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El gran ennui o la monotonía de lo insignificante - Notas

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29 de Agosto de 2006
Estilos literariosHistoria
  1. Y es que "si creemos que la modernidad devino como un compromiso entre la otridad y el cambio, y que toda su estrategia se formaba sobre una 'tradición antitradicional' basada en la idea de diferencia, no nos debería ser tan difícil darnos cuenta de por qué se frustra al confrontarse con la perspectiva de la repetición infinita" (Matei Calinescu, Cinco caras de la modernidad, Madrid, Tecnos, 1991, pág. 74). De este modo, como bien señala Octavio Paz (Los hijos del limo, Barcelona, Seix Barral, 1974, págs. 49-50), la modernidad al igual que el ennui se asienta sobre una búsqueda incesante de la alteridad, es decir, se vertebra en torno a un sentido conceptualizado de lo fantasmático revelado como ausencia: "Como si se tratase de uno de esos suplicios imaginados por Dante (pero que son para nosotros una suerte de bienaventuranzas: nuestro premio por vivir en la historia), nos buscamos en la alteridad, en ella nos encontramos y luego de confundirnos con ese otro que inventamos, y que no es sino nuestro reflejo, nos apresuramos a separarnos de ese fantasma, lo dejamos atrás y creemos otra vez en busca de nosostros mismos, a la zaga de nuestra sombra". Cf. sobre este tema, Denis de Rougemont, Man's Western Quest, Nueva York, Harper and Row, 1975; Lionel Trilling, Mind in the Modern World, Nueva York, Viking Press, 1973; Harry Levine, Memories of the Modern, Nueva York, New Directions, 1980.

  2. Reinhard Kuhn, The Demon of Noontide. Ennui in Western Literature, Princeton, Princeton University Press, 1976, pág. 3. Esta es la definición que de las 'idées-forces', entre las que podemos incluir la del ennui, elaboró el filósofo francés Alfred Fouillée, Morale des idées-forces, París, F. Alcan, 1908. Sobre los estudios del ennui como 'idée-force', véase Madeleine Bouchez, L'Ennui de Sénèque à Moravia, París, Bordas, 1973; Vladimir Jankélévitch, L'Alternative, París, Felix Alcan, 1938; Vladimir Jankélévitch, L'Aventure, l'ennui, et le sérieux, París, Aubier, 1963.

  3. "Ennui is not just an idea about which authors have written. Inextricably linked with the notion of time and space, ennui is not only the subject of certain works of art but also a part of their temporal fabric and spatial structure" (R. Kuhn, op. cit., pág. 5).

  4. Una tipología que, ciertamente, se dibuja en la novela de la segunda mitad del XIX y que toma a la mujer como centro de su análisis exploratorio del ennui. Desde el tedio asfixiante que Ana Ozores padece en Vetusta hasta el ennui casi existencialista de Emma Bovary, el dispositivo de feminización de la burguesía decimonónica cobra una relevancia especial en los textos literarios del XIX, que se convierten en una topografía minuciosa del concepto del tedio, instalado ya definitivamente en lo femenino. De este modo también nos muestra Víctor Quintanar con respecto a la Regenta (Leopoldo Alas, La Regenta, I, Madrid, Cátedra, 1991, pág. 466) las características que lo definen, es decir, la sensación de encierro físico y el ensimismamiento de raigambre moderna que son, finalmente, los rasgos comunes a la elaboración del concepto del ennui: "El doctor opina que la vida que llevas no es sana, que necesitas dar variedad a la actividad cerebral y hacer ejercicio, es decir, distracciones y paseos. La Marquesa dice que eres demasiado formal, demasiado buena, que necesitas un poco de aire libre, ir y venir…y yo, por último, opino lo mismo, y estoy resuelto -esto lo dijo con mucha energía- estoy resuelto a que termine la vida de aislamiento. Parece que todo te aburre; tú vives allá en tus sueños…Basta, hija mía, basta de soñar".

  5. Ciertamente desde una perspectiva psicológica el ennui ha sido definido como un desorden de la conducta producido fundamentalmente por la sensación de alteridad propia de la modernidad. Así Edward Bibning lo ha definido como "a painful feeling originating in a tension between the need for mental activity and the lack of adequate stimulation. According to him, the unconscious goals, aspirations, and ideals are maintained in this state of boredom, but the ability to reach them is interferred with by the repression of these true goals and the rejection of subtitutes that all seem either inadequate" (R. Kuhn, op. cit., pág. 7). Véase Edward Bibning, "The Mechanisim of Depression", en Philis Greenacre, ed., Affective Disorders, Nueva York, International University Press, 1968. La sociología, por su parte, ha descrito el ennui como un fenómeno propio del concepto moderno de la repetición inserta en los hábitos monótonos de las sociedades herederas de la Revolución Industrial: "It is the boredom that accompanies the performance of routine and meaningless labor. We have a tendency to think of this form of depression as a phenomenon of the twentieth century, but as early as 1840 the historian Michelet had described it in dramatic terms" (Kuhn, op. cit., pág. 8). Cf. Jules Michelet, Le Peuple, París, 1840, y también sobre la aproximación sociológica al tema, Wolf Lepenies, Melancholie und Gesellchaft, Frankfurt, Suhrkamp, 1969. Por lo que hace al análisis teológico del ennui, el estudio más completo es el de Agamben (Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental, Valencia, Pre-Textos, 1995, págs. 24-25) que sitúa el fenómeno en la Edad Media y que lo ejemplifica con párrafos como el siguiente que, definitivamente, nos acercan a las descripciones de la figura femenina en los textos del XIX: "La mirada del acidioso se posa obsesivamente sobre la ventana y, con la fantasía, se finge la imagen de alguien que viene a visitarlo; ante un crujido de la puerta, salta sobre sus pies; oye una voz, y corre a asomarse para mirar; y sin embargo no baja a la calle, sino que vuelve a sentarse donde estaba, embotado y como amedrentrado".

