Teniendo en cuenta pues, que la capacidad del pueblo para entender la complejidad conceptual estaba limitada, Calderón presenta el auto sacramental al hombre barroco, no para que entienda la doctrina teológica expuesta en el texto literario, sino para que muestre su adhesión y su fe a través del espectáculo.
El auto mitológico es, a mi juicio, uno de los más propicios para la polisemia debido a la propia diversidad que entraña el mito, pudiendo advertir en él razones filosóficas, históricas, literarias, sociales… que van apareciendo en todos los lugares y tiempos en forma de símbolos, capaces de unir los valores del mito a los valores cósmicos.
El auto, escrito en 1675, no está considerado mitológico, de hecho la presencia de la Eucaristía no está explicitada en el texto; sin embargo hay un fondo mítico-cósmico-religioso que enmarca las síntesis antes aludidas y hace que el sacramento sea observable desde la perspectiva de la Redención humana.
Así, a través de la síntesis estético-dramática Calderón utiliza el metateatro como reflejo del microcosmos teatral en el que la ficción y la realidad se mezclan hasta hacer que el espectador no distinga lo que es sueño de lo que es realidad puesto que los personajes metateatrales (la corte francesa de Carlos mostrada por Falerina según la magia de Merlín) se aparecen a los teatrales (Lisidante y Marfisa) como pertenecientes a otro microcosmos, espejo del suyo, que a su vez integra el pasado (la premonición que los hados hicieron del sueño de Falerina) y el futuro (el cumplimiento de esa premonición) en el presente, reflejados en el espejo auditivo que forman el eco de la música y el enfrentamiento de los posesivos.
FALERINA: […]
si habéis visto vosotros
vuestras desdichas, no menos
he visto yo mis desdichas;
y pues que suspensa quedo
[…]
mejor os lo dirá
su gozo que mi tormento,
cuando pasando al oído,
de los ojos el portento,
a las músicas de allá
repitan aquí los ecos
(Jornada I - vv. 456-467)
La estructura externa del auto también tiene continuidad circular. Comienza al mostrar Falerina en su mundo de tinieblas, (el monte-cueva al que se retira voluntariamente para evitar el destino), el mundo real, el de la luz, en el que ve su posible predestinación, (será derrotada en ese mundo) que se cumplirá al final de la obra puesto que la maga no está dotada de la Gracia de la fe (no confía en sus propios actos, abandonando su fuerza de voluntad).
ARGALÍA (Lee): ¡Ay, Falerina, de ti,
el día que los dos hijos
de Agramante se conozcan
por herederos de Egipto!
[…]
Marfisa y Rugero son
en quien está su peligro.
FALERINA: No más, no más; que al oír
que el fatal plazo cumplido
está a mis hados, al mar
me echaré desde este risco
donde despeñada muera
en trágico precipicio
(Jornada II - vv. 1005-1036)
Por eso, encarnando a la Culpa vuelve a los abismos infernales.
La síntesis no es sólo externa o temporal, sino también espacial: Al comienzo, la corte francesa y el continente africano se unen en el mundo irreal, fantástico de Falerina, mediante el cambio de vestuario que ha experimentado Rugero
MARFISA: […]
si atiendo
que del africano traje
el noble adorno depuesto,
la francesa moda viste
(Jornada I - vv. 445-448)
Espacios que quedan verdaderamente unidos al final de la obra, por el efecto del arco iris como símbolo de unión y paz, representado en el nombre alegórico de Flor de Lis, emblema de iluminación y atributo del Señor desde la Edad Media ya que su base, en forma de triángulo, figura el agua unida al cielo por una hoja central que se eleva recta, culminando en una cruz ampliada con dos hojas simétricas que se enrollan sobre la rama horizontal.
RUGERO: […]
ambos ejércitos, paces
firmaron.
ARGALÍA: Y habiendo sido
Flor de Lis el iris de ella
(Jornada I - vv. 1061-1063)
La escena que la visión de Falerina (Jornada I - vv. 423-597) ofrece a Lisidante y Marfisa sobre el palacio real, contiene en el baile realizado para festejar la entrada de Rugero a la corte francesa mediante su boda con Bradamante, una síntesis cósmica perfecta representada en las artes musicales, pues coro, danza e instrumentos marcan con sus acordes el devenir de ese microcosmos en el que todos los elementos están unidos:
(Sácala a danzar)
(Los instrumentos suenan siempre, aunque se represente)
(Danzan todos)
(Culebrilla)
(Danse las manos)
(Por de dentro)
(Tres cruzados)
(Cara a cara)
(Por defuera)
(Paradetas)
Dentro de esta síntesis cósmica, Rugero encarnaría la síntesis religiosa de la historia humana, al pasar de la ley natural por la que se regía como africano, a la ley de Gracia por la que se regirá en Europa al unirse a Bradamante; y la síntesis de la evolución psicológica del hombre, puesto que al principio el autor alude a su pasión carnal y al final del auto a la espiritual
LISIDANTE: ¡Voy muerto…
[…]
de haber visto
en los brazos de otro dueño (Rugero)
a Bradamante! (vase)
(Jornada I - vv. 639-642)
RUGERO (a Falerina): [...]
obligándome aquí
a que te ofrezca el alma,
que ya a otro dueño di.
