El multiculturalismo y la crisis del socialismo - El retorno de los nacionalismos y la (anti)política de las identidad

4 - El retorno de los nacionalismos y la (anti)política de las identidad


Artículo creado por Luis Salazar Carrión . Extraido de: http://www.lainsignia.org
15 Septiembre 2005
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A estas alturas, alguien podría preguntar, si los derechos colectivos son una falacia, ¿qué hay entonces del celebérrimo //derecho de autodeterminación// de los pueblos? ¿No es cierto acaso que los procesos de descolonización, que las luchas por la liberación nacional se justificaron con ese derecho colectivo? ¿Y no fueron esas luchas un enorme avance frente al colonialismo y el imperialismo? Estos últimos fueron, sin lugar a dudas, fenómenos monstruosos, pero contra lo que parecen suponer demasiados multiculturalistas, nada tuvieron que ver con los derechos humanos, sino, en todo caso, con su más flagrante violación. Y es cierto también que el pretendido derecho de autodeterminación jugó un papel progresivo cuando permitió la afirmación de aquellos derechos, lo que, hay que reconocerlo, no ocurrió con mucha frecuencia. A la distancia, no es posible negar la evidencia de que la mayor parte de los procesos de liberación nacional más bien condujo a feroces autoritarismos, a guerras tribales interminables y a una todavía más bárbara violación de los derechos elementales de "los pueblos" supuestamente liberados. Fenómenos todos que fueron justificados precisamente en nombre de la soberanía y del derecho de autodeterminación de los pueblos.

Después de todo, "los pueblos", como "las naciones" y "las comunidades" son invenciones políticas, y no datos naturales. Invenciones políticas seguramente necesarias para dar vida a los Estados nacionales, esas máquinas de guerra y de administración burocrática indispensables para unificar, pacificar y ordenar la convivencia territorial de los individuos, a pesar y en contra de los poderes locales, económicos, caciquiles y/o religiosos. De un modo o de otro, esa máquinas tuvieron que echar mano (o más bien elaborar y difundir algún tipo) del nacionalismo, de esa peculiar religión secular que convierte en pretendido "destino común" el azar biológico del nacimiento, y que nos inventa una identidad y una memoria colectivas todavía más engañosas que nuestra identidad y nuestra memoria individuales. Los "pueblos" y las "naciones" no son, nunca han sido, nunca podrán ser sino las creaturas deformes y deformadoras de las pasiones tribales y nacionalistas, de los mitos de la sangre y de la raza, de las historia patrias plagadas de héroes sanguinarios y astutos.

Me doy perfecta cuenta que en un mundo dominado por los poderes financieros globales, que en un mundo en que los Estados, los partidos y la política parecen haber perdido relevancia y eficacia, que en un mundo en el que millones de seres humanos carece de cualquier futuro deseable, la tentación de apelar políticamente a las fuerzas demoniacas del nacionalismo o de la religión es casi irresistible. Frente al universalismo depredador del mercado global, frente a una racionalidad económica ciega ante la miseria y el hambre de tantos seres humanos, la reacción natural parece ser oponerles las pasiones localistas, particularistas, fundamentalistas de la religión, de la patria, de la identidad colectiva. Sobre todo cuando el gran proyecto alternativo al liberalismo económico, esto es, el socialismo ilustrado, parece haber perdido toda capacidad de movilizar, de organizar y de enfrentar exitosamente la barbarie de una economía capitalista sin frenos, sobre todo cuando la única alternativa real parece ser la indiferencia y el sinsentido.

No habría que olvidar, sin embargo, cuáles han sido las consecuencias de los fundamentalismos, sean nacionalistas o religiosos o culturales o étnicos. No habría que olvidar que detrás de estos falsos sujetos colectivos encontraremos siempre poderes fácticos, en manos de redentores irresponsables, de dictadores sanguinarios, de canallas capaces de manipular el sufrimiento y el malestar de millones.

Por eso, reconociendo la importancia de los materiales incluidos en este libro, para entender y discutir los límites reales o supuestos del liberalismo y para examinar los argumentos del llamado multiculturalismo, me atrevería a sugerir para el futuro un tema que vaya más allá de la manida oposición entre liberalismo y multiculturalismo, y que se proponga en cambio estudiar las posibilidades de un socialismo que evite las trampas de la fe comunitarias lo mismo que las cegueras sociales del liberalismo de ayer y de hoy, sin renunciar, ni por un instante, a la defensa intransigente de los derechos humanos fundamentales: civiles, políticos y democráticos. En fin de cuentas, la izquierda progresista tendría que ofrecer algo más que un retorno no sólo imposible sino reaccionario a las comunidades, a las culturas; tendría que proponer las vías deseables y factibles para el logro de sociedades más justas y solidarias, o si se quiere, menos injustas y menos mezquinas.
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Autor y licencia de 'El multiculturalismo y la crisis del socialismo'


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