  6. "The origins of this word have much been disputed, and various derivations (such a as 'nausea', 'noxia', and 'non giogia') have been proposed. The accepted etymology seems to be that ennui stems from the Latin 'odium' or 'odio' and most probably from the expression 'esse in odio' (to be an object of hate)" (R. Kuhn, op. cit., pág. 5). Cf. sobre este tema la introducción de Kenneth McKenzie a Antonio Pucci, Le Noie, Princeton, Princeton University Press, 1931.

  7. Se hace necesaria en este punto una sistematización terminológica. Veamos lo que G. Steiner afirma en este sentido: "El tema que deseo precisar es el del ennui. Boredom no es una traducción apropiada y tampoco lo es Lamgweile, salvo quizás en el sentido en que emplea este vocablo Schopenhauer; noia se aproxima mucho más a lo que quiero decir" ("El gran ennui", En el castillo de Barba Azul, Barcelona, Gedisa, 1993, pág. 25). Por tanto, de aquí en adelante utilizaremos el término ennui y el español tedio como equivalentes semánticos. Dejamos a un lado el término italiano noia y el inglés boredom, pues éstos se alejan más del concepto del que aquí nos ocupamos. El DRAE distingue, no obstante, el hastío del tedio y éstos a su vez del aburrimiento al que añade la peculiaridad de ser un fenómeno motivado, es decir, 'originado generalmente por disgustos o molestias, o por no contar con algo que distraiga y divierta'. En cuanto a la distinción entre el ennui y la melancolía, o el spleen baudeleriano relacionado más con las condiciones espaciales, temporales y climatológicas, cf. Guy Sagnes, "Spleen, ennui, melancolie", Magazine Litteraire, 273 (1990), págs. 38-41. Por lo que hace a las distintas interpretaciones que el concepto del ennui ha tenido desde la Edad Media, es preciso recordar las consideraciones de Kuhn (op. cit., págs. 5-6): "From the early Middle Ages on, the word had two different meanings, with a range of subsidiary connotations between the two extremes. On the one hand, it designated something, often of a petty nature, that proved vexatious and irritating (…) On the other hand, in the twelfth-century Encas the word 'ennui' is used to designate a profound sorrow, in this stronger sense it recurs throughout French medieval epics and romances. This dual meaning, present from the very begining, was to persist throughout the ages and is still with us today".

  8. La noción del ennui como un desorden privativo de la voluntad, que destina los esfuerzos productivos del hombre a un estado de inactividad inherente al concepto moderno del tedio, ha sido definido desde la psicología y que ya, como advierte Kuhn (op. cit., pág. 7), "Pascal developed at lenght the same insight in the reflections of the nature of distractions that scattered through his Pensées". Cf. Pascal, Pensamientos, Madrid, Austral, 1981.

  9. Ese otro tipo de aburrimiento es definido por Kuhn (op. cit., pág. 6) de este modo: "This type of boredom, which the French call 'désoeuvrement', is hardly worth serious study. It is a temporary state dependent almost entirely on external circumstances. When the conditions that make for this frame of mind cease, as they always do, the forced inactivity of the minds comes to an end as well". Cf. sobre este tema, Edmund Bergler, "On the Disease-Entity Boredom", Psychiatric Quarterly, 1 (1945), págs. 38-51; I. Bieber, "Pathological Boredom and Inertia", American Journal of Psychotherapy, 5 (1951), págs. 215-225; W. Heron, "The Pathology of Boredom", Scientific American, 196 (1957), págs. 52-56.

  10. Magistralmente categorizado en Isabelle, donde el narrador Lacase describe la sensación de asilamiento que desemboca en un estado de ruptura e incomunicación con el resto del mundo, propio también de la figura femenina moderna. Así lo ve también Víctor Quintanar que en relación al estado de Ana Ozores -especialmente la voluntad de ésta hacia un pertinaz encierro que desemboca en una representación de la soledad instalada en la sociedad moderna- le dice que: "volvemos a Vetusta, casi pasando por encima de la ley, y nos coge el luto de tu pobre tía Águeda que se fue a juntar con la otra, y con ese pretexto te encierras en este caserón y no hay quien te saque al sol en un año. Leer y trabajar como si estuvieras a destajo… No me interrumpas; ya sabes que riño pocas veces; pero ya ha llegado la ocasión, he de decirlo todo; eso es, todo. Frígilis me lo repite sin cesar: 'Anita no es feliz' " (Leopoldo Alas, La Regenta, I, op. cit., pág. 467).

