El comienzo y el desenlace en la estructura de los cuentos de Daniel Sueiro - El desenlace: cuentos cerrados y abiertos
2 - El desenlace: cuentos cerrados y abiertos
Al igual en que el comienzo del cuento, mucho se ha insistido en la importancia del desenlace en la estructura del cuento [13], hasta el punto de que Juan Paredes Núñez considera que “toda la estructura del cuento gira en torno al desenlace” [14], ya que, por una parte, permite evaluar el camino del personaje, lo que ha cambiado desde el comienzo, y, por otra, determinar el efecto y la resonancia producida en el lector. En efecto, toda la fuerza de un cuento reside en el desenlace, cuando la narración llega a su término, cobrando todo su sentido, que el lector espera con expectación para poder valorar debidamente los otros elementos del cuento.
En el conjunto de cuentos analizados se pueden dibujar, por lo que respecta al final del cuento, dos grandes grupos:
2.1-. cuentos de final cerrado: los más frecuentes en la cuentística de Daniel Sueiro, son aquellos cuya situación inicial se ve modificada en el transcurso de la acción y cuyas posibilidades narrativas acaban con la conclusión del relato. Enrique Anderson Imbert habla de desenlace terminante cuando “el problema planteado por el cuento queda resuelto, sin dudas, sin cabos sueltos” [15]. Los cuentos que abocan a un final cerrado y definitivo son, generalmente, aquellos que siguen el orden lógico de los hechos en su sucesión. Una de las estructuras cerradas minoritarias en el conjunto de los cuentos analizados es la que presenta la muerte como situación final de la acción; así se puede ver en «El maestro«, «Último viaje en un tren nocturno», «¿Se le cae el pelo?» y «El "Hincha" que en paz descanse".
Sin embargo, en los relatos de estructura cerrada podemos hablar de desenlace natural o normal [16] cuando la situación final es la consecuencia lógica de la exposición de los hechos, es decir, que el cierre de la acción es el resultante más acorde y más adecuado al problema expuesto al principio y progresivamente desarrollado a lo largo del relato.
Por otra parte, en los cuentos de estructura cerrada y en menor frecuencia, se puede hablar de desenlace desviado, es decir, que la situación final propuesta por el escritor no es la que ha pretendido conseguir o mejorar el personaje al arrancarse la acción.
La estructura cerrada del relato es una característica de la cuentística de Daniel Sueiro. De la totalidad de los cincuenta y seis cuentos analizados cuarenta y uno siguen esta estructura, y esto se debe a que “el cuento es un orbe cerrado y finito” [17] y a que, tal como sostienen Alba Omil y Raúl Piérola, “el final debe cerrar herméticamente la estructura narrativa, sin dejar resquicios para aperturas, para ninguna explicación posterior, sopena de destruirla” [18].
Sin embargo, en el primer grupo que hemos denominado de desenlace natural, la estructura cerrada plasma la instantaneidad y fugacidad del suceso cerrado en sí mismo que narra el escritor y del que no existe un después; pero también refleja la situación del personaje apresado por un destino difícil de burlar y su imposibilidad de escoger otro camino más que el que propone el autor como podemos ver en los siguientes cuentos representativos de este grupo: «Hay que cerrar, Horacio» (El personaje principal, después de aguantar muchos meses sin clientela, decide cerrar su quiosco de bebidas), y «Hora punta» (El conserje García debe coger la vez en la fila del autobús para su jefe mientras él vuelve en el metro).
En el segundo grupo, el final desviado muestra la situación del personaje arrastrado por los acontecimientos pero que, en el último momento, consigue sobreponerse a la problemática que le acucia, como se puede apreciar en «De luto» (Mario se deshace del traje negro de su boda cuando, para justificar el hecho delante de sus compañeros, desea la muerte de su propia mujer), «El regreso de Frank Loureiro» (El protagonista vuelve otra vez a la emigración al no poder adaptarse de nuevo a su país) y en «La entrevista» (La protagonista se queda deambulando por la ciudad y no acude a la entrevista que ha estado preparando durante muchas semanas y de la cual depende su mejora económica).
