El amor brujo de Roberto Arlt - Notas
3 - Notas
[1] Sarlo, Beatriz. La imaginación técnica. Sueños modernos de la cultura argentina. Buenos Aires: Nueva Visión, 1992. Pp. 64.
[2] Sarlo, Beatriz. Op Cit. Pp. 43.
[3] Sarlo, Beatriz. Una modernidad periférica. Buenos Aires 1920 y 1930. Buenos Aires: Nueva Visión, 1988. Pp. 59.
[4] Piglia, Ricardo. Respiración artificial. Buenos Aires: Pomaire, 1980. Pp. 170.
[5] “Su esposa, como otros tantos de cientos de esposas anónimas, era una excelente dueña de casa, pero él no era el hombre de regodearse en el espectáculo de un piso bien encerado, o en la pantalla calcada en la matriz de una hoja arrancada de la revista “ Para ti” o “El Hogar”.
Arlt, Roberto. El amor brujo. Buenos Aires: Losada, 1980. Pp. 56. (Todas las citas corresponden a esta edición).
[6] “El cine, deliberadamente ñoño con los argumentos de sus películas, y depravado hasta fomentar la masturbación en ambos sexos, dos contradicciones hábilmente dosificadas, planteaba como única finalidad de la existencia y cúspide de suma felicidad, el automóvil americano, la cancha de tenis americana, una radio con mueble americano, y un chalet estándar americano, con heladera eléctrica también americana”. (Arlt, 63).
[7] “Un foco eléctrico, con una pantalla de porcelana en la que se leía en letras negras “Taller Mecánico”, se balanceaba frente a una puerta con vidrierita lateral” (Arlt, 33).
[8] Ana María Zubieta afirma: “Las utopías contienen un elemento de no - verdad y esterilidad consistente en la descripción de las imposibilidades como posibilidades reales y no siempre aciertan a verlas como una alternativa posibilidad/imposibilidad. En realidad, su tensión surge del contraste entre lo que podría ser y lo que será y en esa tensión radica su encanto, acentuado por el detalle minucioso de las instituciones y la vida cotidiana de los ciudadanos de la ciudad utópica hipérbole del orden y la bonanza que (...) arraigan su naturaleza ficcional y la acercan sospechosamente a la literatura”.
Zubieta, Ana María. El discurso narrativo arltiano. Intertextualidad, grotesco y utopía. Buenos Aires: Hachette S.A, 1987. Pp. 168.
[9] Zubieta, Ana María. Op. Cit. Pp. 84.
[10] Dentro de estos hallamos: el diario íntimo (confesión monológica), el reportaje (presencia del diálogo), el ensayo, la conversación telefónica, el género epistolar, el género dramático, entre otros.
[11] “Estas mujeres tienen que ser hechas pedazos por la revolución, violadas por los ebrios en la calle”, se decía a veces Balder” (Arlt, 56).
[12] En su diario íntimo, Balder escribe: “Mas, ¿por qué he escrito estas palabras? ¿Tengo derecho a ser injusto... o justo...?. El propósito de mi diario no es demostrar que Irene es mejor o peor que sus otras hermanas las mujeres, ni yo Balder mejor o peor que mis otros hermanos, los hombres. No. Mi propósito es evidenciar de qué manera busqué el conocimiento a través de una avalancha de tinieblas y mi propia potencia en la infinita debilidad que me acompañó hora tras horas” (Arlt, 126).
[13] Fernández, Nancy. “La palabra fraudulenta. Reflexiones sobre Roberto Arlt”, en La Torre. Puerto Rico, 2001. Pp. 432.
[14] “Callaron embargados en su propia aventura. La velocidad del tren les contagiaba potencia, no necesitaban hablar. A veces, una bandada de pájaros se desprendía a ras del suelo, un hombre regaba con una manguera una cancha de “basket - ball” y el camino de tierra se arqueaba entre manchas verdes sostenidas en su centro por tortuosos postes negros” (Arlt, 23).
[15] Sarlo, Beatriz. La imaginación técnica (...). Op. Cit. Pp. 46.
[16] Sarlo, Beatriz. Ibídem. Pp. 64.
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