Hoy sabemos que los nuevos tiempos nos han traído formas asociativas, pre cooperativas y pre asociativas, porque reúnen a varias personas en uno o más proyectos, que se inscriben en la producción diversa de bienes y servicios. Distintos emprendimientos que aun no tienen demasiado definida la figura, destinados mas a generar trabajo y reproducir la vida que para acumular y concentrar capital. Y todos ellos constituyen también la Economía Social. Puede agregarse que este último subsector interconecta con la “informalidad”, porque (a diferencia de la actividad específica cooperativa y mutual) en gran medida se carece de registros de su actividad y no es reconocido enteramente. No se le da un lugar preciso en las estadísticas formales. Y al no ser reconocido, tampoco se reconoce a si mismo. De manera que la economía social es un conjunto que no es conjunto. Es suma de partes, con experiencias maravillosas (y de las otras, como en todos los órdenes), pero no es unidad, no se ve a si mismo como sector (sino parcialmente, como el caso de Fábricas Recuperadas), no tiene una estrategia de crecimiento, y por lo tanto carece de servicios elementales que necesita (capacitación, crédito, información, gestión).
Pero produce bienes y servicios en magnitudes importantes (parece ser el responsable del 60% de la reactivación reciente, según consultas actuales), genera trabajo y empleo, produce abaratamiento por organización de la demanda y crece en una cultura de “eficiencia popular” mas ajustada a nuestras necesidades. Puede decirse que son embriones cooperativos, que potencialmente apuntan a consolidar en cualquiera de esas dos figuras jurídicas llamadas cooperativas y mutuales, si encuentran en el camino algún facilitador. Si no fuera así, es muy poco probable que den con una estrategia de salvación antes de morir de darwinismo en la selva del mercado.
El problema es que tampoco el movimiento cooperativo y mutual ha logrado una integración política y económica nacional. En cierta forma le pasa lo mismo que al resto de la Economía Social, no es reconocido y no se reconoce, no se ve en un espejo valorizado. Pero no le faltarían argumentos para hacerlo: según los últimos Censos Nacionales entre ambas figuras existen mas de 12.000 entidades en el país con mas de diez millones de asociados. Contribuyen, nada mas que las cooperativas con el 6,5 % del PBI. Mantienen una operatoria de diez mil millones de pesos, con casi medio millón de puestos de trabajo. Exporta mas de mil doscientos millones de pesos anuales. Sus entidades agrarias cultivan diez millones de hectáreas y en general abarcan servicios vitales como vivienda, salud, consumo, ayuda económica, trabajo y servicios públicos. La láctea más importante del país es una cooperativa. Y el segundo o tercer puesto en exportaciones agropecuarias se lo lleva otra cooperativa. Pero eso no es todo:
* Los servicios públicos históricamente han sido prestados por empresas estatales, multinacionales y cooperativas. Después del proceso de privatización de la década del noventa, solo han quedado las dos ultimas y en las comunidades menores del interior, las cooperativas.
* En la actividad financiera del país es notorio el gran crecimiento de la banca internacional. Junto a ella está la banca estatal no privatizada, la banca cooperativa y las cooperativas y mutuales de crédito.
* Los pequeños y medianos productores integrados en sus cooperativas agropecuarias,
están compitiendo con gran eficiencia con las corporaciones multinacionales.
* Las grandes cadenas de supermercados son en su gran mayoría de corporaciones multinacionales, pero también en este difícil mercado mantiene su presencia el cooperativismo.
* En el área de salud, es necesario señalarlo, la mayor capacidad instalada es de los hospitales públicos, mutuales, cooperativas y obras sociales. Las prepagas solo se destacan por su capacidad financiera y sus campañas publicitarias.
A esta altura parece indispensable “revalorar el modelo cooperativo y mutual como fuente potencial de reconceptualizacion empresarial, donde la propiedad, el poder y la organización permitan que las personas desarrollen libremente sus capacidades y hagan valer sus conocimientos de generación de riqueza y de competitividad, contribuyendo a la equidad entre el capital y el trabajo”.
