El estilo epistolar en Lope - El epistolario de Lope de Vega (II)
2 - El epistolario de Lope de Vega (II)
En cuanto a la mezcla de estilos, reconociendo que en ocasiones sí puede ser reflejo de corrientes anímicas, se trata de un procedimiento epistolar que Torquemada percibía como el más habitual en los autores (luego tenía tradición) advirtiendo que el estilo se ajustaba a las materias31. Lo que más interesaba al Duque eran los chismorreos cortesanos y amorosos, que han de narrarse en estilo gracioso. Esta es la causa principal del predominio de este estilo. Encuentro además en Torquemada una prueba de que Lope no hacía sino seguir la norma al escribir a un noble en estilo gracioso: Torquemada, recomendando distintas materias según los destinatarios de las cartas personales, aconseja que "a los del palacio" se les escriba "en cosas de burla"32. Por lo demás, Lope no echa mano de muchos estilos en su correspondencia íntima: Son los mismos que debía emplear el secretario según Torquemada (elegante, delicado, gracioso) sólo que con el elemento gracioso hipertrofiado. No hace uso del estilo subido (propio de filósofos y médicos griegos "y que requiere glosa para dexarse entender"33), raramente del grave (apropiado para la filosofía moral34) y nunca del torpe (que consiste en "vocablos toscos y bárbaros y comunes entre gente labradora"35). Más discutible es hasta dónde alcanza el empleo del estilo llano.
En sus cartas íntimas Lope se muestra mucho más llano que en las hechas por encargo, pero no por eso puede concluirse que Lope escribe en estilo llano, del que Torquemada dice: "es el que comúnmente vsamos escriuiendo en cartas de poca ymportancia, en petiçiones, en escrituras, en negoçios como dizen por la vía ordinaria, no teniendo atençión a más de que se entienda lo que queremos dezir, sin curar de mucha eloqüençia ni elegançia, ni de las otras cosas tocantes a los otros estilos"36. En fin, estilo llano equivale a desnudez de estilo, y no encuentro una sola carta en la que la prosa no sea, cuando menos, elegante. De todas formas, no faltan testimonios de Lope en los que éste recomienda dejar de lado las retóricas para comunicar los sentimientos y las razones más personales: En la carta 5 se lee: "los términos más significativos esos son los que tienen mejor lugar en las epistolas familiares"37; en la 28, refiriéndose a unas cartas de amor, Lope escribe: "Van con esta llaneza estos papeles porque en tales ocasiones ha de enmudecer la bachillería y hablar el afecto"38; en la 73 puede leerse: "[...] porque no se agravie el amor, que no quiere lo que se siente con elocuencia, sino con sencilla y descansada libertad"39, y en la 81: "donde habla amor puro no hay cosa más extranjera que los colores retóricos"40. Estas pequeñas declaraciones teóricas hay que tomarlas con tiento: Pocas veces Lope expresa su intimidad con desnudez, y estas afirmaciones hay que entenderlas como justificaciones del estilo "descuidado" frente al retorcimiento del estilo cancilleresco. Su postura ante dicho estilo oficial, y en particular ante el estilo de los formularios, queda recogida en un texto citado por Amezúa41: Se trata justamente de la aprobación de un formulario (el de Páez de Valenzuela) dada por el propio Lope y en ella puede leerse, en referencia a la escritura de epístolas, que "la retórica natural es el maestro común desta ciencia". Ya sabemos que Lope no se ciñó a esa vaga retórica natural en sus escritos oficiales, demasiado similares a los modelos de formulario, demasiado condescendientes con el uso42, y estamos comprobando que ni siquiera en su correspondencia íntima con el Duque siguió plenamente su propio precepto. Esa retórica natural es una ficción insostenible como principio ya que cualquier texto se funda en otros, e incluso la correspondencia íntima soporta la carga de toda una tradición que impone buen número de normas. Aun aceptando en Lope cierta llaneza de estilo, no en el sentido de Torquemada sino en otro más amplio y abstracto que implica coloquialismos, naturalidad (como proximidad al habla43) y cierta improvisación, tres elementos no siempre presentes en las cartas al Duque, no debe perderse de vista que ese estilo llano es justamente el recomendado por la mayoría de los que han escrito sobre retórica epistolar. En fin, ese estilo llano más general es el propio de la tradición y, en este sentido, muy bien puede ser buscado y afectado en su llaneza.
