



El campo literario es un campo relativamente autónomo subordinado por el campo del poder, es decir, por "el espacio de las relaciones de fuerza entre agentes o instituciones que tiene en común el poseer el capital necesario para ocupar posiciones dominantes en los diferentes campos (económico y cultural en especial)" (Bourdieu. 1997B: 320). Las obras literarias no serán estudiadas, entonces, como la "creación" que surge de la individualidad de un "autor", como unidades plenamente significativas concebidas e interpretadas a partir de una lógica interna que se explica sólo a partir de sí misma, sino como apuestas, como "jugadas" realizadas por agentes sociales, motivadas a partir de intereses específicos;
El campo literario es un campo de fuerzas al mismo tiempo que un camino de luchas que tienden a transformar o a conservar la relación de fuerzas establecida: cada uno de los agentes empeña la fuerza (el capital) que adquirió, por las luchas anteriores en las estrategias que dependen, en su orientación, de su posición en las relaciones de fuerza, es decir, de sus capital específico. Concretamente, son por ejemplo las luchas permanentes que oponen las vanguardias siempre renacientes a la vanguardia consagrada... Los recién llegados, que son también los más jóvenes, cuestionan lo que fue opuesto por la revolución precedente, a la ortodoxia anterior... esta discusión incesante se traduce, del lado de las obras, en un proceso de depuración (Bourdieu. 2000: 146).
Para realizar el estudio del campo literario durante un periodo de tiempo específico es necesario considerar no sólo las obras y los escritores que ha tenido éxito, sino que se debe partir del principio de que todas las obras y las actitudes de sus autores surgen como tomas de posición ante algo, ante otras tomas de posición: "los autores condenados por sus fracasos o por sus éxitos conseguidos con malas artes y lisa y llanamente abocados a ser tachados de la historia de la literatura modifican el funcionamiento del campo debido a su existencia misma, y a las reacciones que en él suscitan" (Bourdieu. 1997B: 113).
Los recién llegados -que casi siempre son los más jóvenes- se hallan en movimiento permanente con el fin de ganarse una posición y, de paso, por modificar el funcionamiento interno del campo en la medida en que más los favorezca; se trata de agentes sociales que no tienen todavía ni una posición ni un capital específico que salvaguardar, razón por la cual son los más "desinteresados" y arriesgados. Cuando los recién llegados empiezan a formar parte del campo se proponen crear o respaldar una posición; la intención es entrar en el juego, empezar a apostar y obtener ganancias posteriores:
El envejecimiento de los autores, de las obras o de las escuelas es algo muy distinto del producto de un deslizamiento mecánico hacia el pasado: se engendra en el combate entre aquellos que hicieron época y que luchan por seguir durando, y aquellos que a su vez no pueden hacer época sin remitir al pasado a aquellos a quienes interesa detener el tiempo, eternizar el estado presente; entre los dominantes conformes con la continuidad, la identidad, la reproducción, y los dominados, los nuevos que están entrando y que tienen todas las de ganar con la discontinuidad, la ruptura, la diferencia, la revolución. Hacer época significa indisolublemente hacer existir una posición más allá de las posiciones establecidas, por delante de estas posiciones, en vanguardia (Bourdieu. 1997B: 237).
Lo esencial del análisis de los campos, de la forma en que lo propone Bourdieu a lo largo de su teoría, no debe ser el efecto o la interpretación que las apuestas (materializadas a través del las obras, en el caso de la literatura) de los miembros de un campo determinado provocan en sus usuarios (un escritor individual que se dirige a un lector individual) o el capital simbólico de quienes los constituyen, el modo en que lo han adquirido, sino que es mucho más relevante y revelador observar la manera en que los campos se han constituido, la lógica a partir de la cual funcionan;
Un campo es un sistema estructurado de fuerzas objetivas, una configuración relacional dotada de una gravedad específica capaz de imponerse a todos los objetos y agentes que penetran en ella... cualquier campo refracta las fuerzas externas en función de su estructura interna, lo cual explica por qué los efectos generados dentro de los campos no son ni la mera suma de acciones anárquicas, ni el resultado integrado de una intención concertada... la estructura del juego y no un simple efecto de agregación mecánica, es lo que fundamenta la trascendencia, revelada por los casos de inversión de las intenciones, del efecto objetivo y colectivo de las acciones acumuladas3 (Bourdieu-Wacquant. 1995: 24).
