El hogar, ya sea burgués o moderno, sujeta a un orden determinado -su propio anteriores comentarios. Pero, quizás, esta singular constelación que en el hogar objetos y espacio componen quede más clara con el ejemplo que graciosamente nos ofrece W. Benjamin, al relatarnos el ascenso de categoría doméstica experimentado por el teléfono en su hogar natal, en el Berlín de principios de siglo, en consonancia con la modernización de la casa: "El teléfono era para mí como un hermano gemelo. Y así tuve la suerte de vivir cómo superaba, en su brillante carrera, las humillaciones de los primeros tiempos. Pues, cuando ya habían desaparecido de las habitaciones exteriores las arañas, pantallas de estufa, palmeras, consolas y balaustradas, el aparato cual mítico héroe que estuviera perdido en un abismo, dejó atrás el pasillo oscuro para hacer su entrada real en las estancias menos cargadas y más claras, habitadas ahora por una nueva generación" (Walter Benjamin, 1982: 25).