  11. R. Kuhn, op. cit., pág. 11.

  12. "The state of ennui is entirely independent of any external circumstances. It is, to use Binswanger's terminology 'endogenous' rather than 'reactive' (R. Kuhn, op. cit., pág. 12). Cf. sobre este tema, Ludwig Binswanger, Melancholie und Manie, Pfullingen, 1960; Paul Charpentier, Une Maladie Morale- Le Mal du siècle, París, 1880; Anatole France, "Pourquoi sommes-nous tristes?", La vie littéraire, vol. 3, París, Calmann-Lévy, 1899-1900; Charles Richet, "Les deux visages de l'ennui", Revue des Deux Mondes, Julio 15 (1932).

  13. Las características que Kuhn acierta a consignar como inherentes al fenómeno del ennui, habían ya sido recogidas por Gide en 1911 en Isabelle, que por su parte no son otra cosa que la confirmación de la tendencia de la novela del XIX hacia la presentación del tedio como un elemento sustancial en la configuración del dispositivo de feminización, y que habían sido previamente exploradas en los textos de autores como Alas, Flaubert o Eliot. Por su parte Kuhn, resume en cuatro características principales el concepto del ennui, que confluirán en un resultado incierto que va desde el suicidio al sentimiento de superioridad sobre el resto de los elementos que conforman la realidad, y que Flaubert sintetizó en el 'bovarysmo': "Such alienation does in turn produce a number of different effects. It can bring about, as in the case of Emma Bovary, a morose joylessness that occasionally culminates in total despair or suicide. Or it can result in the Byronian pride of the children of the century who consider themselves superior to the reality from which they have been divorced, who sometimes, as in the case of Manfred, think themselves the equals of the Divinity. It can inspire the artist to become, like Stephen Dedalus, the rival of God in creation. It can even, as in the case of Rancé, lead to the total abnegation that is a prerequisite of sainthood. Schizophrenics, supermen, artists, and saints -these are but a few of the types who people the landscape of ennui" (R. Kuhn, op. cit., pág. 13).

  14. El concepto moderno de náusea aplicado al ennui fue ya articulado por La Rochefoucauld en el siglo XVII y ha persisitido hasta el momento aplicado, sobre todo, al vacío existencial -aunque también es utilizado en referencia al proceso monótono de la realidad inserto en el hábito- que el tedio provoca en aquellos que lo padecen: "So in the seventeeth century La Rochefoucauld could use 'ennui' both to designate his deep spiritual distress and to complain of the trivial nuisances of court life, just as in the twentieth century Sartre can write of ennui as the emotion that caused Roquentin's nausea and use the same expression when he talks of the bother of having to locate a book in the library" (R. Kuhn, op. cit., pág. 6). Cf. La Rochefoucauld, Maximes, París, Garnier, 1967 y también para un estudio de la náusea en la modernidad véase Fritz Stern, The Politics of Cultural Despair, Los Angeles, University of Califronia Press, 1961.

  15. R. Kuhn, op. cit., pág. 13.

  16. Veamos lo que dice Steiner ("El gran ennui", op. cit., pág. 23) a este respecto citando "El ensayo sobre Bacon" de Macaulay de 1837: "La ciencia prolongó la vida; mitigó el dolor, extinguió enfermedades; aumentó la fertilidad de los suelos; dio nuevas seguridades al marino; suministró nuevas armas al guerrero, unió grandes ríos y estuarios con puentes de forma desconocida para nuestros padres; guió el rayo desde los cielos a la tierra haciéndolo inocuo; iluminó la noche con el resplandor del día; extendió el alcance de la visión humana; multiplicó la fuerza de los músculos humanos; aceleró el movimiento, anuló las distancias; facilitó el intercambio y la correspondencia de acciones amistosas, el despacho de todos los negocios; permitió al hombre descender a las profundidades del mar; remontarse en el aire; penetrar con seguirdad en los mefíticos recovecos de la tiera; recorrer países en vehículos que se mueven sin caballos; cruzar el océano en barcos que avanzan a diez nudos por hora contra el viento. Éstos son sólo una parte de sus frutos, pues la ciencia es una filosofía que nunca reposa, que nunca llega a su fin, que nunca es perfecta. Su ley es el progreso". Cf. sobre este tema, Norman Cohn, En pos del milenio, Madrid, Alianza, 1989; Robert Nisbert, Historia de la idea del progreso, Barcelona, Gedisa, 1980.

  17. Así lo manifiesta G. Steiner ("El gran ennui", op. cit., pág. 22): "Es inevitable reconocer que la riqueza intelectual y la estabilidad de la clase media y la clase alta durante el largo verano liberal dependía directamente del dominio económico y, en última instancia, militar de vastas porciones de lo que ahora se conoce como el mundo subdesarrollado o tercer mundo. Todo esto es manifiesto. Lo sabemos en nuestros momentos racionales. Sin embargo es éste un tipo de conocimiento intermitente menos inmediato a nuestro curso de sentimiento que la mitología, que la metáfora cristalizada, generalizada y compacta de un gran jardín de civilización que está ahora devastado".