En la configuración y las modificaciones que se generan en el campo literario los críticos y los editores juegan un papel fundamental; la motivación de sus tomas de posición puede estar alentada por pretensiones de transformación o de conservación, pueden promover la autonomía o la heteronomía. Los críticos son, además, los encargados de definir los límites del campo:
Una de las apuestas mayores de las luchas que se desarrollan en el campo literario y artístico es la definición de los límites del campo, es decir la participación legítima en las luchas. Decir de tal o cual corriente, de tal o cual grupo, que "no es poesía", o "literatura", es rehusarle la existencia legítima, es excluirla del juego, excomulgarla. Esta exclusión simbólica no es sino el adverso del esfuerzo por imponer una definición de la práctica legítima para constituir un ejemplo, una esencia eterna y universal y una definición histórica de un arte o de un género que corresponde a los intereses específicos de los poseedores de un cierto capital específico (Bourdieu. 2000: 146).
En el estudio del campo literario los escritores no serán concebidos como "partículas mecánicas empujadas por fuerzas externas", sino como agentes sociales dotados de diferentes especies de capital; "según su trayectoria y la posición que ocupan en el campo en virtud de su dotación de capital (volumen y estructura), propenden a orientarse activamente, ya sea a través de la conservación de la distribución del capital, ya sea a través de la subversión de dicha distribución" (Bourdieu-Wacquant. 1995: 72);
Esto no implica de ninguna manera que los individuos sean puras "ilusiones", que no existan, sino que la ciencia los construye como agentes, y no como individuos biológicos, actores o sujetos: estos agentes son socialmente constituidos como activos y actuantes en el campo, debido a que poseen las características necesarias para ser eficientes en dicho campo, para producir efectos en él. Más aún, es a través del conocimiento del campo donde ellos están inmersos que podemos captar mejor lo que define su singularidad, su originalidad, su punto de vista como posición (en un campo) a partir de la cual se conforma una visión particular del mundo y del mismo campo (Bourdieu-Wacquant. 1995: 71).
Para Bourdieu está claro que lo que existe en el mundo social son relaciones, no interacciones o vínculos intersubjetivos entre agentes (escritores-lectores), sino "relaciones objetivas que, parafraseando a Marx, existen independientemente de la conciencia y la voluntad de los individuos" (Bourdieu-Wacquant. 1995: 64).
Para emprender el estudio de las obras literarias el analista no debe adoptar una teoría específica sino que ésta debe ser elegida de acuerdo a los requerimientos del objeto de estudio; es necesario deshacerse del "falso problema de lo individual y la estructura, del micro y el macroanálisis... la variedad de métodos empleados debe adecuarse al problema tratado y ser objeto de una reflexión orientada por el mismo movimiento que se aplica para resolver una cuestión en particular" (Bourdieu-Wacquant: 1995: 30), sin llegar al extremo de optar por el "anarquismo epistemológico";
La naturaleza esencialmente diacrítica de la producción que se realiza en el seno del campo hace que se pueda y se deba leer todo el campo, tanto el campo de las tomas de posición como el campo de las posiciones, en cada obra producida en esas condiciones. Esto implica que todas las oposiciones que se tiene costumbre de hacer entre lo interno y lo externo, la hermenéutica y la sociología, el texto y el contexto, son totalmente ficticias; están destinadas a justificar rechazos sectarios, prejuicios inconscientes (y en particular el aristocratismo del lector que no quiere ensuciarse las manos estudiando la sociología de los productores) o la búsqueda del menor esfuerzo (Bourdieu. 2000: 150).
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