2.2-. cuentos de final abierto: Minoritariamente representados con quince cuentos («La cita», «La rebusca», «La cansera», «Felipe, "el Marciano"», «El eucalipto», «El egoísta», «La carpa», «Para artista de cine», «Viaje en bicicleta», «El hombre que esperaba una llamada», «La entrevista», «Felis domesticus», «Cambio de rasante», «Algo de alguien en algún sitio» y «Encuentro en diferido»), son aquellos en que lo narrado es un fragmento que se secciona de un desarrollo más extenso, en el espacio y en el tiempo. Enrique Anderson Imbert [19] habla de desenlace problemático que deja sin resolver la situación de la que surge la acción del cuento. Sin embargo, en los cuentos «La cansera» y «Cambio de rasante», se puede hablar de de desenlace sugerido [20], es decir, que se insinúa y se alude a una solución al desarrollo lógico de la acción pero que no llega a tener consistencia en el texto del relato. Así, por ejemplo, en «La cansera» Manuel intentaba convencer a su compañero de trabajo, Demetrio, para que vaya a entregarse después de haber acuchillado a su capataz; pero éste rehúsa y se va a casa a esperar a la policía. El cuento finaliza así: "Demetrio se levantó y abrió la puerta de la alcoba.
-Si preguntan por mí -dijo-, llamas y me despiertas." (pág. 35), y en «Cambio de rasante» el siguiente final: " Y pensaba. Sabía que aquello habría que hacerlo todavía una vez más, y sabía que esa sería la última" (pág. 349). Esto indica al lector que la escena de los jóvenes que se divertían, adelantando coches en zonas prohibidas, podría terminar con su vida en el intento siguiente, que se están preparando para llevar acabo.
Con la estructura abierta, el escritor pretende reflejar el fracaso de los sueños de los personajes y la poca probabilidad de conseguirlo algún día como es el caso para los protagonistas de «Para artista de cine» (José María se empeña en dedicarse al cine a pesar de su escasa preparación), «El hombre que esperaba una llamada» (Don Luis sigue pendiente de una llamada telefónica que no llega) y «Algo de alguien en algún sitio» (El joven muchacho, ante el asombro de la telefonista, necesita comunicarse por teléfono con cualquiera que sea).
Pero la importancia del desenlace en la estructura del cuento no reside únicamente en cerrar o dejar abierta y en suspense la acción, sino también en satisfacer las expectativas del lector “haciéndole sentir que valía la pena consumir el tiempo en la lectura” [21]. La crítica considera que la mejor manera de llenar las expectativas del lector es a través de un desenlace sorprendente, cuyo objetivo primordial es dar una nueva dimensión al relato, mediante una agravación inesperada y definitiva del conflicto desarrollado en el relato para que éste se grabe en la memoria del lector y llegue a lo más hondo de su sensibilidad. Enrique Anderson Imbert considera que un desenlace es soprendente “cuando con un truco el narrador engaña al lector y en los últimos renglones lo desengaña con una salida inesperada [22].
Sin embargo, cabe señalar que mientras críticos como Juan Paredes Núñez [23] o Boris Eichembaum [24] elevan el desenlace sorprendente a un elemento estructural imprescindible para juzgar la calidad del cuento y lo consideran como otro rasgo caracterizador del relato frente a la novela; otros, como Gabriela Mora [25], Erna Brandenberger [26], Enrique Anderson Imbert [27] o Juan Bosch [28], sostienen que no todos los buenos cuentos culminan en un final sorprendente, ya que éste debe ser el que más conviene a la propia anécdota y lo que ha pretendido comunicar el autor, y no debe serle impuesto a la fuerza.