  18. Juan Benet, Londres victoriano, Barcelona, Planeta, 1988, pág. 42.

  19. Parece interesante observar en este sentido que las grandes exposiciones que se inauguraron con la de Londres de 1851 inician a juicio de Agamben (Estancias. La palabra y el fantasma en la cultura occidental, Valencia, Pre-Textos, 1995, pág. 80) la época de la fantasmagoría; es decir, su poder de exhibición alcanza no sólo a la universalidad de lo que allí se expone, sino también a una figuración moderna del objeto que se instala de este modo en el ámbito de lo inasible, a pesar de la pretendida voluntad de progreso lineal apuntada en los discurso inaugurales del príncipe Alberto: "En la Exposición universal se celebra así por primera vez el misterio que hoy se ha vuelto familiar para cualquiera que haya ya entrado en un supermercado o haya quedado expuesto a la manipulación de la réclame: la epifanía de lo inasible". Cf. sobre este tema, Sidney Pollard, The Idea of Progress: History and Society, Baltimore, Penguin Books, 1971.

  20. Y sin embargo este gran 'jardín civilizado' que constituía la Europa de la burguesía decimonónica, escondía según Steiner ("El gran ennui", op. cit., pág. 22) otra cara: "Se nos da a entender que el revestimiento de elevada civilización encubría profundas fisuras de explotación social, que la ética sexual burguesa era una capa exterior que ocultaba una gran zona de turbulenta hipocresía; que los criterios de genuina afabetización se aplicaban sólo a unos pocos, que el odio entre generaciones y clases era muy profundo, por más que a menudo fuera silencioso; que las condiciones de seguridad del faubourg y de los parques se basaba sencillamente en la aislada amenaza mantenida en cuarentena de los barrios bajos".

  21. Juan Benet, op. cit., págs. 86-87.

  22. Estos elementos críticos se apoyaban en el espejismo que suponía el jardín civilizado de la Europa burguesa que Steiner ("El gran ennui", op. cit., págs. 21-22) sitúa en lo textos literarios de la época: "Si nos detenemos a examinar las fuentes de ese conocimiento, comprobaremos que a menudo ellas son puramente literarias o pictóricas, que ese siglo XIX que llevamos dentro de nosotros es la creación de un Dickens o de un Renoir. Si prestamos oídos al historiador, particularmente al historiador que milita en el ala radical, rápidamente nos enteramos de que el "imaginado jardín" es en aspectos fundamentales una mera ficción". Cf. Edgar Zilsel, "The Genesis of the Concept of Scientific Progress", Journal of the History of Ideas, 6 (1945), págs. 325-349; Georges Sorel, The Illusions of Progress, Los Angeles, University of California Press, 1969.

  23. Especialmente en relación a la división específicamente burguesa de las dos esferas: la pública y la privada. Iniciada por Hegel esta bipartición de la sociedad decimonónica que, más allá de su utilidad socioeconómica, generó una serie de ámbitos o espacios híbridos donde el individuo, sobre todo la mujer, no hallaba una representación definida de su función social: "Hegel se detiene largamente en esta división del espacio doméstico y el espacio público, división entre dos 'racionalidades'. Una, que tiende a la autonomía y la actividad universal; la otra, cogida en la pasividad y la individualidad concreta. Una, dirigida al Estado, la ciencia y el tabajo, la otra, vuelta hacia la familia y la creación de la moralidad. Antígona, figura privilegiada para Hegel, expresa esta distribución entre la ley del hombre y la ley de la mujer, la ley manifiesta del Estado y la ley eterna de la piedad familiar, la ley humana y la ley divina. Según el momento dialéctico, esta distribución es armoniosa o conflictiva; en todo caso, es necesariamente un juego de interacción entre una y otra ley, allí donde se juega la relación entre la familia y la ciudad en el todo de la sociedad, allí donde se dibuja el surgimiento de la persona, más allá del individuo contingente" (Georges Duby y Michel Perrot, eds., Historia de las mujeres, Madrid, Taurus, pág. 61). Cf. G. W. F. Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas, 1817; Los principios de la filosofía del derecho, 1821.

  24. Calinescu (op. cit., pág. 71) cifra la modernidad en un espacio dominado por la utopía, una vez arrumbada la imaginación religiosa del hombre: "Por tanto, la modernidad en general, aunque intentara hacerlo, no logró suprimir la necesidad en imaginación religiosa del hombre; y separándolas de su curso tradicional puede que incluso las haya intensificado en forma de un indecible florecimiento de las heterodoxias -en la propia religión, en el pensamiento moral, social y político y en estética-. El gran florecimiento del utopismo está directamente relacionado con el declive del papel tradicional del cristianismo quizá el único hecho importante en la historia intelectual moderna de Occidente. Mirando atrás, aunque el hombre ya era mucho antes un soñador utópico, éste parece ser el legado más significativo del siglo XVIII a nuestra modernidad, obsesionado como está por la idea y el mito de la Revolución. Desde luego el anhelo de la utopía -directa y positivamente o por el camino de la reacción y la polémica- penetra todo el espectro intelectual de la modernidad, desde la filosofía política a la poesía y las artes". Cf. Thomas Molnar, Utopia, the Perennial Heresy, Nueva York, Sheed and Ward, 1967.