Demetrio sostiene que el estilo más propio para las epístolas es un compuesto del gracioso y el sencillo, el elegante y el simple. Séneca defiende un estilo epistolar simple y coloquial.44 Quintiliano se refiere al estilo "suelto" como característico de los diálogos y las cartas. Para Filóstrato el estilo epistolar debe estar entre lo coloquial y el estilo ático. Gregorio Nacianceno pide un estilo conversacional que evite el prosaísmo. Erasmo, en la Brevissima maximeque compendiaria conficiendarum epistolarum formula, sostiene que el estilo de las cartas ha de ser claro y simple, con un cierto "descuido estudiado" (más adelante, en el Opus de conscribiendis epistolis ampliaría la posibilidad de elección de estilo según la materia, aunque apostando por la elegancia). Vives dijo que "la carta es una especie de retrato o reproducción del habla cotidiana y una especie de diálogo continuado"45, pero matizó que el estilo debe ajustarse al decoro retórico (los de quién, a quién, y de qué de la carta)46. Finalmente, Torquemada sugiere que el estilo sencillo puede ser afectado incluso en las cartas oficiales cuando dice: "no es menester menos abilidad en vn secretario para saber perder la que tuviere y cobrar de nuevo otra para el estilo llano que se vsa, que para vsar la que tiene por su natural yngenio, o la que adquirió por su trauajo".47
En definitiva, la propuesta de naturalidad de Lope no resulta muy original. Se aparta, eso sí, de los gustos barrocos, pero no para toparse a tientas con una "retórica natural", sino para insertarse en una larga tradición. En su defensa de la espontaneidad del estilo frente a los formularios de cartas, Lope aparece como el último eslabón de un humanismo que terminaría por extinguirse48. Pero entendamos que esta teoría estilística de Lope apenas se llevó a la práctica: que sus cartas oficiales son plenamente barrocas y las íntimas, aunque en otro plano, tienen mucho de lo mismo. En cuanto a la elección, en otras ocasiones, de un estilo más llano para las cartas al Duque, no ha de atribuirse a que éste fuese el estilo más natural, más auténtico en Lope. Éste hace uso de una tradición que sabe la más efectiva y comunicativa; emplea la llaneza para alcanzar del Duque sus pretensiones y para cumplir con las expectativas de éste. Carta de quién, a quién y de qué, en fin, el decoro, es el que determina los distintos estilos de los que Lope echa mano, entre ellos el llano en sentido amplio. La compleja mezcla de estilos alcanza explicación al recordar el complicado papel que Lope debía jugar frente al Duque, papel dramático, si se quiere, que había de quedar reflejado en los textos de las cartas: De Lope se esperaba lo propio de un poeta culto e ingenioso, de ahí las figuras retóricas, el estilo conceptista, la inclusión de versos, las citas latinas o las anécdotas históricas. Lope era también un criado de su señor y mecenas, que estaba socialmente muy por encima de él, y de ahí las continuas alabanzas o el rebajarse a sí mismo. También le tocará a Lope hacer de bufón y de gacetillero para su señor, y para cada papel sabrá vestirse con el estilo apropiado. Lope es mayor que el Duque, con más experiencia en la vida y en el amor, y de ahí las sentencias, las reprensiones y los consejos tan buscados. Finalmente, el Duque querrá en Lope un confidente, un cómplice y un amigo, y este es el origen del estilo llano rico en camaradería y también en chocarrerías49. El Duque le estaba pidiendo a Lope que fuese inferior, igual y superior a él, y esto conduce a la mezcla y ambigüedad de estilos y afectos que muestran las cartas. Es de admirar la proteica habilidad de Lope para interpretar a un tiempo tantos papeles y hacerlos compatibles.
Tal vez, muy posiblemente, la afectación en Lope no era completa y en muchas cartas sí hay un fondo de sinceridad y autenticidad. Este es el momento más oportuno para plantear un argumento que defiende esta tesis: Consiste en reconocer que lo impensado, lo no premeditado, lo espontáneo, lo escrito apresuradamente, proviene de manera más directa de lo más profundo y auténtico de la persona (el caso más extremo es la escritura automática), y que, asímismo, muchas de las cartas íntimas de Lope fueron escritas a contrarreloj.
