



[1] Empleamos aquí este concepto en el sentido que Utiliza Félix Martínez Bonati: La estructura de la obra literaria, Barcelona, Seix Barral, 1972, pág. XVII, como “arquitectura esencial, forma constitucional, construcción fundamental y semejantes.”
[2] LANCELOTTI, Mario: De Poe a Kafka, para una teoría del cuento, Buenos Aires, Eudeba, 1973 3ª ed., pág. 43, afirma que “en el cuento, el principio y el fin se tocan de muy cerca” y Juan Bosch: pág. 18, señala que “el principio no debe hallarse a mucha distancia del meollo mismo del cuento.”
[3] QUIROGA, Horacio: “Decálogo del perfecto cuentista”,en , pág. 87.
[4] QUIROGA, Horacio: “Manual del perfecto cuentista, en ob. cit., pág. 62.
[5] BOSH, Juan: Teoría del cuento, Mérida, Universidad de Los andes, 1967, pág. 28.
[6] PAREDES, NÚÑEZ, Juan: Algunos aspectos del cuento literario (Contribución al estudio de su estructura), Granada, Propuesta, 1986, pág. 28.
[7] BAQUERO GOYANES, Mariano: Qué es la novela. Qué es el cuento, Murcia, Universidad, 1988, pág. 61, señala esta condición del cuento en estos términos: “el lector de una novela podrá sentirse defraudado por el primer capítulo, pero quizás el segundo conquiste su interés. En el cuento no hay tiempo para eso, ya que desde las primeras líneas ha de atraer la atención del lector.”
[8] Citamos por la edición de Cuentos completos, Madrid, Alianza, 1988, prólogo por Darío Villanueva.
[9] QUIROGA, Horacio: “Manual del perfecto cuentista, en ob. cit., pág. 62.
[10] BOSH, Juan: ob. cit., pág. 18.
[11] Para Juan Paredes Núñez: “Del cuento breve y sus desenlaces”, Lucanor, 1, 1988, pág. 106, el desenlace anticipado “se suele producir en cuentos que podemos llamar de explicación, pues la intriga se desarrolla como explicación de un suceso expuesto al principio del relato.”
[12] OMIL, Alba y PIÉROLA, Raúl A.: El cuento y sus claves, Buenos Aires, Nova, 1969, pág. 18.
[13] Para Erna Brandenberger: Estudios sobre el cuento español contemporáneo, Madrid, Editora Nacional, 1973, pág. 376, esta importancia reside en que “el cuento literario está concebido partiendo desde el final y que su sentido exacto no se puede captar hasta llegar al final”. En la misma línea Omil y Piérola, ob. cit., pág. 14, consideran que “el buen cuento nace como una totalidad. Desde un comienzo, el autor ya tiene en sus manos la entidad entera, es decir, tiene previsto, sobre todo su final.”
[14] PAREDES NÚÑEZ, Juan: ob.cit., pág. 34.
[15] ANDERSON IMBERT, Enrique: Teoría y técnica del cuento, Barcelona, Ariel, 1992, pág. 99.
[16] PAREDES NÚÑEZ, Juan: ob.cit., pág. 35.
[17] LANCELOTTI, Mario: ob. cit., pág. 49.
[18] OMIL, Alba y PIÉROLA, Raúl A.: ob. cit., págs. 14 -15.
[19] ANDERSON IMBERT, Enrique: ob. cit., pág. 99.
[20] Para Juan Paredes Núñez, ob. cit., pág. 37, “este final se omite intencionalmente para intensificar el dramatismo de la intriga.”
[21] MORA, Gabriela: En torno al cuento. De la Teoría general y de su práctica en Hispanoamérica, Madrid, José Porrúa Turanzas, 1985, pág. 130.
[22] ANDERSON IMBERT, Enrique: pág. 99.
[23] PAREDES NÚÑEZ, Juan: ob.cit., pág. 36, afirma que “toda la estructura de la relato está intencionalmente contenida y adecuada en busca del efecto de la sorpresa.”
[24] EICHEMBAUM, Boris: “Sobre la teoría de la prosa”, en Tzevetan Todorov (ed.) Teoría de la literatura de los formalistas rusos, Buenos aires, Signos, 1970, pág. 152, apunta que “es natural, en consecuencia, que un final inesperado sea un fenómeno muy raro en la novela (si se lo encuentra sólo revela la influencia del cuento): las grandes dimensiones y la diversidad de episodios impiden ese modo de construcción, mientras que el cuento tiende precisamente a lo inesperado del final donde culmina lo que precede”.
[25] MORA, Gabriela: ob.cit., págs. 130 - 131, indica que “la vieja prescripción del “final inesperado” no es requisito esencial del cuento, sobre todo en la literatura contemporánea.”
[26] Erna Brandenberger: ob. cit., pág. 376, resalta la importancia del desenlace del cuento, pero considera que “la afirmación de que el cuento literario culmina en un final sorprendente es demasiado contundente.”
[27] Para Enrique Anderson Imbert, ob. cit., pág. 164, “el desenlace contundente, sorpresivo, no vale más, necesariamente, que el desenlace inevitable, esperado.”
[28] Juan Bosh, ob. cit., pág. 17, expresa la misma idea de los tres últimos críticos en estos términos: “el final sorprendente no es una condición imprescindible en el buen cuento.”
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