  25. G. Steiner, "El gran ennui", op. cit., pág. 32. Para la gran mayoría de los escritores del XIX, el siglo se convirtió, sin embargo, en un marasmo de atraso que no se correspondía con la autocomplacencia que destilaban las teorías científicas. Veamos lo que dice Baudelaire al respecto (Correspondence générale, IV, ed. de Jacques Crépet, París, Conard, 1947-1966, pág. 99): "Enfin! Enfin! Je crois que je pourrai à la fin du mois fuir l'horreur de la face humaine. Tu ne saurais croire jusqu'à quel point la race parisienne est degradée. Ce n'est plus ce monde charmant et amiable que j'ai connu autrefois: les artistes ne savent rien, les littérateurs ne savent rien, pas même l'ortographe. Tout ce monde est devenu abject, inférieur peut-être aux gens du monde".

  26. Una vez terminadas las grandes guerras y revoluciones, se enfrenta el hombre a la uniformidad de la burguesía, al estatismo de la vida que se abre sin más pretensiones de acción que las del funcionario o el sacerdote. Así nos lo describe Musset (op. cit., págs. 14-15): "Los niños miraban todo aquello pensando siempre que la sombra de César iba a desembarcar en Cannes y aventar a aquellas larvas. Pero el silencio siempre perduraba y no se veía flotar en el cielo más que la palidez de los lises. Cuando los niños hablaban de gloria se les decía: 'Haceos sacerdotes'. Cuando de ambición: 'Haceos sacerdotes'. Si de esperanza, de amor, de fuerza, de vida: 'Haceos sacerdotes' ".

  27. G. Steiner, "El gran ennui", op. cit., pág. 33. Banville (Les exiles, París, Charpentier, 1878, págs. 1 y 4) resume de este modo la creación de un nuevo espíritu que inunda la burguesía; se trata de un estado de progresiva paralización que demeboca en el ennui: "Victimes de la tyrannie des dieux nouveaux passants épris du beau et du juste, qui au milieu d'hommes gouvernés par les vils appétits se sentent brûlés par la flamme divine (…) adorateurs des Dieux morts, champions obstinés des causes vaincues, chercheurs de paradis qu'ont dévorés la ronce et les cailloux, et sur le seuil desquels s'est même éteinte comme inutile l'epée flamboyante de l'Archange!".

  28. Una revolución que no llega en un momento de atonía universal y que Musset (op. cit., pág. 23) describe como un estado de 'blasfemia', es decir es ésta -la única fuerza revolucionaria, la recurrencia a la negación de Dios- todo lo que queda en la sociedad del XIX de los grandes impulsos revolucionarios: "Es desgraciadamente cierto que se da en la blasfemia un gran derroche de fuerzas que alivia el corazón colmado en exceso. Cuando un ateo, mirando su reloj, concedía a Dios un cuarto de hora para fulminarle, cierto es que se procuraba un cuarto de hora de cólera y atroz diversión. Era el paroxismo de la desesperación, una llamada incalificable a todas las potencias del cielo".

  29. Es decir, existían después de 1815 una serie de energías sociales, de ansias de actividad que quedaron frenadas por la llegada de la sociedad uniforme de la burguesía, que se ahogaron, en suma, en la paz del siglo, y que Steiner ("El gran ennui", op. cit., pág. 34) describe de este modo: "El colapso de las esperanzas revolucionarias después de 1815, la brutal desaceleración del tiempo y de las radicales expectaciones dejaban una reserva de energías turbulentas que no se habían usado. La generación romántica estaba celosa de sus padres. Los 'antihéroes', los dandies, acometidos por el spleen del mundo de Stendhal, Musset, Byron y Pushkin, se mueven a través de la ciudad burguesa como condottieri sin trabajo".

  30. Éste es, ciertamente, el núcleo central de la argumentación de Steiner ("El gran ennui", op. cit., págs. 40-41) acerca del fenómeno del ennui: "¿Es razonable suponer que toda civilización elevada desarrolla acentos implosivos e impulsos que la llevan a la autodestrucción? ¿Tiende un complejo tan delicadamente equilibrado, simultáneamente dinámico y limitado, tiende necesariamente a un estado de inestabilidad y, por último, de conflagración? (…) ¿Es la fenomenología del ennui y de un anhelo por la disolución violenta un hecho constante en la historia de las formas sociales e intelectuales una vez que éstas hubieron pasado determinado umbral de complicación?". Y más adelante (ibid., pág. 42) llega a decir Steiner que "la carrera armamentística y la creciente fiebre de los nacionalismos europeos fueron, según me parece, sólo síntomas exteriores de este malestar esencial. El intelecto y el sentimiento estaban literalmente fascinados por la perspectiva de un fuego purificador".

  31. Foucault (Historia de la sexualidad. La voluntad de saber, Madrid, Siglo Veintiuno, 1995, pág. 62) sistematiza estas sexualidades perversas o patológicas que el siglo XIX, al contrario de lo que en un principio pudiera parecer, colocó en el centro de su construcción social: "Esos comportamientos polimorfos fueron realmente extraídos del cuerpo de los hombres y de sus placeres; o más bien fueron solidificados en ellos; mediante múltiples dispositivos de poder, fueron sacados a la luz, aislados, intensificados, incorporados. El crecimiento de las perversiones no es un tema moralizador que habría obsesionado a los espíritus escrupulosos de los victorianos. Es el producto de la interferencia de un tipo de poder sobre el cuerpo y sus placeres. Es posible que Occidente no haya sido capaz de inventar placeres nuevos, y sin duda no descubrió vicios inéditos. Pero definió nuevas reglas para el juego de los poderes y los placeres: allí se dibujó el rostro fijo de las perversiones".

