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El culto a la muerte
Es probable que las creencias religiosas favorecieran las representaciones plásticas. Un clima extremadamente seco y un suelo arenoso generaban la momificación natural de los cadáveres, lo cual propició la creencia en la inmortalidad del cuerpo y del alma. De esta forma las tumbas se encontraban bajo las propias casas de los vivos. Así los muertos eran agasajados como miembros de la familia a los que se les proporcionaba víveres, vestuario y armas. El culto fue sofisticándose con el tiempo hasta que se construyeron casas especiales para los difuntos. En este punto se inicia un desarrollo de las artes plásticas: los interiores de las tumbas se adornaban con bajorrelieves y frescos. Las pinturas de este período representan siluetas planas en espacios carentes de encuadre espacial.
Las figuras son jerarquizadas a través del tamaño y se utilizan símbolos de condición (status social, divinidad) integrando realismo y pictografía. De esta manera, la producción pictógráfica marca el inicio de la escritura jeroglífica. Más adelante las imágenes comienzan a significar conceptos (ideogramas) que evolucionarían a la escritura jeroglífica.
El arte egipcio fue codificado al igual que el sistema de escritura. En efecto, la cultura egipcia fue notablemente conservadora, aspecto claramente relacionado con la creencia en la inmoralidad de los cuerpos y la eterna permanencia.
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