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Nadie duda de las infinitas bondades que Internet, y en especial el correo electrónico, han representado para el género humano. Si algún adelanto tecnológico pudiera representar el siglo que termina, sin vacilar un segundo pudiéramos decir que las computadoras son el logotipo que mejor identificaría todo lo anterior al 2000.
Pero este proceso no terminó ahí, sino que llega hasta nuestros días y será parte integral del futuro de la humanidad. De ahí que para quienes estudian el lenguaje, tanto oral como escrito, el tema del correo electrónico represente un filón lingüístico sumamente interesante para poder definir nuevas reglas del juego o mantener las ya existentes.
Atrás quedó la diligencia cargando aquellos sacos repletos de sobres con hermosas estampillas, atrás también quedó un coronel que esperaba todos los días una carta que nunca llegaba, atrás queda la espera, el tiempo alargándose y la impaciencia. Hoy las nuevas conexiones nos permiten comunicarnos al instante con personas que están a distancias inalcanzables con una brevedad que espanta.
La Internet lo va transformando todo. Si no, comparemos la edición gráfica de un periódico y su versión digital para que veamos cómo han aparecido características comunes tales como la brevedad y sencillez en los textos o la desaparición de ciertos géneros, como las entrevistas largas y los reportajes demasiado amplios. Junto a ello comienzan a proliferar otros recursos (como la infografía animada, cuadros y estadísticas…).
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