  32. G. Steiner, "El gran ennui", op. cit., pág. 39. Foucault (Historia de la sexualidad. La voluntad de saber, op. cit., pág. 141) atribuye al siglo XIX el nacimiento de una nueva aproximación a la sexualidad, que comienza en los inicios del siglo a ser considerada como un elemento de análisis social, sustituyendo en buena parte a los asuntos de prioridad bélica de siglos anteriores: "Por mediación de la medicina, la pedagogía y la economía, hizo el sexo no sólo un asunto laico, sino un asunto de Estado; aún más: un asunto en el cual todo el cuerpo social, y casi cada uno de sus individuos, era instado a vigilarse".

  33. Alfred de Musset, op. cit., pág. 18. Ciertamente, el siglo XIX convirtió, en un proceso de carácter romántico, al hombre en un individuo doble: pasional y hastiado a un tiempo: "The nineteenth century literally tracked the elusive self to its lair -and the 'beast' that he proved to be was a poor, bare, forked, unaccommodated creature indeed" (Clark, op. cit., pág. 7).

  34. A ello contribuyó sobre todo la proliferación de la figura de la cocotte que resuelve en la sociedad del XIX la necesidad pulsional de la sexualidad más allá del núcleo familiar, pero alejada todavía de la prostitución del burdel. Así nos lo muestra Fuchs (Historia ilustrada de la moral sexual. La época burguesa, Madrid, Alianza, 1996, pág. 305): "Hoy en día, casi todas han escapado de las sombras de la vida hogareña, despliegan el mismo lujo desorbitado en todo cuanto hacen y han adoptado las mismas formas extravagantes en sus apariciones en público; en una palabra, se han hecho tan mundanas como antes, hace veinte o treinta años, sólo lo era la grande cocotte. Son incontables los casos en que la verdadera dama no puede ya distinguirse realmente de la cortesana".

  35. Alfred de Musset, op. cit., pág. 18.

  36. Que se resume en la actitud de duda e indiferencia de las generaciones jóvenes del XIX: "¿Quién osará narrar lo que entonces ocurría en los colegios? Los hombres dudaban de todo: todo lo negaban los jóvenes. Los poetas cantaban la desesperación: salían los adolescentes de las escuelas con frente serena, rostro fresco y coloreado y la blasfemia en los labios" (Alfred de Musset, op. cit., págs. 22-23).

  37. Ibid., pág. 23.

  38. Para una definición del concepto del ángel doméstico, cf. Coventry Patmore, "The Angel in the House", en Erna Olafson Hellerstein, Leslie Parker Hume y Karen Offen, eds., Victorian Women, Stanford, Stanford University Press, 1982, págs. 134-140, y también C. Patmore, "The Social Position of Women", North British Review, 14 (1851), págs. 514-540.

  39. "If the image of harmonious domesticity remained a pervarsive ideal that shaped both individual and collective consciousness, so also did a sense of uneasiness about that ideal. Out of this uneasiness, this unspoken recognition that the ideal must, by its very nature, reamain unattanaible, arose a series of parallel images, images that were negative in character. Thus, alongside the image of the warmth hearth arose the image of the cold, neglected, loveless household. And just as the notion of femininity was central to the conception of the ideal home, so also was an image of the unfeminine central to the negative vision of the cold, loveless home" (Deborah Gorham, The Victorian Girl and the Feminine Ideal, Londres, Billing and Sons, 1982, pág. 37). Cf. sobre este tema, Alice Corkran, The Romance of Woman's Influence, Londres, Blackie, 1906; W. Nicholson, How to be a Lady: A Book for Girls Comprising Directions for Being Useful and Happy, Accomplished and Agreeable, Loved and Respected in Single and Married Life, Wakefield, Nicholson and Sons, 1850; Joan Burstyn, Victorian Education and the Ideal of Womanhood, Londres, Croom Helm, 1980; Sara Delamont y Lorna Duffin, eds., The Nineteenht-Century Woman, Londres, Croom Helm, 1978; Elizabeth Langland, "Nobody's Angels: Domestic Ideology and Middle-Class Women in the Victorian Novel", PMLA, 107 (1992), págs. 290-304.

  40. Veamos lo que dice significativamente al respecto del concepto de feminidad un artículo publicado en la Monthly Religious Magazine en 1862: "Man is intellect, woman is love. Man is mind, woman is heart. Man is truth, woman is goodness…so it has been from the foundation of the world, and a thousand woman's conventions cannot make it otherwise" (cit. en Susan Ostrov Weisser, Woman in Sexual Love in the British Novel, 1740-1840. A Craving Vacancy, Londres, Macmillan, 1997, pág. 21). Véase sobre este tema, Sally Mitchell, The Fallen Angel Chastity, Class and Women's Reading, 1835-1880, Ohio, Bowling Green University Press, 1981; Judith Newton, "Engendering History for the Middle Class", en Anthony Harrison y Beverly Taylor, eds., Gender and Discourse in Victorian Literature and Art, DeKalb, Northern Illinois University Press, 1992.

