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La ciudad de Tenochtitlán fue fundada a principios del siglo XIV por un pueblo guerrero del norte de México, los aztecas. Los españoles llegaron 200 años después del establecimiento de los aztecas, quienes al momento dominaban un vasto imperio que llegaba hasta Guatemala. Así, asimilaron las culturas precedentes, incluyendo técnicas y estilos artísticos desarrollados en Teotihuacan y duran te el período tolteca. El imperio azteca era una teocracia militar, de modo tal que el arte estaba relacionado con la guerra y con la muerte.
De acuerdo a la tradición azteca, la existencia del Sol, la Luna y la Tierra, dependía de los rituales de sacrificio humano. Este dato se refleja en muchas de las esculturas producidas. El dios Xipe Totec, protector del maíz y de las cosechas, era representado frecuentemente en esculturas que muestran un hombre vestido con la piel de un ser humano recientemente desollado.
El templo mayor de Tenochitlán, se utilizaba para sacrificios humanos. La pirámide, que constaba de 360 escalones, tenía dos pequeños santuarios en la cúspide, uno dedicado a Tlaloc, dios de la lluvia y otro a Huitzilopochtli, dios de la guerra.
Debido a que los españoles fundieron casi todo el oro que encontraron, no han llegado hasta nuestros días importantes joyas de oro aztecas, aunque algunos de los libros pictográficos escaparon a las hogueras. También se han conservado varios exquisitos trabajos con plumas, un adorno para la cabeza y un escudo, así como diversos ejemplos de su soberbia técnica para recubrir objetos como, por ejemplo, cráneos y máscaras con mosaicos de turquesa.
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