El ensayo y la identidad argentina - SENTIR Y PENSAR LA ARGENTINA
Cuando Víctor Massuh publica La Argentina como sentimiento, en 1982, el país parece entrar de golpe en la historia mundial, sin estar preparado para que el mundo volviera la mirada hacia su geografía, su historia, su sociedad y su sistema político. De pronto, fue el epicentro de la atención mundial y tuvo la grave sensación de balancearse en equilibrio inseguro como el fiel de la balanza que no encuentra el punto inmóvil porque cada platillo empuja para su lado. La guerra de las Malvinas desnudó con crueldad la situación en que se encontraba el país en sus diversos órdenes. Todo estaba podrido. Y el hedor resultó insoportable. Hasta ese momento, el país era un ornamento, una pura apariencia de imágenes positivas cuyo trasfondo no convenía ni se permitía averiguar. Era un gigantesco disfraz con aspecto de uniforme que sólo dejaba ver lo exterior, los ademanes convencionales, los ritos artificiosos. Se invirtieron los términos de Mallea y la Argentina visible se impuso como la verdadera. La Argentina falsificada se presentó y se instauró como la auténtica. La obtención del campeonato mundial de fútbol en 1978 fue la culminación de esa impostura. El régimen militar estimuló la metonimia para que el torneo no se limitara estrictamente al aspecto deportivo, sino que se extendiera a todo lo argentino. Éramos campeones del mundo en fútbol, lo cual demostraba que también lo éramos en muchas otras cosas. Campeones del mundo en todo... y también en la guerra.
Pero la guerra de las Malvinas nos arrebató el campeonato. Fue el sopapo que recibe el payaso y le arranca las máscaras y las pinturas, dejando expuesto su verdadero rostro. Entonces nos dimos cuenta de que, en el mundial de fútbol y en la guerra de las Malvinas, los grupos militares, económicos y políticos que detentaban el poder habían manipulado nuestros auténticos sentimientos. Como el médico le pega a la criatura recién nacida, que ingresa con el llanto a una nueva realidad, así ingresamos a un mundo doloroso, destruido, manchado. Fue un alumbramiento, un dolor con esperanza, porque la realidad manifiesta agitó conciencias y movilizó las fuerzas populares a favor de un proceso democrático que nos rescatara de tanta frustración, tanta mentira y tanta muerte.
La Argentina como sentimiento aparece en un tiempo colmado de estímulos para preguntarse por el sentido de la existencia como nación, por los valores que todavía quedaban en la base de la nacionalidad y por la relación del ciudadano con su patria, conmovida hasta los cimientos por una crisis de gravedad insospechada. Tiempo propicio para que los espíritus reflexionaran sobre el ser de esta Argentina sacudida y temblorosa y sobre sus confundidos habitantes. Eso intenta Massuh. Su libro actuó como un acicate para que otro escritor, motivado directamente en aquel texto, redactara aceleradamente el suyo, a fin de responder las apreciaciones de Massuh con observaciones y juicios que corregían las fallas que, a su criterio, había cometido, y para plantear una visión distinta del país. En La Argentina como pensamiento, publicada a los pocos meses de la aparición del libro de Massuh, José Isaacson procura aportar elementos más racionales para comprender los aspectos sobresalientes de la Argentina. El sentimiento solo no basta, porque no llega a las causas. Isaacson intenta una concepción integral: pensar sobre el sentimiento y sentir sobre el pensamiento.
Massuh enumera bienes y males de la Argentina y expone tres dicotomías que resumen el problema de la cultura y la identidad argentinas:
-Lo vernáculo y lo europeo, que componen los aspectos de población, europeización e inmigración.
-El poder caudillesco y el intelectualista, que agrupa al populismo, a los intelectuales , a los dirigentes.
-Mayorías y minorías, que conjugan a todos los elementos anteriores.
El planteo dicotómico lo aproxima a Mallea. Como él, declara la existencia de dos argentinas que se presentan como la coexistencia de dos almas:
“Se diría que el argentino está habitado por dos almas: la que se recuesta en el fracaso y allí se adormece, y la que se empeña en suplir las carencias con reservas insospechadas, con ingenio y sentido de aventura.”
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“Sé bien que estas dos almas habitan en un solo cuerpo, que acaso son una sola, o que una es el alimento de la otra. Por momentos pareciera que el argentino necesita convivir con estas dos dimensiones para sentirse verdaderamente instalado en su tierra.”
Al refutar a Massuh, José Isaacson confiera preeminencia al pensar, aunque no desconoce el valor del sentimiento:
“Sin el sentimiento raigal hacia mi patria no me hubiera detenida a pensar sobre ella. Me interesa poner de manifiesto que para mejor quererla debo pensarla.”
No hay pensamiento sin intervención de la sensibilidad, ni sentimiento sin participación intelectual. Es legítimo el punto de partida de Isaacson, que declara la necesidad de tener claro el pensamiento sobre el país para que el sentimiento se exprese sin tropiezos, Toma el libro de Massuh como motivación de sus reflexiones y se presenta como un observador dispuesto a denunciar los errores en donde crea que se anidan. No descarta la mirada interior para descubrir y describir nuestros modos de ser y actuar. Pero su posición se apoya en el reconocimiento de que los problemas no están dentro de nosotros mismos, sino que son el resultado de factores estructurales definidos que obran mediante agentes identificables. Nuestros fantasmas tienen nombre e Isaacson intenta reconocerlos. Después de Martínez Estrada y Jauretche, es el que denuncia más resueltamente las estructuras institucionales como factores determinantes de las condiciones de vida de una nación. En Martínez Estrada estos factores operaban como fuerzas ciegas y desde las sombras. En Jauretche se organizaban como retórica social de la zoncera. En Isaacson actúan como producto de la voluntad individual o colectiva. Las circunstancias surgen del ejercicio del poder en los distintos niveles.
“Esto no es así por fatal decisión de un ‘fatum’ irreparable; más bien es el resultado de la creciente corrupción impulsada por los factores de presión que todo lo deciden, lo saber, lo comprenden, y del saber público.”
El autor rechaza la idea de las dos argentinas, presente en Mallea y Massuh, entre otros ensayistas, y exhorta a develar con valentía la realidad nacional para favorecer el crecimiento en comunidad:
“Debemos aproximarnos a la Argentina real, la única que existe, exponer sus contradicciones, dejar de lado los oportunismos y bucear en las razones profundas que impiden el despegue nacional. Esta actitud exige valentía, pues razonar el país pondrá al descubierto estructuras supérstites que es imprescindible transformar.”
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