La facultad de juzgar lo bello que produce placer, fue elevada a estatuto teórico por la filosofía ilustrada. La sensibilidad de la burguesía en auge, degustó no sólo la imagen de lo sublime -repulsión y superación-, sino la gracia de lo interesante como aquello que es agradable. Lo interesante, en el siglo XVIII, construye una puesta en escena de la facultad del buen gusto unido al arte de lo pintoresco como nueva forma de experimentar y disfrutar la naturaleza. Lo fino del gusto burgués, que está unido al concepto de paisaje, tanto artístico como natural, posibilita una emoción estética ligada al goce de la contemplación que disfruta la pulsión aurática del objeto. Habitar en la inmanencia del objeto; vivenciarlo, asimilarlo y asumirlo es una condición del fino y alto gusto del burgués que impone lo interesante como uno de sus paradigmas estéticos. De allí que el Fläneur sea el arquetipo de este gusto de elite: pasear, contemplar, mirar con libertad, habitar no como turista sino como casero, las fisiologías urbanas, curiosear con un asombro siempre permanente; internarse en los misterios de las cosas con libertad suprema para percibir los estados mistéricos de lo cotidiano. Al asumir el gusto estético como un viaje, el contemplador se extasía en la imaginación de lo sensacional/sensorial, cuya sorpresa es trasmitida en la emocionante aventura de las cartas de amor, la sensualidad de los perfumes, la erotización de los recintos, la fascinante atracción por los placeres gastronómicos, los salones elegantes, la bohemia con sus buenos tragos y finos cigarros. Fläneur de la vida y de las exquisiteces del gusto. Así, la burguesía del siglo XVIII y XIX formalizó un gusto del entretenimiento que no sólo quería disfrutar de la naturaleza, sino plasmar su trascendencia de clase como fuerza activa y constructora de la historia. Lo interesante, unido a lo sublime, fueron las conquistas del sujeto liberal activo moderno. Esta sensibilidad burguesa dieciochesca y decimonónica por lo fascinante, lo sorpresivo, que ponía a la naturaleza y a la cotidianidad al alcance para gozarlas, construyó un gusto de clase sólo disfrutado por ciertas individualidades y condiciones de elite. Lo pintoresco burgués se propuso excluir de su fino y exquisito gusto la masificación de las sensibilidades. Pero algo prosperará para que se de un cambio; algo contribuirá a la des-elitización de los gustos ilustrados y esto fue el surgimiento de las industrias culturales masivas.