Basta considerar la increíble actividad vital y profesional de Lope, a lo que hay que sumar la actividad como secretario y luego también capellán, para suponer el tiempo mínimo del que dispondría para escribir sus cartas íntimas. De todas formas existen pruebas explícitas de esta cuestión en las mismas cartas. Doy algunos ejemplos: En las cartas 45 y 46 Lope suplica perdón por la mala letra, debida a la "prisa". Al principio de la carta 45 se explica un motivo para este apresuramiento: El hombre que le ha llevado los papeles del Duque a Lope, entonces en Toledo, quiere regresar enseguida. En ambas cartas también se aduce como causante de la prisa el hecho de que es muy "tarde". Otra carta escrita dos años después nos aclara otra limitación temporal para la escritura: Al final de la carta 88 Lope cesa de escribir y parece disculparse de la poca extensión de la carta con la nota aclaratoria "V.E. perdone, que anochece y no veo"50. Sabemos que Lope gastaba anteojos para leer y, ahora, que su visión con escasa luz debía ser defectuosa. Igualmente se deduce que normalmente Lope no debía escribir de noche por las incomodidades que esto le acarreaba (resulta imposible dejar de imaginar la actividad frenética de Lope en los días de invierno, antes de la puesta de sol). Otros textos inciden en lo mismo: En la carta 75: "[V.E.] ya escribe de suerte que tengo vergüenza de escribirle aprisa"51, y en el sobreescrito de la 58 se dice en verso: "Éste no lleva cubierta/ por la prisa, perdonad,/ que es papel de voluntad/ y está con vos descubierta"52.
Estoy suponiendo una apresuración general en la escritura que no tenía por qué darse en el mismo grado para todas las cartas, pero sí resulta razonable pensar que normalmente Lope se veía apremiado por el tiempo en mayor o menor grado. Si se acepta el argumento que propuse más arriba, consecuencias de esta prisa serían la espontaneidad, la sinceridad, la falta de premeditación e incluso el descuido en el estilo. Pero esta premisa general no es plenamente aplicable al caso concreto de Lope de Vega, y no creo que en él espontaneidad y falta de premeditación (que pienso que las hay) deban entenderse como indisolublemente unidas a la sinceridad y al estilo llano. Éste, no muy frecuente por lo demás, es adoptado conscientemente como precepto estilístico, según ya vimos, pero todavía encuentro un contraargumento aún más sencillo: La monumental obra de Lope ha hecho pensar, con razón, en su prodigiosa facilidad para el lenguaje y la creación; de otra manera hubiera sido imposible gestar semejante obra un solo hombre, en una sola vida: no habría dado tiempo. La misma fantástica capacidad lingüística fue la aplicada en las cartas íntimas. Lope no necesitaba detenerse a pensar para que las palabras obedecieran sumisamente su voluntad; el fruto espontáneo de su pluma reflejaba fielmente sus intereses. No hacía falta poner freno a la mano porque su pensamiento velocísimo daba al instante con las palabras más adecuadas. Si esto es premeditación, hemos de conceder que no es la convencional.
Las tres cartas a Góngora (50, 53 y 69) fueron escritas con mucha más calma y fueron mucho más pensadas, como dice Emilio Orozco. Resulta curioso reseñar a este respecto que las cartas más detenidas de Lope ofrecen un estilo más claro y elegante, más desnudo de figuras retóricas y de giros brillantes, que las cartas íntimas al Duque de Sessa. Aquí es donde más evidentemente se resquebraja el binomio claridad-espontaneidad. Sin duda la calma o la prisa tienen sus reflejos en el estilo, y la complejidad lingüística y el barroquismo de estilo no están vinculados necesariamente al detenimiento de la pluma. Un rasgo de las cartas a Góngora asumible como producto de la calma es la construcción de oraciones largas y compuestas por múltiples proposiciones, lo que sí contrasta llamativamente con el estilo rápido y conciso de las cartas íntimas. En fin, puede deducirse que la consecuencia más chocante de la rapidez o lentitud de escritura es la mayor o menor longitud de las frases. La lentitud permite encadenar pensamientos y elaborar oraciones más complejas mientras que un estilo rápido hace encerrar cada idea inmediata en una frase individual. En este sentido, pienso que las frases breves sí que son un rasgo natural de estilo, consecuencia de la prisa, y una característica que no se ha de achacar a la premeditación. Lope se ve limitado por el tiempo, tal vez por el papel, y desde luego por el género que escribe, la carta, que todos los preceptistas describen como forma breve. Si Lope quiere relatar muchas cosas en un tiempo y un espacio mínimos, consecuencia natural es un estilo abigarrado, con abundancia de frases breves que comuniquen muy distintas ideas. Por otro lado, este rasgo de estilo, sin duda natural y espontáneo, no es fruto del alma de Lope sino de las circunstancias. Ejemplos máximos de este estilo entrecortado son los brevísimos apuntes, casi impresionistas y frecuentemente preñados de ironía y alusiones, que Lope dedica al Duque para bosquejarle un panorama costumbrista de la vida cotidiana de algún lugar en el que el Duque no puede estar presente. En las cartas que Lope dirige desde Madrid al Duque desterrado (p.ej. 13, 15, 20 o 21) puede apreciarse este estilo telegráfico, pero no debe perderse de vista que la brevedad de la expresión o la dureza en la trabazón de ideas son propias de todo el epistolario íntimo.
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