



(10 opiniones)
Fragonard se remontaba a la tradición veneciana, para lo que utilizaba colores brillantes y el nervio de la pincelada, limitándose tan solo a sugerir eróticas atmósferas. Pero después del 1770, al ritmo de la evolución del arte francés, Fragonard iría descartando progresivamente los temas sensuales para preferir aquellos más cercanos a la expresión de los sentimientos.
La obra, ejecutada en 1776, es una de las imágenes más emblemáticas de la segunda mitad del siglo XVIII. Se advierte la influencia de la pintura veneciana en la frescura y en la evidente la luminosidad. La escena captura un delicioso intimismo.
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