(Jornada II - vv. 454-456)
Esta lectura religiosa tiene una correspondencia por la que podríamos calificar al auto como mitológico, ya que estas síntesis se dan en un contexto transmitificador, el de Prometeo, simbolizando la historia evolutiva del género humano a partir de la creación. Mito complejo que contiene una no menos complicada simbolización en la que Prometeo crea al ser humano y al verlo desprotegido, anclado en la materia de la tierra, roba el fuego de la rueda del sol, la luz divina que guiará al hombre. Por eso es castigado por los dioses enviando a la Tierra a Pandora que esparcirá allí todos los males ayudada de sus virtudes: belleza, locuacidad… y de sus defectos: mentira y falacia; tal y como Falerina hace una vez que baja a la tierra y al abrir su “caja” siembra los celos, la guerra y la destrucción
FALERINA: […]
rasgue sus senos
este risco, y en sus duras
entrañas descubra dentro
de su pavoroso espacio
[…] (Jornada I - vv. 415-418)
Pero mejor
será que lo diga el tiempo,
cuando sol, luna y estrellas,
aire, agua, tierra y fuego
[…]
vean que a todos opuesto
el valor de Falerina
sabe turbar a portentos
(Jornada I - vv. 714-723
consiguiendo dejar nuevamente al hombre hecho sólo del barro de la tierra, sin el espíritu de la luz
FALERINA (a Rugero): […]
pases tú ahora por mí
de vivo a estatua, siendo
mármol deste jardín
(Jornada II - vv. 557-559)
En el mito, para conciliarse con Zeus, Prometeo utiliza el anillo de metal que éste le dio, símbolo de su unión con la tierra y el sufrimiento padecido en ella (puesto que lo ata a una roca donde todos los días vendrá un águila a comerle el hígado).
En el auto, el anillo pasa a ser de oro, recordando la unión con el espíritu en un proceso cíclico, pues gracias a él volverá a los hombres la luz de la verdad, haciendo que revivan en el verdadero cosmos (reflejado en el “espejo”-lámina de metal)
MÚSICA: De aquesta galería,
que Amor para sí hizo,
aunque tirano dueño
se la entregó al olvido.
Cese, cese el encanto, y en su sentido
vuelva los que estatuas son de sí mismo.
(Jornada II - vv. 973-978)
El portador del anillo es Roldán, quien lo obtiene para recobrar el juicio que había perdido tras la negativa de Angélica (y que nos lleva al héroe legendario de Ariosto: Orlando furioso). Por eso Roldán es capaz de penetrar en el mundo engañoso guiado por la luz de la verdad, del amor, viendo sólo el Bien; uniéndose al Dios-Padre mediante el anillo para traer reflejado en la lámina el mundo del Bien y la verdad absoluta, tras haber expulsado de él la esclavitud del mal utilizando su espada, símbolo de la justicia y el dolor, imagen de la Cruz que alude asimismo a Cristo Hijo, salvador de la humanidad.
ROLDÁN: […]
Ya sabéis que por la bella
Angélica perdí el juicio
y que le cobré sabéis
en virtud de aqueste anillo
[…]
Pues si yo conmigo
llevo tal contraveneno
[…]
Seguro, pues con él voy,
(Jornada II - vv. 709-719)
TODOS: Si tú vas ¿quién dejará
de seguirte?
(Jornada II - vv. 837-838)
ROLDÁN: Fieras,
ya que a vosotros me libro,
no a mí os libraréis vosotras.
De Durandana a los filos
moriréis,
(Jornada II - vv. 931-935)
La redención llega a través de la luz a la que vuelven los personajes, alegoría del fuego purificador capaz de revivir a la sabiduría, a los actos responsables (boda de Rugero y Bradamante).
Cuando la espada ha conseguido erradicar las pasiones primarias inconscientes uniéndose a la divinidad por el anillo, el Padre y el Hijo forman con la luz del Espíritu la transmitificación de la ley natural y escrita en ley de Gracia, causa de que el mal regrese a las tinieblas (Falerina se tira al abismo)
ARGALÍA: ¿Quién restaura mi sentido?
LISIDANTE: ¿Quién en mi acuerdo me cobra?
DURANDARTE: ¿Me restituye en mi juicio?
OLIVEROS: ¿A la nueva luz me vuelve?
[…]
ROLDÁN: La voz que a todos os dijo…
MÚSICA: Cese, cese el encanto, y en su sentido
vuelvan cuantos estatuas son de sí mismos
(Jornada II - vv. 982-996)
En el microcosmos teatral las tres personas se identifican en algún momento. Así el Creador-Dios pasa a ser Prometeo-Roldán, transformándose en Hijo mediante Rugero, que sufre las tentaciones del diablo-Pandora-Falerina y muere-vive gracias a la espada-cruz de Roldán. (La identificación de ambos personajes cobra mayor fuerza si tenemos en cuenta que en el mito de Orlando es Rugier quien le da el anillo mágico a Rolando para que recobre el juicio).
Asimismo, el Padre-Hijo pasa a ser Espíritu Santo a través de la Música, capaz de llevar la luz de la verdad del nuevo reino sin necesidad de verlo, sólo utilizando la fe en la Palabra-Armonía Creadora.
De esta manera, tal y como ocurrió en la historia de la humanidad, del mito se pasó a la interpretación religiosa, ocurre en El jardín de Falerina, la lectura mítica lleva a la religiosa, formando una continuidad que hace del microcosmos teatral un todo perfecto, reflejo del macrocosmos.