La chiarifficazione dei valori come modello di educazione morale”, en Orientamenti
Pedagogici, 1984, nº 3, págs. 511-523.
31 En efecto, para que en el obrar humano pueda existir o faltar rectitud, es imprescindible que “exista un principio permanente que tenga una rectitud inmutable, desde la cual se examinen todas las obras; un principio que resista a todo mal y asiente todo bien” SANTO TOMÁS, De Veritate, q.16 a.
32 Vid. el magnífico trabajo de PASCUAL, A.V. Clarificación de valores y desarrollo humano. Estrategias para la escuela, Narcea, Madrid, 1990.
33 Sin embargo, este juicio certero no es posible sin la rectitud moral de la voluntad: para el
sano juicio de la conciencia no basta ni siquiera la debida ciencia moral, sino que se requiere in actu las virtudes morales que inclinan a juzgar debidamente en el caso concreto. Vid. al respecto el acertadísimo estudio de O.N. DERISI, Los fundamentos metafísicos del orden moral, Tercera Ed., Madrid, 1969, págs. 448 y ss.
34 En realidad, actualmente este “naturalismo” es un intento de vivir los valores morales,
afirmados y difundidos por el cristianismo, prescindiendo de la religión cristiana y de cualquier visión trascendente. Vid. las magníficas exposiciones al particular de GIAMMANCHERI, Educazione morale e transizione assiologica, ob. cit., págs. 7-22; MARITAIN, J. Humanismo integral, Ercilla, Santiago de Chile, 1947; El campesino de Garona, DDB, Bilbao, 1968.
35 PUIG ROVIRA, J.M. La construcción de la personalidad moral, Paidós, Barcelona, 1996,
págs. 36- 37.
36 Debe distinguirse entre voluntas ut natura, es decir “apetito natural”, y voluntas ut ratio, que sólo se verifica cuando el sujeto se mueve a sí mismo hacia su fin, buscándolo
conscientemente. Esta distinción no puede, sin embargo, entenderse en el hombre como
separación. La voluntas ut natura se refiriere a la dimensión trascendental de la voluntad: su
necesidad de querer el bien. Pero, como señala de forma precisa ALVIRA, eso no implica que tal tendencia tenga aspiraciones independientes o separadas de la voluntas ut ratio. Ésta quiere deliberadamente un concreto bien, pero, justamente por su conexión con el apetito natural, lo quiere en tanto que es bueno, no en tanto que concreto. El hecho de que la voluntad quiera el bien es lo que la constituye propiamente como voluntad, pero el hecho de que realmente quiera bienes concretos es lo que la cualifica como libre. Vid. ALVIRA, T. Naturaleza y libertad. Estudio de los conceptos tomistas de voluntas ut natura y voluntas ut ratio, Eunsa, Pamplona, 1985.
37 Como afirma con gran sentido común BARRIO, “toda tendencia natural es espontánea
(voluntas ut natura), es decir, surge sin violencia de la naturaleza misma del ente que tiende, pero, por la misma razón, no es libre, al ser una tendencia sin conciencia. En cambio, la tendencia elícita (voluntas ut ratio) surge cuando el sujeto se fuerza a sí mismo en una dirección determinada; elige, ciertamente porque sabe de la bondad de lo que quiere, pero, radicalmente, porque quiere”. Cfr. BARRIO, J. M. Los límites de la libertad, Rialp, Madrid, 1999, pág. 139.
38 Sobre el legítimo orgullo que conlleva la aceptación de una ética de valores inmutables que convierten al sujeto en una “persona de principios”, puede consultarse el sugerente trabajo de SAVATER, F. Etica con amor propio, Mondadori, Madrid, 1988.
39 Lo que constituye un considerable error. Es necesario, como diremos en este estudio,
recuperar “un estudio metafísico como el único grado -expectuada la revelación- de suministrar las razones y las reglas básicas de los deberes interpersonales” Cfr. BAUSOLA, A. Sviluppo scientifico-tecnologico e sue implicazioni filosofiche, en C. Checcacci Ed., ob. cit., pág. 26.
40 Debe recordarse que para el profesor de Königsberg, el hombre sólo debe obedecer la ley
práctica que surge de la autolegislación monológica de su propia razón. Para él, la dignidad
humana estriba precisamente en esto, en la libertad pura entendida como capacidad de
mandar. No es el obedecer el que le cualifica moralmente, sino el mandar, aunque sea
mandare a sí mismo. Vid. Grundlegung zur Metaphysik der Sitten, AK IV, págs. 439-440.
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