En algunos de los cuentos de Daniel Sueiro el factor sorpresa es importante en el desenlace de la historia, aunque gran parte de sus cuentos acaban suavemente, renunciando a cualquier efectismo final.
En el corpus de cuentos analizados podemos considerar a los cuentos cerrados, cuyo desenlace hemos denominado desviado, de final sorprendente en la medida en que, cuando el lector cree que la acción ha llegado a su final, previamente esperado, el personaje adopta una postura distinta a la que tenía en la situación inicial del relato.
De final sorprendente podemos considerar también a todos los cuentos abiertos. Cuando el lector cree que el cuento está llegando a su final, el escritor frena e interrumpe la acción, ofreciendo al lector, no una solución al conflicto, sino que la sugiere o la deja inconclusa, contrariamente a lo que esperaba el lector; y de ahí emana el carácter sorpresivo del desenlace del relato.
Sin embargo, en la mayoría de los cuentos de desenlace sorprendente, el efecto final del relato se consigue como resultado del desenvolvimiento interno y normal de la anécdota, pero con un elemento imprevisto que imprime un giro inesperado a la historia, provocando la sorpresa del desenlace, como en «El gas» (La experimentada niñera enseña a la joven principiante buenos consejos sobre el método de tratar a los señores y a los niños; el más sorprendente es hacer respirar a éstos el gas para que se duerman en seguida), «El plano» (Pablo Manzano se pierde en la ciudad después de haber estado estudiando el plano de la ciudad durante veinte días; al final de la noche y al seguir las indicaciones del guardia se da cuenta que ha había pasado muchas veces delante de la pensión donde reside) y en «¿Se le cae el pelo?» (La alopecia que le está dejando sin pelo y la soledad que padece el joven protagonista le llevan a al suicidio de una manera un tanto extraña: atándose una bolsa de plástico en torno al cuello y abriendo junto a su nariz una pequeña cápsula de gas). En otros cuentos el final encierra la clave para entender la situación creada en el relato y aclara más el significado del título como en «Insomnio» en que el personaje narrador echa de menos el ruido de la cama de la pareja del piso de arriba, que noches antes le había quitado el sueño; al final dice:
Sería todo lo pesado que se quiera, pero era también, ¿cómo te diría?: estimulante (pág. 584).
En «Las siestas», además, la sorpresa final del relato se consigue con una significación distinta a la que expresa el personaje. Así, después de entrar en el chalet cercano a la obra con el pretexto de pedir agua, el peón Rafaé, dejándose llevar por un súbito acaloramiento, arroja sobre la cama a la criada que ha salido para abrirle, el narrador termina el cuento diciendo:
Así que la dejó y salió, por la puerta de la cocina, sin beber el agua, y cuando llegó a la obra, Flores le pregunta:
-¡Qué...! ¿Estaba buena?
Y Rafaé contesta sin pensarlo, oyéndose a sí mismo, asombrado e incrédulo:
-Muy buena (págs. 180-181).
Queda claro, pues, que el comienzo y el desenlace del cuento aparecen en estrecha relación y se convierten en unos de los elementos claves de su composición; y Daniel Sueiro parece consciente de ello. El comienzo, como hemos visto, determina la tensión que adquiere el relato, al despertar la emoción o la curiosidad del lector, y el autor lo consigue mediante la irrupción directa en el mismo centro de los sucesos, en el caso de los comienzos in medias res, y la concisión de la parte introductoria de sus relatos, en el caso de los comienzos ab initio, que es el procedimiento estructural que Daniel Sueiro ha utilizado en la mayoría de sus cuentos. Por su parte, el desenlace es de mucha importancia en la concepción de la historia y de él depende el éxito del cuento. Este desenlace en los relatos de Daniel Sueiro es de formas diversas: la mayoría de las veces concluye definitivamente la historia y en pocas ocasiones la deja abierta; otras veces acaba suavemente sin efectismo final, pero en algunos se impone el final imprevisto que reorienta la acción en una nueva dirección.
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