Pero además estas entidades deben articular eficiencia y competitividad en un marco de gestión democrática y compromiso social. Y como son empresas sociales deben hacerlo con participación social.
A lo dicho agreguemos el valor político del asentamiento territorial de cada una de estas entidades (imaginemos las cooperativas eléctricas y telefónicas, por ejemplo, instaladas en los pueblos del país, aunque el concepto es válido para todas.)
Es por esto que todo parece indicar que el movimiento cooperativo y mutual esta llamado a liderar una estrategia de desarrollo y crecimiento progresivo del resto de las entidades de la economía social; y que en el desarrollo de esta estrategia puede encontrar la unidad, integración y sentido estratégico para su fortalecimiento y consolidación sectorial.
El séptimo principio cooperativo ( y mutual.)
Este principio, aprobado por la Alianza Cooperativa Internacional en 1995 (Congreso de Manchester), vinculó directamente el progreso de la comunidad a la responsabilidad social de la asociación: es el llamado “Compromiso con la comunidad” de cada entidad asociativa. Este es el que no le permite al dirigente asociativo conformarse con su trabajo puertas adentro de su entidad. El cooperativista se siente responsable socialmente de, por lo menos, el progreso y desarrollo de la comunidad en la que vive.
Desde este principio, a nuestro juicio estratégico para el crecimiento del movimiento asociativo, pueden desarrollarse políticas desde las cooperativas y mutuales (asociativismo consolidado) hacia sus respectivas “economías sociales” territoriales (grupos pre asociativos), si estas diseñan un trabajo para estos agrupamientos menores que:
o Promocione y acompañe emprendimientos asociativos de producción de bienes y servicios.
o Permita la integración para lograr escala (articule, relacione, organice la demanda))
o Facilite la comunicación con el poder publico
o Potencie la capacidad de negociación (y contención frente a otros poderes)
o Dinamice la presencia institucional
o Permita acciones de difusión, política de medios y comunicación.
o Produzca registros de capacidades; banco de datos de oportunidades del mercado, información.
o Capacite.
o Lidere la captación de recursos (evaluación de proyectos)
o Forme promotores asociativos desde el interés local, regional y nacional
o Desarrolle el crédito interinstitucional
o Desarrolle marcas locales
o Vincule y articule con los ámbitos universitarios.
Concretándose así en el terreno la propia integración (de las entidades de la economía social) con la articulación económica y política (de la economía de mercado y la sociedad), produciendo consecuentemente la unidad y el crecimiento sectorial.
El desarrollo local y regional liderado por sus actores
Cada entidad asociativa que tenga cierto grado de consolidación y asentamiento territorial, acrecentado en el tiempo por el servicio que presta y la calidad de esta prestación, esta en condiciones (institucionales y de voluntad) de acompañar el progreso económico, crecimiento productivo y formalización en nuevas formas asociativas (o no), de los emprendimientos de producción de bienes y servicios que surjan en su territorio.
En este proyecto ambicioso y estratégico del movimiento asociativo, que de concretarse sin duda lo llevaría a alcanzar el vértice de centralidad e importancia que siempre ambicionó, el Estado juega un rol no menos importante. Todo lo producido y construido bajo la lógica asociativa está destinado a ampliar la base de la reserva de capital nacional. Los excedentes de las sociedades de la economía social al ser distribuidos en forma de servicio giran permanentemente en re-inversiones locales, siendo por lo tanto, parte cierta del ahorro nacional.
El estado puede diseñar una política para el crecimiento de la producción y el trabajo en todo el país, haciendo base en estas entidades líderes, mediante la asistencia técnica basada en el desarrollo local y regional y la transferencia de conocimientos, información y liderazgo hacia actores locales que aspiran históricamente a cumplir ese rol.
En este “hecharse al hombro” los emprendimientos de la economía social, el Movimiento Asociativo debería estar respaldado por políticas públicas, destinadas al fortalecimiento de estas empresas sociales con el objetivo de consolidar herramientas de desarrollo local y comunitario, que van a generar producción y trabajo comprometido con el crecimiento nacional.
* Lice. Juan Eugenio Ricci, fundador de la Mutual “El Colmenar”, que cuenta con cien mil asociados.