  41. Y ello considerando la casa burguesa como el único refugio del que dispone la mujer en el siglo XIX: "Escogida, sufrida o simplemente asumida, la soledad de las mujeres es siempre una situación difícil, ya que es una situación radicalmente excluida de la reflexión. 'La mujer perece, si no tiene hogar ni protección', dice Michelet, pesimista; y el coro de los epígonos lo repite: 'si hay una cosa que la naturaleza nos enseña de manera evidente, es que la mujer está hecha para ser protegida, para vivir de muchacha junto a su madre, y de esposa bajo la tutela y la autoridad de su marido. Las mujeres están hechas para mantener oculta su vida'. Fuera del hogar y del matrimonio, no hay salvación" (Philippe Ariès y Georges Duby, eds., Historia de la vida privada, op. cit., págs. 304-305). Cf. Edward Shorter, Making of the Modern Family, Nueva York, Basic Books, 1975; Gillian Brown, Domestic Individualism: Imagining a Self in Nineteenth-Century America, Berkeley, University of California Press, 1991.

  42. Julia Varela, Nacimiento de la mujer burguesa, Madrid, La Piqueta, 1997, págs. 238-239. Es preciso hacer notar en este momento la distinción que haremos entre los conceptos de dispositivo de feminización y dispositivo femenino. Mientras que el primero se refiere a la articulación social que el discurso burgués desarrolló en torno a la figura de la mujer, la segunda se refiere más bien a la proyección que dicha articulación reveló tanto en los discursos literarios y sociales, como en la vida cotidiana de la mujer de la segunda mitad del siglo XIX.

  43. Es decir, el ennui, que se remonta al concepto de la acidia medieval, es considerado en el XIX un elemento proscrito dentro de los cánones que regían los principios sociales; la productividad inherente al capitalismo que se estaba iniciando como modelo económico relegaba fuera de sus límites la tendencia de lo femenino, sobre todo, a la inercia, a la pasividad que se oponía frontalmente a los parámetros instalados en la esfera de la producción de la burguesía. Sobre este tema cf. Patrick Joyce, ed., The Historical Meanings of Work, Nueva York, Cambridge University Press, 1987.

  44. "We associate the idea of the home, with all its fond recollections and innocent enjoyments, and of love with its thousand gentle ministries, strewing life's pathway with flowers from the cradle and the grave" (Mrs S. T. Martyn, "The Social Position of Women", Ladies' Wreath, 1 (1847), pág. 76, cit. en S. Ostrov Weisser, op. cit., pág. 25). Cf. sobre este tema, Janet Wolff, "The Culture of Separate Spheres: The Role of Culture in 19th c. Public and Private Life", en J. Wolff y J. Seed, eds., The Cultural of the Capital: Art, Power and the Nineteenth Century Middle Class, Nueva York, St. Martin's Press, 1988.

  45. Ibid., pág. 69.

  46. Ésta es la principal característica que define el dispositivo de feminización, delimitado por la inmutabilidad que sobre todo le es atribuida en el espacio textual: "It became habitual for writers to refer to the nature of 'Woman' or the ¿sex?, as though individual variation were a strictly male prerogative. It is this conceptualization of woman as a blank space, a vacancy, an empty page on which the drama of the desiring/constraining will could be rewritten, that was the foundation for her role as the self-creating literary heroine" (S. Ostrov Weisser, op. cit., págs. 21-22). Cf. Joan Burstyn, op. cit.; M. Jeanne Peterson, Family, Love and Work in the Lives of Victorian Gentlewomen, Bloomington, Indiana University Press, 1989; P. Branca, "Myth of the Idle Victorian Woman", en M. Hartman y Lois Banner, eds., Clio's Consciousness Raised, Nueva York, Octagon books, 1976, págs. 186-189.

  47. Idols of Perversity. Fantasies of Feminine Evil in Fin-de Siècle Culture, Nueva York, Oxford University Press, 1986. Cf. sobre este tema también, Eva Figes, Actitudes patriarcales: Las mujeres en la sociedad, Madrid, Alianza, 1972; Richard Evans, Las feministas. Los movimientos de emancipación de la mujer en Europa, América y Australasia, 1840-1920, Madrid, Siglo XXI, 1980.

  48. El dispositivo de sexualidad entra, de este modo, a formar parte de la condición del moderno dispositivo femenino al que, por otra parte, se aisla del entramado social : "Like the figure of the masturbator in the Victorian era, the modern 'girl of the period', free to seek the gratification of her will (and by implication, a 'masculine' will to sexual gratification), was a caricature of antisocial self-indulgence. Yet in her resolute pursuit of individualism, she mirrored the very essence of modern, commercial society to a degree heretofore reserved for her male counterpart" (S. Ostrov Weisser, op. cit., págs. 23-24). Cf. William Leech, True Love and Perfect Union: the Feminist Reform of Sex and Society, Nueva York, Basic Books, 1980; Elaine Hoffman Baruch, Women, Love and Power: Literary and Psychoanalytic Perspectives, Nueva York, New York University Press, 1991.

  49. En este sentido, Coventry Patmore, el autor del conocido poema "The Angel in the House", en "The Unknown Eros" sitúa el dispositivo de sexualidad en el ámbito de lo intrusivo, de lo peligroso y desestabilizante en el seno de la sociedad burguesa: "O, Unknown Eros?…/ what portent and what Delphic word/ such as in form of snake forbodes the bird/ Is This?" (cit. en Ostrov Weisser, op. cit., pág. 19). Y sobre ello nos dice Ostrov Weisser (ibid.) al respceto del poema de Patmore que: "Sexuality embraces, to use Foucault's word, a great secret, yet its significance for our lives is a frightening Unknown". Cf. sobre este tema el estudio de Havellock Ellis, Man and Woman: A Sudy of Human Secondary Sexual Characteristics, Nueva York, Scribner's, 1914, y también Nina Auerbach, Woman and the Demon: The Life of a Victorian Myth, Cambridge, Harvard University Press, 1982; Arnold I. Davidson, "Sex and the Emergence of Sexuality", Critical Enquiry, 14 (1987), págs. 16-48.

  50. Resultan significativas en este sentido las teorías, que acerca de la posición de la mujer como sujeto en la sociedad del XIX, proponen los filósofos más relevantes de la época. Fitche, Hegel y Kant dividen sus posiciones en este aspecto, que varían desde la división o ley de separación de los dos sexos propuesta por Fitche hasta la consideración de Kant acerca del matrimonio como una acción moral y libre. Sin embargo, será a partir de 1830 coincidiendo con la publicación de las obras de Charles Fourier cuando se inicia un encendido debate en torno a la condición de la mujer y, también, en torno a la posibilidad de emancipación del sujeto femenino; de ahí que su teoría de la atracción pasional fuese retomada por las feministas como fuente de los principios de la emancipación femenina. Por lo que hace al amor y al conflicto del sexo, se ha de recurrir a las teorías de Comte, Schopenhauer, Stuart Mill y Jeremy Bentham y a sus respectivas posiciones acerca de la condición del individuo moderno sexuado. Sobre todas estas cuestiones, véase el magnífico estudio de Geneviève Fraisse, "Del destino social al destino personal. Historia filosófica de la diferencia de los sexos", en G. Duby y M. Perrot, eds., op. cit., págs. 57-89 y también Geneviève Lloyd, The Man of Reason. "Male" and "Female" in Western Philosphy, Londres, 1987; Diana Coole, Women in Political Theory. From Ancient Misogyny to Contemporary Feminism, Brighton, 1988; E. Kennedy y S. Mendus, eds., Women in Western Political Philosophy, from Kant to Nietzsche, Brighton, 1987.

  51. Veamos la definición de Ribot de la abulia para constatar la cercanía de ésta al concepto del ennui decimonónico: "The lack of energy characteristic of aboulia is attributed by Ribot to a diminishing of excitation and to a consequent inability to actively excercise the will" (Gayana Jurevich, "Abulia, Nineteenth-Century Psychology and the Generation of 1898", Hispanic Review, 60 (1992), pág. 183). Cf. sobre este tema, Téodule Ribot, The Diseases of the Will, Chicago, Open Court, 1894; Edwin Boring, A History of Experimental Psychology, Nueva York, Century, 1929.

  52. Y es que ciertamente la intensificación del debate en torno al dispositivo de sexualidad que se acentuó en el siglo XIX lleva aparejado, a mi juicio, la consolidación en el imaginario de la burguesía decimonónica del ennui. Cuando la sexualidad y todo el complejo juego de poderes que se vertebra a su alrededor se instala en la médula del sistema social burgués, esto es, cuando se asienta en la familia, el tedio que, a un tiempo, la había ocupado también, inicia un proceso de desarrollo sostenido que culmina en la tensión de poderes explícitos: de un lado la fuerza desestabilizadora de la pulsión sexual y de otro la fuerza constrictiva del tedio, que resulta como bien afirma Foucault (Historia de la sexualidad. La voluntad de saber, op. cit., 1997, págs. 135-136) en una suerte de núcleo familiar penetrado por el dispositivo de sexualidad: "Y hela ahí , desde mediados del siglo XIX cuando menos, persiguiendo en sí misma las menores huellas de sexualidad, arrancándose a sí misma las más difíciles confesiones, solicitando ser oída por todos los que pueden saber mucho sobre el tema, abriéndose de parte a parte a la infinitud del examen. En el dispositivo de sexualidad la familia es el cristal: parece difundir una sexualidad que en realidad refleja y difracta".

  53. Giacomo Leopardi, Poesía y Prosa, edición de Antonio Colinas, Madrid, Alfaguara, 1974, págs. 465-466.

  54. Sobre el tema de la sexualidad femenina y la relación que se establece entre ésta y el ennui, véase Jessica Benjamin, "A Desire of One's Own: Psychoanalytic Feminism and Intersubjective Space", en Teresa de Lauretis, Feminist Studies/Critical Studies, Bloomington, Indiana University Press, 1986, págs. 78-101; Katheleen Blake, Love and the Woman Question in Victorian Literature: The Art of Self-Postponement, Brighton, Harvester, 1983; Rosalind Coward, Female Desires: How They are Sought, Bought and Packed, Nueva York, Grove Weidenfeld, 1985.

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Sonia Núñez Puente Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero14/g_ennui.html CopyLeft
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